El estereotipo del delincuente de poca monta es para muchos un hombre joven, delgado, con ropa y calzado deportivo y cómodo. Más allá de modas y pautas culturales propias, esa imagen de relativa delgadez e indumentaria deportiva es funcional: puede que haya que salir corriendo en cualquier momento, o saltar un muro, para escapar.
Del otro lado de la ley, en tanto, la imagen es cada vez más desalentadora. Aquel policía que quiera alcanzar corriendo a un "chorro", tendrá que vérselas primero con un obstáculo propio: el sobrepeso.
La imagen del policía panzón y torpe es cada vez más frecuente entre los integrantes de la fuerza. Qué Pasa llamó a la Dirección Nacional de Sanidad Policial -en el Hospital Policial- pero ahí nadie respondió a la consulta de si se han efectuado estudios que avalen la impresión.
Sin embargo, para el presidente de la Federación Nacional de Sindicatos Policiales (Fenasip) Otilio Ferreira, no hay dudas: el policía, en términos generales, sufre de sobrepeso. "Claro que sí. Porque por desgracia la dieta básica del policía no es para nada saludable, todo lo contrario", constata el dirigente sindical.
Según explica Ferreira, el bajo nivel de remuneraciones de los efectivos hace que la alimentación consista, básicamente, de harinas y pastas. "Es lo más barato. A esto se le suma que muchos policías, al tener que hacer servicio 222 trabajan hasta 16 o más horas por día, con lo que come al vuelo, cuando y como puede. Lo único magro de los policías son los sueldos, no su dieta". Otro factor que puede contribuir a la obesidad de la fuerza es que muchas veces la única opción de comer un plato más o menos completo durante la jornada laboral, es un plato de comida rápida y rica en grasas.