César Bianchi y servicio de Newsweek
Si los españoles la están pasando mal con la crisis económica que ha recrudecido en el país europeo, los uruguayos (como todos los inmigrantes) la están pasando peor. Unos 18.000 uruguayos -en una colonia estimada en 90.000- están indocumentados, según Gustavo Álvarez, del Centro Uruguayo de Madrid. Mientras que la desocupación afecta al 14,4% de los españoles, dice Álvarez, golpea con dureza al 27% de los inmigrantes, promedio que se aplica también para los uruguayos.
"La situación es caótica. Nosotros hemos denunciado que se han incrementado los controles policiales en toda España. Se está pidiendo documentación y se están haciendo redadas en barrios de inmigrantes. El 25 de enero salió una circular policial llamando a detener a todo aquel que tuviera un acento extraño o un color diferente de piel", explicó el portavoz de los compatriotas radicados en la capital española, que son unos 6.000.
Muchos de los que vivían en Mallorca o Islas Canarias se están yendo para ciudades grandes como Barcelona, Madrid o Valencia. En las islas la tasa de desocupación es del 24%.
Ni siquiera los que tenían todo en regla pueden estar tranquilos. Alrededor de 40.000 uruguayos que renovaron su situación laboral en 2005 hoy deben contar con un contrato de trabajo para volver a renovar el documento. Y ante semejante crisis económica, no consiguen la nueva renovación laboral. Muchos de los que sí tienen empleo, en tanto, están siendo mal pagados y explotados.
"Hoy la gran mayoría de los uruguayos está trabajando entre el 20% de la economía sumergida de España. Es decir, trabajan en negro, sin seguridad social ni ningún otro tipo de beneficios", sostuvo. Según Álvarez, el 50% de los orientales que sí tienen estabilidad laboral (unos 45.000), son los que están viviendo desde hace 15 o 20 años, y los que pagan más las consecuencias y no paran de llamar al Centro Uruguayo de Madrid consultando por planes de retorno. Son los que emigraron a fines de los 90 o con la crisis bancaria de 2002.
"Está todo mal, en el mismo marco de lo que está viviendo España. Y los inmigrantes siguen siendo el chivo expiatorio de todo", agregó. "Nos culpan de la crisis".
POCAS REFORMAS. La razón por la que los golpea más, está en la estructura del mercado laboral español, que se divide en dos niveles. En el nivel más alto, con alrededor de dos tercios de la fuerza laboral, están los trabajadores permanentes que insumen despidos costosos. Cuando las firmas no pueden desprenderse de empleados fácilmente, se vuelven reticentes a contratarlos, lo que sube el desempleo.
La respuesta española a las crisis de mediados de la década de 1990 fue la de permitir los contratos temporales para los trabajos más recientes. Eso le dio más flexibilidad a la economía y ayudó a la creación de empleos. Pero también llevó al país hacia tipos de trabajo menos calificados, donde la productividad es baja. Y como los trabajadores del primer nivel son demasiado costosos para despedir, la mayoría de las pérdidas laborales en España han sido en los trabajadores temporales, ocupados por jóvenes o inmigrantes.
El gobierno dice que presionará para reformar el sistema de acuerdos salariales en los próximos seis meses. Eso puede ser tramposo. Tanto los empresarios como los sindicatos tienen grandes burocracias atadas al sistema. El gobierno podría no presionar demasiado. No cree que los cortes presupuestales sean necesarios para restaurar la competitividad y reducir el desempleo, la sabiduría aceptada en lugares como Irlanda y Grecia. "El presidente de gobierno no está diciendo al país que España necesita un ajuste y que somos más pobres de lo que creíamos", se lamenta un economista. Hay dudas sobre si el mandatario José Luis Rodríguez Zapatero es el indicado para traer la recuperación.
En el Foro Económico de Davos, el mandatario anunció propuestas para aumentar la edad de retiro de 65 a 67 años que provocaron la furia de los sindicatos de comercio españoles. Luego su ministro de Economía envió un plan de reducción del déficit a la Comisión Europea. El enojo de los sindicalistas lo forzó a retraerse. El siguiente truco de Zapatero fue demarcar un paquete de propuestas para una reforma laboral, un tema en el que se ha mantenido estático por casi dos años. Pero el paquete dejó todas las decisiones a manos de los empleadores y los sindicatos, quienes por supuesto tienen desacuerdos.
En una encuesta, el nivel de aceptación del mandatario está por debajo del de su notorio rival, Mariano Rajoy, del Partido Popular (PP). En otra, el apoyo a los socialistas ha bajado aún más, con el PP reteniendo una ventaja de seis puntos. Más de la mitad de los votantes socialistas ahora tienen poca o nula confianza en Zapatero.
El jefe de gobierno parece amenazado por el hecho de que sus dos predecesores debieron enfrentar huelgas generales en el crepúsculo de su gobierno. Rumores sobre una nueva huelga surgieron de nuevo. Incluso mientras declaró un nuevo fundado entusiasmo por las reformas económicas esta semana, Zapatero también buscó adulzar la píldora hablando de más ayudas de largo plazo a los desempleados. Pero mantener a los mercados y a los sindicatos felices es imposible.
En el medio de semejante disputa partidaria aparecen los inmigrantes, entre ellos los uruguayos. "Con la xenofobia, el PP y el Partido Socialista hicieron que la clase media crea que vinimos a robarles el trabajo, cuando las razones de la crisis no tienen que ver con nosotros", remató Álvarez.
Millones de paro
El desempleo en España ya llega al 19,5%. A pesar de la profunda recesión que enfrenta el país, la tasa de crecimiento de los salarios llegó al 3% el año pasado, según la OCDE. Además se acordó un aumento de sueldos entre el 1 y 2,5% para 2011-2012.