Fabián Muro
Tienen el impacto de eso que ocurre tan pocas veces que se fija con mayor facilidad en la memoria. Los secuestros extorsivos en Uruguay son escasos: en los últimos 36 años este delito -donde siempre hay un móvil económico- no registra ni siquiera una decena de casos.
El reciente secuestro del ex presidente de la Bolsa de Valores Ignacio Rospide expuso que aún falta mucho para acostumbrarnos a un crimen que en otras partes del continente forma parte de lo cotidiano.
Pero aunque sean pocos, casi la mitad de los secuestros -cuatro de nueve- ocurrieron en los últimos siete años. Y exceptuando el caso de Valentina Simon -adolescente en el momento que fue raptada- las víctimas siempre fueron empresarios o personas con vínculos cercanos al mundo de las finanzas.
El experto en seguridad personal Fernando Andión dice que por más que haya fundado su empresa -Centro de Capacitación en Defensa Personal- hace menos de dos años, ya nota una demanda creciente entre personas de alto poder adquisitivo. "Por desgracia para lo que es la situación del país, vemos que hay una oportunidad de crecimiento para lo que ofrecemos", comenta Andión.
Casi todos los consultados para esta nota dijeron que hay mucho que cambiar si es que se quiere evitar llegar a situaciones más graves.
Lo primero a modificar es la mentalidad. Un ex jerarca policial que hoy es gerente de seguridad en una empresa con negocios internacionales y que no quiso figurar con su nombre, señala una diferencia importante entre los hombres de negocios nacionales y los que llegan al país por razones laborales.
Mientras que éstos ya vienen con ciertas conductas incorporadas a su actividad cotidiana -algunos envían a sus guardaespaldas para que hagan un análisis de seguridad antes de arribar al país- los uruguayos "no quieren saber nada" acerca de los límites que necesariamente tienen que autoimponerse para poder moverse y trabajar con mayor seguridad.
Con todo, el ex policía nota que el empresario extranjero no necesita pasar mucho tiempo en el país para darse cuenta de que Uruguay representa un riesgo menor de secuestro. Y no es extraordinario ver a hombres de negocios de muy alto nivel pasear sin escoltas durante el verano en Punta del Este.
Andión, que define al uruguayo como "reactivo" y no "preventivo", espera que tanto empresarios como políticos y ciudadanos comunes tomen conciencia acerca de los riesgos a los que puedan estar expuestos.
Por eso él y su socio Javier Marques venden servicios y conocimientos a través de su empresa, con la esperanza además, de que se llene el vacío legal que hoy rige para la acción de los guardaespaldas que ellos capacitan de acuerdo a las técnicas aprendidas en países como Brasil e Israel. "Acá no está reglamentado el régimen de trabajo. En Uruguay un guardaespaldas -que nunca debería trabajar solo sino en equipo- puede llegar a cobrar como mucho cien dólares por día. Por ejemplo durante las campañas electorales. Mientras que a nivel internacional esa puede ser la tarifa que cobra por hora".
Un mercado reducido como el uruguayo no ha incorporado, hasta el momento, la figura del guardaespalda como elemento esencial en la seguridad personal. Entre otras cosas, porque no es barato formar a un experto de ese tipo. De acuerdo a lo que cuenta Andión, en países como Estados Unidos un curso así puede costar de 5.000 dólares para arriba, mientras que el primer curso del Centro de Capacitación en Defensa Personal, con la instrucción de un integrante de las fuerzas Swat de Dallas y que se realizará este mes, costará 850 dólares.
La empresa Cepa, especializada en seguridad vial, tiene como una de sus actividades entrenar a choferes en cursos denominados "Evasión y antisecuestro". El director Fernando Cammarota recuerda haber organizado apenas cuatro o cinco cursos así en Uruguay en los 24 años de trayectoria empresarial.
En todos esos casos se trató de clientes internacionales como integrantes del cuerpo diplomático o como cuando vino Juan Pablo II, donde se entrenó a los conductores locales. "Esos cursos los llevamos a cabo principalmente en países como Brasil, Israel, Guatemala y México , donde son muy requeridos".
