La vida después de la derrota

Dejar el Congreso de Estados Unidos.

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Eve Conant, Newsweek

Ella era una de las más vulnerables operadoras demócratas de 2010. Fue el objetivo de una agresiva campaña durante las elecciones primarias por parte de la izquierda y de una incluso más fuerte de la derecha. Pero al final, el voto afirmativo de la senadora de Arkansas, Blanche Lincoln, para la reforma de salud del presidente estadounidense, Barack Obama, culminó su carrera. Perdió su banca en el Senado por un margen substancial.

Así, estas semanas Lincoln miró con más que interés casual cómo la cámara, ahora controlada por los republicanos, votaba para derogar la misma medida que terminó con ella. "He dicho que no era un proyecto de ley perfecto, y que espero que sea algo a mejorar. Pero me metí de lleno y traté que fuera lo mejor que podía ser", dice Lincoln.

Recientemente visitó a una mujer de Arkansas que perdió a su marido y solicitaba la bancarrota; ninguno de los dos tenía seguro de salud. Lincoln dice que todavía siente un deber para con ellos: "El servicio público no está reservado para unos pocos. Solo por no ser un oficial electo, no significa que me rendiré".

Lincoln, quien pasó 18 años como representante electo, es una entre varios legisladores que se están ajustando a la vida sin poder. Una ola conservadora se llevó a congresistas de alto perfil como el demócrata de Carolina del Sur, John Spratt (68 años), y el republicano de Delaware, Mike Castle (71 años).

En un momento están en el mayor estrado, rodeados de asesores, siendo escortados por lobbystas dispuestos a gastar miles de dólares en ellos, asediados por reporteros que demandan conocer sus opiniones. Y en un pestañeo, todo eso desaparece. Son ciudadanos ordinarios, despojados de la parafernalia del poder, aunque sigan siendo llamados por antiguos títulos que proclaman que solían ser personas importantes.

"Esta es gente que amaba lo que hacía", dice William Galston, un ex asesor del presidente Bill Clinton. "Ser repentinamente exiliado de la arena de combate y de los escenarios donde se toman las decisiones en áreas en donde realmente puedes ayudar, es muy difícil".

Lincoln, quien a los 38 años se volvió la mujer más joven en servir en el Senado, todavía tiene una agenda llena. Pero hoy sus compromisos tienen que ver con el equipo de ciencias que su hijo debe llevar a la escuela, ordenar archivos y hacer llamadas para ver cuáles serán sus próximos pasos. También necesita cambiar el aceite de su auto.

Privado de un staff a tiempo completo, Castle conduce más de lo usual. Sus asistentes le regalaron un iPad para la Navidad y él los extraña. Castle ha determinado en 62 los libros que planea leer para pasar las siguientes semanas. "Será una sensación de vacío, pero he tenido una buena carrera y no quiero que nadie sienta lástima por mí". Su esposa, Jane, le ha sugerido que se retiren juntos. "Él extraña la estructura que el trabajo le daba. Pero yo he disfrutado tenerlo en casa", dice. "También es lindo poder decirle: ¿podrías ir a la verdulería?".

Después de 28 años en el Congreso, su colega en esta adicción al trabajo, John Spratt, está enfrentando no solo la pérdida de su liderazgo sino también la realidad de envejecer y el comienzo de la enfermedad de Parkinson. Sus síntomas incluyen un temblor en su mano que empeora cuando se pone nervioso, rigidez, y una postura encorvada que se acrecienta durante las noches. El "halcón del déficit" pasó su último día de trabajo en el refugio de su oficina, enrollando banderas que se apoyaban a los costados de cajas de cartón (casi 500 ya habían sido despachadas). "Estas son las ligas mayores, donde se toman las decisiones, donde hacemos más que una unión perfecta", y él no sería más parte de todo eso.

Podría sonar simple, pero el escuchar a Spratt describir el fin de una carrera que le apasionaba tanto es sentir el dolor genuino por la pérdida de intelectuales: "Solo por estar aquí podías escuchar a gente interesante y a expertos hablar sobre sus campos de conocimiento", dice, mientras su voz se suaviza. "La cantidad de información que uno puede acumular, si trabajas duro aquí, es fenomenal". Ahora Spratt solo podrá verlo por televisión y "dirigir desde la línea, intentando que el equipo haga la movida correcta".

Como parte de su nueva filosofía, ahora tendrá más tiempo para su fisioterapia y para escribir una demorada historia familiar en base a papeles y documentos que se amontonaban desordenadamente en su casa. "Tantas cosas han sido aplazadas, tanto se ha barrido debajo de la alfombra", dice.

Su diagnóstico ha menudo es desalentador, pero el año pasado estuvo en un grupo de apoyo para pacientes con Parkinson. Esa fue la primera vez, dice, "que pude ver claramente que había una vida después del Parkinson, y una vida después del Congreso".

Un congreso renovado

En noviembre del año pasado, el Congreso estadounidense cambió sus equilibrios de poder. En la Cámara de Diputados, los republicanos se quedaron con la mayoría, que solía ser demócrata. El gobierno de Barack Obama perdió unas 60 bancas de representantes durante las elecciones legislativas. Y si bien en el Senado los demócratas siguen siendo mayoría, lo hacen con seis bancas menos que en la anterior legislatura. Esto significó un gran cambio de caras en el Legislativo.

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