Janaina Lage (*)
Autor de una biografía que es considerada por muchos como el relato definitivo de la vida de Ernesto "Che" Guevara, el estadounidense Jon Lee Anderson considera que en Cuba se está llegando al final de una era.
Para contar la historia del guerrillero argentino, Anderson pasó tres años en la isla, accedió a documentos inéditos, y además viajó por Bolivia y Argentina. En los últimos años ha escrito al menos tres ensayos sobre la situación política en Cuba.
Famoso por hacer una inmersión profunda en escenarios que retrata en sus libros y en sus reportajes para la revista del New Yorker, Anderson, de 55 años, se distinguió con la cobertura de los conflictos en países como Irak, Afganistán, Angola y el Líbano, entre otros. También es reconocido por sus perfiles de líderes como Hugo Chávez, Fidel Castro y Augusto Pinochet.
Anderson tiene una fuerte relación con América Latina, donde comenzó su carrera en 1979 en el Lima Times, en Perú. En la década de 1980, hizo la cobertura de la región para Time. En 2009, publicó un largo reportaje sobre los narcotraficantes en Rio de Janeiro, que incluyó visitas a Morro do Dende y la entrevista con el traficante Fernando Gomes de Freitas, conocido como Fernandinho Guarabu.
Anderson -quien nació en California, pero al ser hijo de un diplomático fue criado en Corea del Sur, Colombia, Taiwán, Indonesia, Liberia y Gran Bretaña- reflexiona sobre el alcance del mito del Che Guevara en la política latinoamericana y el futuro de la región dominada por gobiernos de izquierda. En una entrevista realizada por correo electrónico directamente desde la región de las montañas de Nuba, Sudán del Sur, Anderson analiza el papel de la Iglesia en una transición cubana después de la visita de Benedicto XVI a la isla, la situación económica cubana y los efectos de la enfermedad de Hugo Chávez en Venezuela y Cuba, además de defender una postura más activa del gobierno brasileño en relación con el régimen de los hermanos Castro con el fin de lograr más progresos en el ámbito de los derechos humanos.
-Usted ha dicho que Cuba está muy cerca del fin de una era. Para la nueva generación de cubanos, además de un icono en camisetas o en afiches en La Habana, ¿qué significa todavía el mito del Che Guevara?
-En Cuba la juventud está dividida en cuanto al Che Guevara. Para algunos es el odiado símbolo de una revolución pregonada por ancianos que aún dominan el país apelando a la retórica del socialismo. Para otros, a pesar de todo, permanece como una figura potente y admirable, algo así como un George Washington revolucionario o como la figura de Gandhi, un padre fundador del sistema único de nacionalidad determinista de Cuba, alguien para imitar en sentido abstracto, aun a sabiendas de que es inalcanzable. Como Cristo.
- ¿Cómo reconocer la influencia del Che en la política de Latinoamérica?
-La influencia puede ser notada en una generación de líderes -más notablemente en Hugo Chávez y Evo Morales, pero también Daniel Ortega, Fernando Lugo, Rafael Correa e incluso el propio Néstor Kirchner- para quienes el peligro de una invasión militar estadounidense ha disminuido, a pesar de cualquier política de choque que hayan adoptado. De la misma forma en que Fidel siempre fue visto como una fuente de orgullo nacionalista para América Latina por su actitud de desafío en relación con Estados Unidos -aun entre los políticos conservadores- el Che es un conveniente santo patrono. También puede ser empleado astutamente como señuelo por políticos cuyas credenciales revolucionarias son prácticamente nulas, como forma de apelar a la juventud inquieta.
-¿Un gobierno socialista puede tener una transición suave hacia el capitalismo?