No es sin embargo sólo entre los acaudalados o las figuras de alto relieve político o social que podrían encontrarse las víctimas de un secuestro. El agregado adjunto de seguridad pública de la Embajada de México en Colombia, Salvador Mercado, advierte que si bien los empresarios y los políticos son los primeros blancos, también hay riesgo de contagio hacia otros grupos sociales.
Según cuenta, la experiencia que recogió en su país es que hay dos categorías de secuestradores: los que planifican con cierto grado de sofisticación y los que agarran a sus víctimas en la vía pública y realizan un "secuestro express".
Mercado señala que luego de una década de trabajo, de 2000 a este año, la Policía Federal mexicana definió, grosso modo, el perfil del secuestrador: hombres entre 18 y 35 años que provienen de un ambiente familiar violento o en descomposición y que han llegado a ser secuestradores luego de una evolución, de una carrera delictiva. "Empiezan con delitos simples, como asaltar a alguien en la vía pública, y llegan a la cúspide de la pirámide delictiva cuando acumulan la experiencia necesaria para organizar un secuestro, que casi siempre implica un estudio previo de la víctima, de sus hábitos y movimientos".
En Uruguay, la investigación de los secuestros está a cargo de la división Delitos Complejos, cuyo jefe -el inspector Juan Ángel Rosas- corta abruptamente el teléfono apenas oye las palabras "consulta" y "periodista".
Robert Parrado, licenciado en seguridad pública, psicólogo y con tres décadas de experiencia como policía afirma que le consta que Delitos Complejos tiene "excelentes" negociadores y que la división, además, cuenta con todos los recursos necesarios -humanos, logísticos y tecnológicos- para realizar su tarea de acuerdo a lo que se le exige. "Uruguay está preparado", asegura Parrado, "más allá de que siempre es factible mejorar y que estamos en América Latina".
En la visión del psicólogo, cada secuestro -y lo que ello implica para las víctimas y sus familiares- constituye un universo único y específico. Hay víctimas que superan psicológicamente el trauma en un período que va de uno a dos años, a menudo con ayuda profesional.
Otras cargan con los recuerdos durante varios años más. Cómo lidia la víctima y su entorno con un suceso que corta radicalmente la normalidad depende, dice, de algunas variables específicas: nivel cultural y educativo, las condiciones familiares y también el círculo de amistades. Importa también el carácter de la víctima. "Están aquellos que se enfrentan activamente a una situación crítica, mientras otros se `apagan` y se deprimen".
Conocer con un grado aceptable de certeza ese rasgo de la personalidad de la víctima es uno de los puntos más importantes para quienes investigan un secuestro, dice Parrado.
COMUNICACIONES. Sea la modalidad que sea -minuciosamente planificado o en su variante "express"- el secuestro es un crimen en el cual el establecimiento de las vías de comunicación entre los delincuentes y los allegados a la víctima es crucial. Sin acuerdos y negociaciones, un secuestro extorsivo pierde sentido.
Esa es una de las razones que involucran a los medios de comunicación, que pueden, según algunos, entorpecer el trabajo policial. El experto en seguridad de la Embajada de México en Colombia recomienda, tal como lo ha reiterado el ministro del Interior, que no se le de parte a los medios, pero sí a la Policía, más allá de que lo primero que dicen los secuestradores a los familiares es que no se comuniquen con las autoridades.
"Acá estuvo en riesgo la vida de una persona. Frente a eso, importa menos el derecho a informar". Palabras más, palabras menos, eso fue lo medular que transmitió Bonomi desde que trascendió que Rospide había sido secuestrado y fue liberado sin un rasguño.
"No existe una teoría en Comunicación que laude si la difusión del secuestro perjudica o favorece la investigación policial", dice el sociólogo Esteban Perroni, director de la consultora Data Media.
Perroni razona que si los secuestradores son sofisticados ya tomaron en cuenta la variable "medios de comunicación". Y si son unos improvisados, es probable que la difusión del secuestro multiplique las sensaciones persecutorias de éstos, lo que puede hacer que incurran en errores.
