Por aciertos propios y alguna ayuda de la elusiva e imprevisible Fortuna, parecería que estamos ante una de esas ocasiones en las que hay algunas cosas para celebrar y otras para aguardar el futuro con optimismo. Continúa el crecimiento económico, el fútbol le dio una inyección de autoestima a mucha gente, por primera vez en muchos años oficialistas y opositores comparten puestos en órganos de contralor y hasta vienen de otros países a darnos aliento: "Uruguay puede acabar con la pobreza en muy poco tiempo", le dijo un banquero español a El País hace unos días. Está en todos aprovechar las oportunidades, pero algunos deben cargar con mayores responsabilidades, como gobierno, oposición, empresarios y sindicatos. En ellos también estará la tarea de encarar aquello en lo que aún seguimos postergados como la educación secundaria o la desastrosa situación carcelaria, vergüenza internacional para un país "de primera". Eso se logrará sólo si nos desprendemos en los hechos, y no sólo en los dichos, de la arraigada costumbre de pensar en chacras.