Es difícil determinar de quién es la responsabilidad. Algunos se acordarán del historiador francés Philippe Ariès, quien le sacó a la Historia el corset impuesto por monarcas, guerreros, líderes políticos y religiosos. Las "pequeñas cosas" y las subjetividades incidían en el transcurso histórico. El patrimonio de una nación dejaba así de estar únicamente asociado a las epopeyas, las guerras o las grandes innovaciones científicas, por ejemplo. La arquitectura y otras singularidades socioculturales también podían serlo. La última iniciativa rioplatense es conseguir que la Unesco declare al asado, el chimichurri, el choripán y otras particularidades gastronómicas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. ¿Qué sigue? ¿Declarar a cada uno de los que nacen en este país Patrimonio Personal de la Humanidad? ¿Tanto necesitamos que defiendan nuestra cultura?