La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 provocó derrumbes o revisiones profundas en todos los partidos políticos de inspiración marxista. El Partido Socialista de Uruguay (PS) no fue una excepción. Su dogmatismo nunca fue furioso, salvo en algunas etapas históricas puntuales, por lo que pudo evitar el crac que sufrió el Partido Comunista criollo. Pero, de algún modo, necesitó más de dos décadas para terminar de consolidar una nueva matriz ideológica y, sobre todo, una nueva actitud general.
En 1991 el PS eliminó la definición leninista que había adoptado a mediados de la década de 1960 de la mano de José Díaz, Guillermo Chifflet y Reinaldo Gargano entre otros. En 1998, tras cuatro décadas de ausencia, regresó al seno de la II Internacional, de corte socialdemócrata. Sin embargo proliferaron las tensiones entre la vieja guardia u "ortodoxos", cuya cabeza más visible era Gargano (tributarios del giro nacionalista y revolucionario que ideó el historiador y docente Vivián Trías), y la tendencia "renovadora" compuesta por personas más jóvenes, aunque no siempre. Esas tensiones se multiplicaron con la llegada del Frente Amplio al gobierno.
Los custodios de la antigua fe, gestados en una izquierda tradicional, sufren grandes problemas de identidad. Se reconocen en la oposición pero no en el gobierno. Tienen pudor de ejercer el poder, que es cosa de "patrones" -aunque aceptan con gusto ocupar cargos gerenciales en Ministerios, empresas públicas o en la Intendencia de Montevideo-.
Eduardo "Lalo" Fernández, un "renovador", a fines de 2005 desplazó de la Secretaría General a Roberto Conde, un garganista, y desde entonces mantuvo una mayoría enclenque.
Pero ya los "renovadores" no tendrán que practicar equilibrios imposibles. En el Congreso del último fin de semana se quedaron con 44 de los 51 cargos del Comité Central. "Lalo" Fernández, quien había anunciado su alejamiento, dejará la Secretaría General en manos de Yerú Pardiñas, un hombre de su palo.
El partido ahora acepta resuelto un socialismo democrático, al estilo del que predomina en Europa desde la segunda mitad del siglo XX (las mismas aguas que navegó el legendario Emilio Frugoni, líder del PS durante medio siglo a partir de 1910). Las primeras declaraciones de Pardiñas muestran además que tratará de restablecer vínculos privilegiados con el ex presidente Tabaré Vázquez, buque insignia del PS a partir de 1989, y que comparte el deseo de reformar el desastroso sistema de enseñanza público, lo que requiere, como paso previo, enfrentar la reacción de las corporaciones radicales.