-¿Transición suave? Lo dudo. Solo la cuestión de la propiedad en Cuba es un tema muy complicado. Existen muchos cubanos viviendo en casas compartidas con otros y que nunca fueron compradas. Son herencia de las confiscaciones de bienes de los que huyeron de la isla. Y desde el colapso de la Unión Soviética existe un floreciente mercado negro de viviendas que se extiende hasta a extranjeros "comprando" casas y usando inquilinos cubanos como testaferros. Va a depender de las garantías que exija la revolución pero hay una posibilidad de que redes criminales surjan en ese mercado. Por otra parte, las vicisitudes del socialismo cubano en las últimas décadas prepararon a sus ciudadanos para un mundo emprendedor donde cada uno se vale por sí mismo. Con control, eso debe permitir la aparición de una nueva clase media. Pero uno tiene derecho a preguntarse cómo saldrán adelante los jóvenes y los viejos.
-¿Cuál es la situación actual de la economía?
-La industria del azúcar está casi muerta en Cuba. Hay algo de petróleo, pesca y turismo pero la agricultura está en condiciones espantosas. No hay exportaciones suficientes aparte de ron, emigrantes y tabaco. Y eso es igual que nada. Después de todo lo que queda es el turismo y una economía de servicios que, desgraciadamente para los cubanos, incluye una próspera industria de sexo y una idiosincracia nacional de tener que hacer trampas como única manera de sobrevivir. Es mucho lo que habría que hacer para evitar que Cuba se transforme en un tipo de sociedad criminal organizada en la que ya hemos visto han caído otros estados socialistas. Pero eso solo va a terminar dependiendo en gran parte de las actitudes y políticas de los propios gobernantes cubanos.
-¿La Iglesia puede ser esa especie de aliada y al mismo tiempo, oposición amigable al régimen?
-Es una posibilidad cierta. Cuando el papa Juan Pablo II visitó Cuba en 1998, fue un momento trascendente porque los Castro parecieron estar dispuestos a permitir que la Iglesia actuase como una suerte de garante de una posible apertura política. Esa ventana fue cerrada en 2003, cuando George W. Bush invadió Irak y los Castro se sintieron amenazados por un cambio de régimen auspiciada desde Estados Unidos. La inseguridad aumentó con la enfermedad de Fidel y los primeros años de su hermano Raúl en el poder. Que Chávez haya surgido en los últimos 10 años como un mecenas del régimen hizo viable la represión. Quizás estemos ante un reinicio de aquel proceso, que comenzó con la visita de Juan Pablo II y que después terminó congelándose. Los líderes de la Iglesia cubana claramente se adaptaron a la Revolución y se volcaron por una visión a largo plazo. Eso es clave para que sea una intermediaria confiable entre adversarios políticos.
-¿Es posible revisar el modelo económico cubano sin necesidad de cambios políticos?
-Eso es un híbrido del modelo de transición de China, Vietnam y otros estados socialistas que optaron por la apertura económica, pero sin hacer concesiones políticas. Al final, todo va a depender de la sensación de inseguridad que puede hacer que los Castro permitan que la Iglesia actúe como un garante para avanzar en algunas limitadas libertades políticas, siempre que nada desafíe la omnipotente autoridad del Partido Comunista. Son tremendamente conservadores. El tiempo dirá si pueden contener su propia naturaleza burocrática y tolerar nuevas libertades económicas que empiecen a sacudir realmente el escenario social en Cuba.
-¿Cómo el cáncer de Hugo Chávez puede afectar la alianza entre Chávez, Fidel y Evo Morales? ¿Podemos ver un aumento de la influencia estadounidense?
