Por primera vez desde que los mexicanos comenzaron a emigrar masivamente hacia Estados Unidos, son hoy tantos o más los que regresan que los que llegan. Lo que demuestra el estudio elaborado por el Instituto Pew es que se produce un reacomodo del fenómeno migratorio. Un México que consiga retener a su fuerza de trabajo y recuperar algunas energías perdidas, puede ser otro México. Una América en la que cruzar hacia el norte deje de ser el mejor recurso al progreso, sería otra América. Un Estados Unidos que prescinda del impulso vital de millones de espíritus ambiciosos, puede ser otro Estados Unidos.
La reducción del flujo de inmigración procedente de México en los últimos años de la pasada década se explica tanto por causas coyunturales como estructurales. La crisis de 2008, la aprobación de leyes para perseguir a los indocumentados, el incremento de las deportaciones, la mejora de los sistemas de vigilancia fronteriza, la disminución del índice de natalidad en México, la creación de nuevas oportunidades económicas dentro de ese país, el clima general de hostilidad a los inmigrantes en Estados Unidos y, quizás, una mayor identificación de los mexicanos con su nación, han contribuido a la nueva realidad.