Se posterga el fin del mundo

Los mayas le habrían errado por mil millones de años

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Los mayas habrán dicho que este es el año, pero para los científicos aún estamos muy lejos del fin del mundo; como mil millones de años lejos. Eso es lo que concluye un artículo de la revista Discover sugestivamente titulado "¿Cómo sobrevivir al fin del universo?".

Dos de los más importantes especialistas en eso del apocalipsis son los físicos Greg Laughlin y Fred Adams, quienes se dedican a investigar el futuro de la Tierra. Así publicaron una tesis de 57 páginas en el Reviews of Modern Physics, en el que detallaban la secuencia de pequeños desastres (la muerte del sol, el final de las estrellas, por ejemplo) que van a hacer de esto un lugar aún menos habitable. Las conclusiones fueron tan contundentes que se hicieron un lugar en la primera plana del New York Times.

Para la mayoría de los científicos futuristas, el principio del fin se desencadenará dentro de mil millones de años, por lo que hay tiempo para irse preparando. En caso que la humanidad pudiera sobrevivir a un par de eras de hielo y a la colisión de un meteorito, el principal problema, de acuerdo a Discover, es el envejecimiento del sol. Ya es 40 por ciento más brillante que cuando nació hace 4.600 millones de años y algunas proyecciones indican que en mil millones de años, desprenderá 10 por ciento más de energía. Y eso sí que va a ser calentamiento global: los océanos van a hervir y el vapor va a secar la atmósfera y habrá un veranillo tirando a largo con 400 grados a la sombra.

Para McLaughlin y otros hay una solución: Marte. Todo indica que hay muchas evidencias de poder desarrollar vida allí, y hay tiempo como arreglar lo del crónico frío polar para lo que el creciente brillo solar puede ayudar. En caso de que podamos colonizar Marte, de acuerdo a las proyecciones, la humanidad tendría uno 4.500 millones de años más de vida extra antes que Marte también se empiece a complicar con un sol 2.700 veces más brillante de lo que es ahora. Por las dudas, la Nasa tiene un equipo en el proceso de "terraformatear" Marte.

El artículo repasa las siguientes posibles escalas de la humanidad. Primero podría ser la luna Europa de Júpiter, después Titán, la luna de Saturno, (que ya tiene una atmósfera gruesa y rica en componentes orgánicos), pero tarde o temprano el sol terminará achicharrándonos. Ni en Plutón (que hoy anda por los 200 grados bajo cero) se va a poder estar por el calor. Finalmente el sol se va a convertir en una enana blanca, un terrón de carbono y oxígeno no más grande que la Tierra.

De ahí en más dependeremos de naves impulsadas por fusión nuclear u otra manera de transportarnos a planetas orbitando en otras estrellas de los que ya se conocen 600 pero podría haber miles de millones, o terminar invadiendo un planeta con un sol más piadoso. Por ejemplo, Laughlin recomienda colonizar algo que gire alrededor de Proxima Centauri, la estrella más cercana (sólo a 4,2 años luz de casa) que es más pequeña y fresca que el sol y que nos daría cuatro billones de años más.

Todo eso hasta que dentro de 100 billones de años -y perdón por la mala noticia- ya no haya más posibilidades de vivir en esta galaxia ya ganada por energía oscura, lo que no será buena cosa.

En todo caso, son proyecciones un tanto más optimistas que la de los aguafiestas de los mayas.

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