Sebastián Cabrera
Ana María está vinculada a la industria pesquera desde hace un par de décadas y sabe de altibajos, pero los últimos tiempos parecen ser cada vez más difíciles para el sector. Ahora la planta procesadora en la que trabaja está activa solo dos o tres días por semana. Es verdad, en esta época del año es habitual que empiece a bajar el ritmo en la pesca, pero a ella igual le llama la atención. "Lo extraño es que el año pasado a esta altura todavía trabajábamos a full. Y este año no", dice.
"No entiendo bien por qué pasa esto", admite después. Y repite lo que le han dicho: que cada vez se capturan pescados más chicos y en menor cantidad por los excesos de otras épocas y las técnicas agresivas. Y que en esa baja de la captura pesquera también influyen las vedas impuestas por los gobiernos de Argentina y Uruguay. Que los barcos están en mal estado y que la alta conflictividad tampoco ha ayudado mucho.
Algo de todo eso hay y las cifras son claras. En la zona común con Argentina la pesca de merluza (la principal especie) se redujo a la tercera parte entre 1996 y 2010: de 133.763 toneladas a 39.236 toneladas el año pasado, según cifras de la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo.
La baja ha sido progresiva, año a año. Y -en menor escala- la caída también se registra en otras especies, como la pescadilla o la corvina. Pero la merluza (que hasta la década de 1990 representaba la mitad del mercado y hoy es algo menos) es la principal responsable del declive del desembarque pesquero.
De hecho, la comisión firmó un decreto el 15 de julio 2011 en el cual declara a esta especie en estado de "riesgo biológico" y anuncia un "plan de manejo para la recuperación" de la merluza, que incluirá la obligatoriedad de un dispositivo para el escape de especies "juveniles" y condiciones para que embarquen inspectores y observadores.
El director de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara), Daniel Gilardoni, dice que el "riesgo biológico" no implica peligro de extinción y que "no hay una definición muy clara" sobre su significado. Pero luego desliza algunas ideas: "La población es cada vez más chica y los ejemplares son más pequeños que antes". De hecho, se estima que hace unos quince años había especies de 90 centímetros y ahora apenas llegan a 60.
En el documento "Pesca sustentable y soberanía alimentaria en Uruguay", el doctor en biología Oscar Galli dice que la pesca con técnicas de "arrastre de fondo" (una red que captura todo lo que viene y causa "un impacto devastador") impide hacer una captura selectiva. Y que las pesquerías industriales hacen "descartes" y exportan muy pocas especies, lo que muestra que "se está afectando no solo a las especies de interés comercial sino al ecosistema marino en su conjunto".
Se calcula que por cada tonelada desembarcada por la flota industrial, es descartada otra tonelada, ya que son especies no rentables o con tamaños muy chicos.
Lo concreto es que la resolución oficial fijó un cupo de 50.000 toneladas anuales para los dos países en esa zona mixta (Argentina además tiene zona exclusiva de pesca, Uruguay no). De todos modos, el último año en que se superó esa cifra fue 2008 con 51.112 toneladas pescadas.
Pero en el seno de la comisión hay diferencias técnicas sobre los pasos a dar. Argentina divide a la población de merluza en dos zonas (un "stock" en el sur y otro en el norte) y cree que se deben aplicar medidas distintas.
"Pero nosotros entendemos que, para recuperar la merluza en la zona común de pesca, se deben aplicar medidas similares en toda el área donde se distribuye este recurso (desde la zona exclusiva argentina hasta el sur de Brasil)", dice Gilardoni.
O sea, Uruguay cree que la situación actual es efecto de lo que se pescó en otros lugares hace 15 o 20 años y no solo en la zona común.
Y hay otro tema: en los papeles Argentina ha pescado poca merluza en la zona común en los últimos años, pero una fuente del sector -vinculada a la Dinatra- dice que eso no es tan así y que no se conoce oficialmente la cantidad de buques argentinos con acceso a la zona mixta. "La verdad es que entran y son muchos más que los que tiene Uruguay. Es una flota importante. Eso no quiere decir que le echemos toda la culpa a Argentina, pero hay que poner las cosas en su lugar".
Aunque Gilardoni dice que la resolución no disminuye lo que se venía pescando en los últimos años, el empresariado sí está preocupado por esta medida y también por nuevas zonas geográficas de veda para la merluza en el Río de la Plata. Se trata de vedas que se vienen ampliando desde la década de 1990.
