En París, ANTONIO JIMÉNEZ BARCA,
El país de Madrid
El domingo 10 de mayo de 1981, a las 18.30, un colaborador de Francois Mitterrand le anunció que en unas horas iba a convertirse en el próximo presidente de la República Francesa. Mitterrand, por entonces de 65 años, imperturbable, dijo, casi para sí: "Vaya historia". Aquel día se proclamó por primera vez un socialista como jefe del Estado francés en la V República.
Treinta años después, el socialismo francés ha convertido a Mitterrand en un icono de varias cosas (de la unión de la izquierda, del liderazgo indiscutido, del carisma político...), pero sobre todo de un triunfo que se ha vuelto cada vez más remoto. Porque Mitterrand fue el primero, pero también el último. En 1987 revalidó su mandato. Desde entonces, el Partido Socialista Francés (PS) ha perdido todas las elecciones presidenciales: en 1995, 2002 y 2007.
Por eso, cuando falta un año para una nueva cita electoral, los dirigentes del aun descabezado socialismo francés conmemoran la victoria de Mitterrand sobre Giscard d`Estaing con cierta nostálgica inevitable, pero también con una suerte de ceremonia propiciatoria con un punto de optimismo basado en la bajísima popularidad de Sarkozy.
Francia entera parece vivir estos días bajo el efecto de una suerte de mitterrandmanía, que comenzó a percibirse en enero, cuando se celebraron los 15 años de su muerte. Ya entonces se evocó su estatura política, su personalidad contradictoria, su pasado tortuoso, su doble vida familiar y sus últimos días de enfermo terminal dando paseos espectrales por los Campos de Marte acompañado de su perro Báltico, su médico personal y un guardaespaldas portando una banquetita.
El fenómeno ha llegado al paroxismo al cumplirse el aniversario de su llegada al poder: hay documentales casi cada noche sobre su vida, sobre su capacidad dialéctica, sobre su relación con la televisión, sobre esa noche especial en que derrotó a Giscard d`Estaing; se estrenan obras de teatro que versan sobre él, se editan libros en los que amigos, colaboradores o ex ministros consignan sus conversaciones con el ex presidente. Los periódicos lanzan ediciones especiales. Los lectores envían mensajes en los que explican qué significó esa victoria, dónde estaban, qué hacían esa tarde. Le Monde, incluso, encartó el martes una reproducción facsímil del número publicado al día siguiente del triunfo que permite recordar, entre otras cosas, cuántas palabras cabían entonces en el titular de primera página: "La muy contundente victoria de Francois Mitterrand va más allá del reagrupamiento de toda la izquierda y agrava las divisiones del partido que deja el poder".
Hay algo más. Varios líderes socialistas con posibilidades de ganar las primarias de otoño se disputan la herencia del viejo Mitterrand a fin de ganarse adeptos. Ségolène Royal, ex candidata presidencial derrotada por Sarkozy en 2007 y de nuevo aspirante a ser candidata socialista, reunió a 600 seguidores y a varios ex ministros de Mitterrand el domingo. Ante ellos, la dirigente socialista, la menos valorada en las encuestas, recordó las 10 lecciones que aprendió del viejo presidente socialista y, sobre todo, "la de no rendirse a pesar de quienes le auguraban una derrota".
Francois Hollande, ex primer secretario del PS, otro de los postulantes, se desplazó el martes a Château-Chinon, localidad de la que Mitterrand fue alcalde durante 20 años. Allí, ante un busto del ex presidente socialista, Hollande, que según muchos ha heredado (o imitado con mucho talento) ciertas poses muy de Mitterrand en sus discursos y que día a día progresa en las encuestas, recordó: "No quiero reproducir un modelo. Yo lo adapto a lo que yo soy".
Y mientras el ex primer secretario del PS decía esto, en París, en la sede del partido, la actual primera secretaria, Martine Aubry, inauguraba una jornada de puertas abiertas dedicada a la memoria de Mitterrand y a su victoria 30 años atrás.
El cuarto previsible candidato con opciones y el más mimado de los sondeos, Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional, se mantiene, como siempre, al margen. El reglamento de la institución que dirige le prohibe acudir a este tipo de manifestaciones políticas de nivel nacional. Con todo, por temperamento e ideología, tal vez sea el candidato más alejado de la figura de Mitterrand, el que tiene menos cosas en común. El que menos reclama para sí su herencia. De cualquier forma, tal vez sea porque ya se sabe ganador. Un dirigente socialista lo explicaba el martes en el diario Libération: "El heredero de Mitterrand será el que le suceda".
VÍNCULOS DE un estadista CON URUGUAY
Dos hechos vinculan a Francois Mitterrand con Uruguay. Uno es la visita que el entonces presidente francés hizo a Montevideo en octubre de 1987, cuando fue recibido por Julio María Sanguinetti, quien lo consideraba toda una referencia. Y el otro hecho pasó unos años antes, en 1984, cuando el arquitecto uruguayo Carlos Ott fue elegido, entre más de 700 proyectos, para construir la Ópera de la Bastilla de París. "Mitterrand fue un hombre excepcional, renacentista", dice Ott.