A pesar de la creciente competencia de videojuegos, teléfonos inteligentes y computadoras, la televisión sigue ocupando una parte muy sustancial del tiempo libre de los niños españoles: más de dos horas y media al día. Rendidos a la pequeña pantalla, los menores entre 4 y 14 años son consumidores leales, aunque menos que los adultos, cuyo consumo alcanza de media cuatro horas por persona y día.
A menudo, y especialmente en tiempos de crisis, la televisión es la mejor (y más barata) guardería. Sobre todo para los niños españoles, que aparecen entre los que más tiempo pasan pegados a pantalla en toda Europa. Solo los italianos son aún más adictos.
Pese al aumento de soportes tecnológicos, con contenidos que viajan de una plataforma a otra, la televisión sigue siendo una de las pantallas favoritas de los menores. A medida que aumenta la digitalización en los hogares, los niños aprovechan las ventajas del aumento de canales. Los expertos observan que se ha producido una "polinización" cruzada entre la televisión y la web, de tal manera que los contenidos circulan de un medio a otro como si se tratara de vasos comunicantes.
El presidente del Observatorio de Contenidos Televisivos Audiovisuales (OCTA), Valentín Gómez i Oliver, lamentaba durante la última jornada sobre Menores, pantallas y ética que los niños españoles no consuman una "dieta audiovisual" equilibrada. Y exponía que, de la misma manera que es necesario que aprendan a leer y a escribir, deben aprender a ver las imágenes. "Es necesaria una alfabetización audiovisual", recalcaba. Una tarea que recae en la escuela y también en la familia. Víctor Marí Sáez, profesor de Comunicación y Publicidad de la Universidad de Cádiz, siguiendo con la metáfora de la alimentación, afirma: "Si en nuestra ciudad solo encontramos establecimientos de fast food, difícilmente vamos a conseguir esta dieta deseable, por muy buena que sea la intención del telespectador".
Algo en lo que todos los expertos coinciden es en que el niño-televidente no es una prioridad para los programadores de los canales generalistas. Representan el 8,5% de su audiencia, un porcentaje demasiado pequeño para gastar energías y dinero. Pero que la Defensora del Espectador de RTVE, Elena Sánchez, reivindica: "Las televisiones tienen un compromiso con la sociedad. Deben programar para los ciudadanos, no para los consumidores".
La dieta televisiva de los menores intentó erradicar a finales de 2004 los contenidos violentos, el lenguaje soez o las imágenes con referencias sexuales. Fue a través del Código de Autorregulación que firmaron las principales cadenas y el Gobierno. Seis años después, el empeño ha sido un estrepitoso fracaso.
Muchos padres no controlan que lo que sus hijos ven. Que los menores se enganchen a programas de esoterismo o vean contenidos pornográficos durante la madrugada no es siempre un problema achacable a quienes confeccionan la programación. (El País de España).