El arca de las semillas

La bóveda del fin del mundo cumplió cuatro años

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard cumplió, esta semana, cuatro años de funcionamiento. Se trata de una enorme bóveda de acero bajo la tierra helada del Ártico noruego, a mil kilómetros del Polo Norte. Es de acero y está diseñada para sobrevivir catástrofes nucleares o climáticas e incluso el choque de un asteroide. Su fin es guardar 740 mil muestras de semillas, como parte de un plan de conservar todas las especies vegetales conocidas en la humanidad.

El 26 de febrero, para celebrar el cumpleaños, la bóveda recibió semillas de amaranto, un grano que utilizaban los aztecas y una malta de cebada del Pacífico Noroccidental. La seguridad en la bóveda es extrema y ninguna persona sabe todos los códigos para entrar.

En un reportaje para The Atlantic, Cary Fowler, director ejecutivo del Global Crop Diversity Trust -el fondo que se encarga de administrar la también conocido como la "bóveda del fin del mundo"-, el problema es que van a tener que usar algunas de las semillas antes de lo previsto. "No hay que esperar una catástrofe mundial para que la reserva sea útil", dice Fowler. "Estamos perdiendo biodiversidad, ahora mismo". Entre los grandes problemas que pueden obligar a recurrir a la bóveda está la disponibilidad de agua potable y el cambio climático. Pero esos cambios no van a impedir que se siga desarrollando la agricultura. "Creemos que la agricultura va a sobrevivir incluso el choque de un meteorito porque ya lo consiguió una vez", dice Fowler. "Lo que intentamos hacer es Svalbard es preservar todas las opciones".

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