F. M.
Son nueve en total. Y como mucha gente les sigue llamando cuartelillos, el director de relaciones públicas de Bomberos, Carlos Nicola, insiste en corregir: son destacamentos. Pero hasta algunos de los propios bomberos le siguen llamando de la otra manera.
Son parte del folklore montevideano y los que allí trabajan siempre se están acordando de algo: un parto, una garrafa que explotó cerca, un rescate en la ruta luego de un accidente de tránsito, salvar una mascota o llevar un cadáver hasta la morgue. "Uno nunca sabe con qué se va a encontrar. Se puede pensar que sí, que ya lo vio todo. Pero siempre hay una sorpresa", dice Néstor Gallo, del destacamento de Belvedere. "Vas llegando al lugar y decís: `¡Pero esto no lo provocó una garrafa!`", comenta entre risas.
Nueve para toda la capital puede parecer poco. Y más si el protocolo establece que el tiempo entre el recibo de la denuncia y la salida a la calle debe ser 60 segundos. En los últimos años se han inaugurado algunos destacamentos que mejoran la oferta de seguridad contra el fuego, como el de La Unión, en el Parque César Díaz, bien cerca del cruce de 8 de Octubre y 20 de Febrero.
Nicola explicó que eso se debe a que ha habido un proceso de descentralización, que redundó en la creación de nuevos destacamentos.
Dependiendo del radio de acción de éstos, los bomberos pueden llegar a salir hasta siete veces por día. Eso es lo que dice uno de los que bomberos del destacamento de La Unión, con cuatro años de antigüedad. El cálculo está hecho en base a unas 2.500 salidas anuales, una estadística que el mismo empleado lleva.
La base, modesta y con cinco personas, fue construida gracias al aporte del Club de los Rotarios. Algunos de los integrantes de la directiva rotaria acuden en grupo cuando Qué Pasa visita el destacamento y admiran el nuevo camión, que fue asignado hace poco.
En Belvedere también está el escudo de los Rotarios en la entrada del destacamento. "Sí, se construyó gracias a ellos", reconoce Julio Camirotti. Para él y Nelson Sosa, 2.500 salidas por año es una cifra "normal".
Los camiones y camionetas son un orgullo -hay un Mercedes Benz, un Isuzu y un Mahindra-, pero lo es más el minuto que, según Camirotti, siempre se cumple. "Todo está registrado. La hora exacta en la que nos llega la denuncia, y la hora exacta en la que el o los vehículos están en la calle".
El bombero se enoja cuando explica esto. Al preguntarle el motivo de ese tono irritado, se calma un poco: "Es que a veces llegamos a un lugar y nos putean de arriba a abajo. `¡Llamé hace más de 10 minutos!`, nos dijeron hace poco algunos vecinos, indignados. Luego, descubrimos que llamaron al 911. O al 105, Ambulancias. Pero si llaman al 104, que es nuestro número, el minuto se cumple".
Sin embargo, en los camiones está el 911 pintado. "Sí, es cierto. Pero para este año debería estar pronto el centro de respuesta, que va a unificar a todos los servicios de emergencia, Policía, ambulancias, Bomberos con ese número".
Esas incongruencias están entre los problemas menores de los bomberos. Bastante más complicada es la situación laboral, que implica una rotación importante. "Hace menos de 10 años que soy bombero, y ya tuve como siete destinos distintos", dice un agente que prefiere no dar su nombre.
¿Pero no es bueno eso? ¿Conocer muchas realidades distintas? El bombero no está tan seguro. "A veces se puede ver así. Pero pasa que uno establece un vínculo con el barrio y lo va conociendo, identificando los riesgos y sabiendo de las costumbres de la gente. Eso ayuda mucho para la prevención y la respuesta", dice.
A la rotación -que afecta a los cargos oficiales, no los subalternos- se le suma otro inconveniente: la escasez de personal, según otro de los consultados. Nicola dijo que las necesidades están cubiertas: "Surgen vacantes, porque hay bomberos que se jubilan, por ejemplo, o que abandonan el oficio. Pero las cubrimos".
Con todo, el jerarca dice que están en el proceso de selección de 150 puestos zafrales, para diciembre, enero, febrero y marzo. Pero puestos fijos, que puedan aliviar la carga laboral de los bomberos ya empleados, no están pensados. Y tampoco hay certezas sobre lo que pasará con el 272, el 222 de Bomberos. Se nota cierta sensación de injusticia por el plan de eliminación de las horas extra de los policías. Pero el orgullo de ser bomberos puede más: "Siempre llegamos. Y si no tenemos nada, apagamos el fuego con los pulmones".
Bombero voluntario
Contribuir a apagar fuegos voluntariamente era más habitual. Hoy, sólo en algunas partes del interior (San José, Paysandú, por ejemplo) tienen cuerpos voluntarios. En Montevideo "hay una intención de organizar a los que quieren contribuir, pero aún no se ha hecho".