O máis lento do mundo

Dudas sobre el Mundial de Brasil.

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The Economist

El campeonato mundial de fútbol de 2014, que será en Brasil, debería darle a los anfitriones una oportunidad para mostrar lo que pueden hacer dentro y fuera de la cancha. Sus jugadores definen el "jogo bonito", y en estos días la economía del país también viene mereciendo elogios. Pero hay cosas que son más complicadas que los halagos para organizar un Mundial. Las 12 ciudades anfitrionas deben encarar entre ellas nueve rediseños de aeropuertos que ya vienen muy lejos de los plazos previstos. San Pablo ni siquiera empezó a construir su nuevo estadio, que es donde se jugará el partido inaugural.

En Rio de Janeiro, las obras en Maracaná -donde volverá a jugarse la final de un Mundial- se han convertido en una máquina de engullir dinero. El contrato para el estadio de Natal recién se firmó el 15 de abril, tres años después de que Brasil fuera designado anfitrión del campeonato mundial de fútbol.

Los viajes aéreos van a ser esenciales para trasladar a los hinchas entre un partido y otro, pero la mayoría de los aeropuertos brasileños ya trabajan muy por encima de su capacidad. El manejo de los equipajes y los check-in son lentos; las demoras y las cancelaciones son muy comunes. El 14 de abril, IPEA, un think tank vinculado al gobierno, dijo que aún si las actualizaciones de los aeropuertos están terminadas para el puntapié inicial (algo que, todo indica, no va a suceder), el frenético crecimiento de la demanda local dejaría a las terminales sobrepobladas, incluso sin el millón de fanáticos que se espera para el torneo. El número de vuelos nacionales creció hasta 83 millones entre 2003 y 2010 y se espera que para 2014 crezca tanto o más, dice el estudio.

Las advertencias de IPEA no le agradaron al gobierno. Gilberto Carvalho, el secretario general de Presidencia, dijo que eran un "rejunte del recortes de prensa" y los brasileños, que sufrían de un complejo de inferioridad, estaban "apostando a la desgracia". Pero desde hace tiempo es obvio que los aeropuertos necesitan un cambio radical. Infraero, el aletargado monopolio estatal que los opera, es tan ineficiente que por años no consiguió gastar ni la mitad de su presupuesto destinado para las actualizaciones de los aeropuertos.

El 26 de abril llegaron las largamente esperadas noticias de que el gobierno buscaría ayuda en el sector privado. Antônio Palocci, el jefe de gabinete de la presidenta, dijo que se estaban considerando concesiones para cinco aeropuertos: el más importante de Brasilia, dos en San Pablo, y más adelante uno en Belo Horizonte y otro en Rio de Janeiro.

Pero no dio detalles de como operará un consorcio privado o cuán cercano será el vínculo con Infraero. Sólo tres de los cinco aeropuertos que mencionó Palocci están en situación crítica, según la lista de IPEA.

"La inversión del sector privado es bienvenida", dice Paulo Resende, un especialista en infraestructura de la Fundacao Dom Cabral, una escuela de negocios. "Pero hay que ser realista sobre lo que es posible hacer de acá a 2014. Nuevas terminales, pistas de aterrizaje e incluso aeropuertos hechos a cero son necesarios para satisfacer la demanda doméstica", agrega. "Pero seguimos diciendo que todo estará pronto para la Copa del Mundo. No importa qué se diga, nos arriesgamos a quedar como unos tontos", concluye.

Resende piensa que el torneo necesitará de unos arreglos rápidos, como mostradores temporales para check in y zonas de espera en los estacionamientos de los aeropuertos e incluir campos aéreos más pequeños en el servicio. De acuerdo a Respicio Espirito Santo, un consultor de temas de aviación, las aerolíneas probablemente encontrarán asientos para los hinchas extranjeros suprimiendo la demanda doméstica con un gran aumento de las tarifas. A ambos les preocupa que los planes del gobierno de acelerar las cosas, aliviando las habitualmente estrictas reglas de construcción y gerenciamiento de proyectos con fondos públicos, conduzcan a una rampante escalada de costos, como sucedió con las instalaciones para los Juegos Panamericanos de Rio de Janeiro de 2007.

Brasil podría llegar a estar pronto para el puntapié inicial en el invierno de 2014, aunque quizás con menos estadios de los que originalmente se planearon. Pero todo indica que se pagará por eso un precio bastante alto. u

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millones de vuelos fue el crecimiento de los viajes nacionales de 2003 a 2010. Se prevé un incremento similar para 2014.

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