El nuevo campo de batalla es virtual

La ciberguerra está a punto de estallar.

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Jean Palou EgoaguirrE (*)

Lo advirtió el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta: "El próximo Pearl Harbor que enfrentemos podría ser un ciberataque que mutile nuestra red, nuestros sistemas de seguridad, financieros y del gobierno", señaló ante el Senado. No es una amenaza teórica o futurología apocalíptica, sino de una realidad que ya causa miles de millones en pérdidas y expone enormes brechas de vulnerabilidad, sólo que es tan difícil de ver como los intangibles bytes en internet.

"La ciberguerra ya está ocurriendo, y se puede poner mucho, mucho peor", indicó en la revista Foreign Policy el experto Joel Brenner, ex inspector general de la National Security Agency (NSA) y autor de America the Vulnerable, quien resaltó que "Estados Unidos no carece de enemigos que querrán atacar al país de este modo". Mike McConnell, ex director de la NSA para George W. Bush, fue aún más categórico: "Estados Unidos está peleando una ciberguerra, y la está perdiendo".

Washington ya lo ha comprobado: en marzo pasado, el Departamento de Defensa sufrió unos de los peores ciberataques de su historia, cuando hackers extranjeros -presuntamente trabajando para el gobierno chino- ingresaron a la red de un contratista militar del Pentágono y sustrajeron 24.000 archivos con información sensible, incluyendo programas de rastreo de misiles, navegación satelital, drones y jets. El hecho estuvo lejos de ser aislado; se calcula que hacia 2007, espías informáticos ya habían sustraído unos siete terabytes de información clasificada de las más de siete millones de computadoras que integran la red del gobierno. Para ponerlo en perspectiva, los 130 millones de libros y documentos de la Biblioteca del Congreso estadounidense pesarían unos 20 terabytes.

Según James Lewis, director del Centro de Tecnología del Center for Strategic and International Studies (CSIS), quien habla de la "era dorada" del espionaje digital, "es difícil estimar las pérdidas por el ciberespionaje y el cibercrimen", pero sólo en términos de propiedad intelectual se calcula en Estados Unidos que los daños fluctúan entre 240.000 millones de dólares y un billón. El problema es que hay una "asimetría entre nuestra considerable dependencia en las nuevas tecnologías y nuestra habilidad para asegurarla: internet es increíblemente valioso, pero es fácil de atacar, lo que le da a nuestros potenciales atacantes una ventaja que no han sido lentos en aprovechar".

Barack Obama ya tomó nota. El año pasado, la Casa Blanca lanzó un documento con su "ciberestrategia", según la cual el Pentágono se reservará el derecho de responder con medios militares a cibertataques que causen graves daños materiales o una amplia perturbación de la vida pública en Estados Unidos. "Si tú apagas nuestra red eléctrica, puede que nosotros metamos un misil por tu chimenea", afirmó una fuente militar a The Wall Street Journal, aludiendo a la capacidad del virus informático Stuxnet, que infectó a unos 30.000 computadores en Irán y demostró su capacidad para causar daño en infraestructura y equipos críticos, como el programa nuclear de Teherán.

Lewis señala que hoy sólo hay cinco o seis países que cuentan con la tecnología para lanzar ataques tipo Stuxnet, los cuales difícilmente lo utilizarán en contra de Estados Unidos. Sin embargo, advierte, "estas naciones ciertamente usarán ciberataques si entramos en un conflicto militar con ellas". Además, países confrontacionales como Corea del Norte e Irán, que aún no podrían lanzar ataques exitosos, están haciendo serios esfuerzos por adquirir la tecnología, y "es inevitable que lo logren".

Para contrarrestar estas amenazas, el jefe del recientemente creado "Cyber Command", el teniente general Rhett Hernandez, anunció la semana pasada la intención de Estados Unidos. de reclutar a unos 10.000 "cibersoldados", un cuerpo de élite para enfrentar posibles amenazas cibernéticas. Washington, además, dejará este departamento ajeno a los recortes presupuestarios anunciados para el resto de las agencias de Defensa: entre el Pentágono y el Departamento de Seguridad Interior gastarán 0.500 millones de dólares en ciberseguridad hasta el 2015.

La inversión se justifica no sólo por los ataques militares o de espionaje industrial, sino también por el creciente "hackeractivismo", que aunque hace un daño mucho menor, está demostrando su capacidad de acción.

Esta guerra parece recién estar empezando. Según el "Reporte de amenazas 2011" de la empresa de seguridad informática McAfee, tanto el cibercrimen como el "hackeractivismo" "llegaron para quedarse", y advierte que estas guerras cibernéticas "ciertamente" tienen el "potencial" de convertirse en "otra forma de violencia planetaria".

Habrá que ver quién provoca el próximo Pearl Harbor.

(*) El Mercurio/GDA

TRES MILLONES POÉMICOS

Fue el grupo Anonymous el que popularizó el término "World War Web" para lanzar su campaña de ciberataques -el "marzo negro"- en represalia por el debate de la Ley SOPA, que busca combatir la piratería con medidas que amenazan la libertad de la web, así como por el cierre del sitio Megaupload por parte del FBI.

Anonymous ha dado muestras de que su sistema descentralizado y acéfalo puede dar golpes vistosos, como bajar a través de ataques DDoS (denegación de servicio) los sitios web del FBI, la CIA o del Departamento de Justicia.

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