Por otra parte, Parrado dice que no deben recortarse las libertades de las que gozan los periodistas para informar. "Sé de un caso en el cual la Policía usó, con el consentimiento de sus directores, a un medio para enviar información a los secuestradores. Entonces, si a veces nos sirven, no podemos luego querer restringir su derecho a informar".
Aunque ningún caso reciente de secuestro arrojó ganancias para los delincuentes -y en todos Delitos Complejos logró capturar siempre a los responsables- se comprobó en varios de ellos la presencia de policías y militares en actividad o retirados. Eso podría suponer una alerta para los encargados de controlar a los agentes policiales, como la Dirección de Asuntos Internos, cuya flamante directora María González dijo a Qué Pasa que su política de comunicación es, precisamente, no hablar con los medios de comunicación.
Con todo, los mayores riesgos hasta el momento los representan aquellos que en mayor o menor medida ya conocen a la potencial víctima, sea por relaciones laborales o por contacto social. Y es ahí donde el secuestro se muestra como uno de los delitos más siniestros. El enemigo puede ser alguien cercano.
Tropa Elite
El ministro del Interior aseguró que se apuraría la creación de una fuerza de "elite" para lidiar con casos como este y que dicho cuerpo fusionaría las experiencias acumuladas en la Brigada Antidrogas y la división Delitos Complejos.
Valentina Simon
El caso conmovió a buena parte de la sociedad uruguaya en 2003, cuando la adolescente desapareció. El secuestrador, abogado de profesión, pidió inicialmente dos millones de dólares pero la liberó sin obtener ninguna recompensa financiera. Estuvo detenido cinco años en el Comcar y fue liberado al cumplir dos tercios de la pena por buena conducta. La joven y su familia se fueron del país.
Andrés Pakciarz
El hijo de un empresario automotriz fue capturado cuando tenía 19 años y mantenido en cautiverio durante una semana, en 1997. La investigación fue eficaz y llevó a la captura de los secuestradores. Hoy, Pakciarz también se dedica a los negocios -aunque en un rubro diferente al de su padre- y declinó hacer declaraciones a Qué Pasa sobre la experiencia que le tocó vivir.
Hugo Charamello
Hace cuatro años, el operador inmobiliario desapareció de su oficina de trabajo en Punta del Este y reapareció unos días después, muerto y enterrado cerca de Punta Ballena. Al principio, pareció que se trataba de un secuestro express, dado que los delincuentes retiraron dinero del empresario usando sus tarjetas de crédito. En realidad, lo mataron por un negocio en el cual había 250.000 euros en disputa.
Pascual Ferrizo
Dos policías y un civil fueron capturados por el secuestro de Ferrizo, prestamista y de 74 años de edad. Éste apareció muerto en el departamento de Durazno luego de cinco días de cautiverio. Los captores pidieron 30.000 dólares primero y 300.000 después, algo infrencuente entre secuestradores. Según autoridades mexicanas, lo más común es que éstos obtengan un 5% de lo que inicialmente pedían.
Ignacio Rospide
Conocido también como "El Gaucho" y con una larga historia de negocios y acuerdos económicos, Rospide aprovechó los descuidos y la falta de experiencia de quienes lo secuestraron para aportar datos que condujeron a la captura de la banda. Pudo percatarse de varios detalles -parada en un peaje, la foto del dueño del lugar donde lo retuvieron- lo que habla de una víctima "activa" y atenta.
Cómo cuidarse
1°
Cambiar frecuentemente las rutas hacia el trabajo. En casos de extremo riesgo, blindar el auto, que se puede enviar a Brasil donde este servicio puede costar entre 20.000 y 40.000 dólares.
2°
Hacer un análisis de seguridad doméstico. "Es como una auditoría donde se contemplan las posibles vulnerabilidades", dice el experto mexicano Salvador Mercado, quien también recomienda evitar hablar de negocios en el hogar.
3°
Si se llega a lo peor, algunos consejos de los expertos son: no resistirse; no mentir pero tampoco agregar ningún dato; tratar de congraciarse con alguno de los secuestradores (puede llegar a ayudar); llevar consigo alguna receta médica.