-El cáncer de Chávez y su posible muerte en un futuro cercano, representaría un cambio radical en el escenario político de América Latina. Y eso sin mencionar a la propia Venezuela. Si el sucesor no continúa con la generosidad financiera regional, los países que la reciben, Cuba, por ejemplo, se verán fuertemente afectados. Eso puede tener un efecto similar para la isla al que tuvo el final de los subsidios de la Unión Soviética en la década de 1990. Y también va determinar el nivel de influencia de Estados Unidos en la región. Habrá una oportunidad de un resurgir del poderío estadounidense pero con una nueva configuración, más respetuosa quizás, pero en mucho depende de lo sabiamente que actúen el presidente de Estados Unidos y los suyos. En el pasado, la sabiduría no fue la principal actitud de Washington hacia América Latina. Otra cosa: el poder estadounidense ha disminuido producto de los errores de la administración Bush, el ascenso de China y caída de la economía estadounidense. Brasil ahora tiene ganado un lugar en la mesa de negociaciones en el hemisferio, un sitio merecido y bienvenido. La política exterior de Estados Unidos hacia la región tendrá que considerar todo eso.
-¿En qué escenario sería posible el fin del embargo de Estados Unidos a Cuba?
-La eventual muerte de Fidel puede ser una oportunidad para acabar con ese anacrónico embargo. Si Estados Unidos juega duro de verdad, como lo han venido haciendo hasta ahora, entonces puede ser que esperen concesiones económicas reales y algunas políticas también. Pero nada antes de la reelección de Obama como presidente. Precisa de los votos cubano-americanos de la Florida.
-La primera visita a Cuba de Dilma Rousseff como presidente fue objeto de controversia debido a la muerte de otro disidente. ¿Puede Brasil influir en el gobierno cubano para ofrecer más libertad de expresión?
-Creo que Brasil tiene un papel muy importante en el hemisferio y que el líder brasileño puede y debe utilizar su influencia para conseguir calmadamente algunas concesiones a los cubanos. Será más fácil para ellos aceptar las peticiones procedentes de Brasil que las de los americanos. Se puede optar por trabajar con discreción, ahora, pero si es necesario, hablar si la situación lo requiere. La liberación de los presos políticos podría compensar cualquier inversión brasileña o de crédito financiero. No debería ser tan difícil y debe hacerse.
(*) O Globo/GDA
LIBRO SOBRE CUBA Y JFK
Castro lo hizo
Otro gran especialista estadounidense en el tema Cuba, el ex agente de la CIA, Brian Latell, está por publicar Castro`s Secrets; The CIA and Cuba`s Intelligence Machine ("Los secretos de Castro: La CIA y la máquina de Inteligencia de Cuba"). El libro, que sale en mayo, es la primera vez que un ex alto jerarca de la CIA reconoce que Fidel Castro tuvo un papel en el asesinato del presidente Kennedy en Dallas en 1962.
De acuerdo a salon.com, Latell afirma que "Castro y unas pocas autoridades de la Inteligenica fueron cómplices del magnicidio pero su participación estuvo muy lejos de ser un plan criminal organizado". La mayoría de la evidencia que cita Latell no puede ser corroborada porque no está en documentos públicos o disponible para estudiosos de Kennedy.
Salon.com concluye que Latell sería la avanzada de un cambio en el acercamiento de la CIA a la muerte de JFK al acercarse el 50 aniversario del hecho. Hasta ahora la versión institucional es que no hay evidencia de una conspiración para matar a Kennedy y no hay evidencia que Lee Harvey Oswald haya actuado para Castro. Se supone que Lattel, en su condición de antiguo funcionario debería seguir apegado a esa versión.
Latell, quien escribió el fundamental Cuba después de Fidel, cita, entre varios ejemplos (algunos novedosos, otros no tanto), a un confiable disidente que perteneció a la Inteligencia cubana diciendo que en 1964, Oswald era un viejo conocido de la Inteligencia de los Castro. También cita un particular interés en monitorear lo que iba a pasar en Texas el día del asesinato o una conversación desde la embajada cubana en México en la que se decía que se sabía de antemano el plan para asesinar a Kennedy.
La teoría "Castro did it" (Castro lo hizo) fue la primera teoría de la conspiración vinculada al caso Kennedy: fue publicada al otro día del asesinato. Después la silenciaron. Y ahora resucitó.