Los legisladores pronuncian discursos en él en las sesiones plenarias. Los amantes en las bancas de los parques de Asunción murmuran sus tonteras con sus sonidos agudos, nasales y guturales. Los hinchas lo usan para insultar al árbitro.
Paraguay es el único país en América donde una mayoría habla un idioma indígena: el guaraní. Está consagrado en la Constitución y en las calles, es fuente de orgullo nacional. En Paraguay, los pueblos indígenas representan menos de 5% de la población. Pero 90% de los paraguayos habla guaraní.
"¿Mba`eichapa?", preguntó Alex Jun, de 27 años, un inmigrante coreano que trabaja en el restaurante de su familia en Asunción, al saludar a los clientes con una frase guaraní que se traduce: "¿Cómo está usted?". "Quebraríamos si no supiéramos lo básico", explicó.
Don Quijote" y el Libro de los Mormones se tradujeron recientemente al guaraní. Quienes dominan el guaraní escrito intercambian mensajes de texto como "Jajuechata Ko`ero", que significa: "Nos veremos se llega mañana".
También persiste una vibrante e interesante encrucijada lingüística en el yopará, una mezcla de guaraní y español. Una frase en yopará es "ley del mbarate" o "la ley del más fuerte". Captura la esencia de un país conocido como un refugio de contrabandistas, traficantes de armas y falsificadores.
El guaraní también ha tenido incursiones diplomáticas. El ex embajador estadounidense James Cason, quien hablaba guaraní con fluidez, y lo describió como "probablemente, más difícil que el chino", grabó un álbum de canciones populares en guaraní en 2008.
No todos son intimidantes sobre las posibilidades del guaraní. Ramón Silva, un poeta y ensayista que tiene un programa de televisión diario en guaraní, es uno de los escépticos. "El guaraní avanza lentamente hacia su muerte", dijo. "Es el idioma perfecto para destripar verbalmente al adversario", dijo Silva. "Pero el guaraní está en cuidados intensivos". (The New York Times)