"Eso reduce las posibilidades de los barcos y repercute en que se pesca menos", dice Ricardo Piñeiro, presidente de la Cámara de Armadores Pesqueros del Uruguay, que agrupa a unos 40 barcos, cerca de la mitad de la flota nacional. "Hay zonas donde el año pasado podíamos pescar y este año no". Piñeiro advierte que es temprano para cuantificar cómo influyeron las últimas medidas, pero dice que está claro que la baja se volverá a sentir en la captura de merluza.
Hay quienes piensan que las nuevas zonas de veda tal vez bajen la pesca en unas 10.000 toneladas, entre los dos países. La reducción afecta a las empresas, pero también en forma directa a los empleados, ya que -por ejemplo- quienes trabajan en los barcos cobran un porcentaje sobre la captura. "Y si se pesca menos, les afecta", dice Piñeiro.
Buena parte del mercado de la merluza pertenece a Fripur, pero en el sector se estima que no lo afectará mucho porque es una empresa grande que tienen stock y barcos en Argentina. Y que, además, se ha diversificado a otros negocios, como la forestación. Hay empresas más pequeñas que sí se han visto afectadas, dicen fuentes del sector.
impacto. Para Gilardoni, todo empezó en la década de 1990 cuando Argentina acordó con la Unión Europea que los barcos españoles pescaran en sus aguas. "Ahí hubo un impacto importante", dice el jerarca, ya que se pescó "un 100% más de lo que se debería haber pescado, lo que repercutió en años posteriores".
De hecho, a fines de esa década se capturaban más de 100.000 toneladas anuales solo en la zona común. El dirigente José Franco dice que el Sindicato Único de Trabajadores del Mar y Afines (Suntma) viene denunciando desde hace años una situación que puede terminar en que, en algún momento, ya no sea rentable la merluza y otras especies.
Y explica: "Es común volver con poca pesca y para eso hay dos razones principales: la disminución de recurso producto de la sobrepesca y el estado de la flota, que es obsoleta y no siempre se completa la carga, debido a roturas".
Hoy Uruguay tiene 33 barcos costeros que buscan más que nada corvina y pescadilla, 22 barcos de altura (merluzeros) y una treintena de barcos paras otras especies. A la Dinara también le preocupa el estado de la flota (que, en su mayoría data de las décadas de 1980 y 1990) y a inicios de 2012 hará una consultoría para ayudar a los privados a iniciar un recambio ordenado de los barcos.
Desde el sector patronal, Piñeiro dice que el estado de los barcos es "aceptable", pero admite que se necesita una actualización tecnológica a mediano plazo.
A su juicio, la baja no se atribuye necesariamente a la "sobrepesca" y dice que han influido paros de 48 horas realizados este año por los consejos de salarios. "Luego que se descarga el barco, esperan dos días antes de volver a alistar. Y eso influye porque en un mes paran ocho días, por lo que se hace un viaje menos por mes". Si a esto se agregan los días de viento, que impiden salir al mar, la situación se complica. "Y sí, se han reducido casi a la mitad los días de trabajo", dice Piñeiro.
Pero toda esta situación ha hecho que la flota industrial a veces también pesque en zonas cercanas a la costa, dejando en inferioridad de condiciones a la pesca artesanal. Un experto, que pide no ser identificado, advierte: "Ellos, los pequeños pescadores, dicen que trabajan menos. Pero el pescador siempre te va a decir que pesca menos".
141.076
toneladas de pescado desembarcó en puertos uruguayos en 1998, según las cifras de la Dinara.
81.432
toneladas desembarcaron en puertos uruguayos en el año 2009, según las cifras oficiales.
29.025
toneladas de merluza llegaron a puertos uruguayos en ese año, la mitad que quince años antes
Riesgo. "La población es cada vez más chica y los ejemplares más pequeños", dice la Dinara.
Campaña oficial en las escuelas
Cada japonés consume en promedio 70 kilos de pescado por año. En Europa la cifra es de 23 kilos. Y en Uruguay menos de 10: en concreto, nueve kilos y medio en Montevideo y seis y medio en el interior.
Así, la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) prepara una campaña pública para fomentar el consumo de pescado y para intentar aumentar el mercado interno, ya que cree que se trata de un tema cultural. "La mayoría de la gente opta por un entrecot o un asado antes que un pescado", dice el director, Daniel Gilardoni.
La idea es difundir en las escuelas que comer pescado "es bueno" para la salud pero, además de eso, "es rico". La campaña se proyecta para el próximo año, tendrá un aporte estatal y también se le pedirá a las empresas del sector que "se comprometan".
La idea no es nueva. En 2008 la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la organización internacional independiente Infopesca y la Dinara ya habían organizado una campaña que incluía la degustación de especies, entrega de materiales en supermercados y la implementación de un "viernes sano" con precios promocionales para que la gente comprara pescado, según publicó entonces El Empresario de El País.