En Fray Bentos, Eloísa Capurro
Antes de que la ruta 2 se cruce con la 24, comienzan a aparecer los camiones. Van, cargados de madera, y vuelven, completamente vacíos. Aguardan en una estación de Ancap que se instaló en el enclave y que, desde que comenzó a funcionar en junio de 2009, incrementó en 200% sus ventas. Esperan junto a los camiones que pasan por el puente San Martín, reabierto hace poco más de un año. Y siguen su camino, hacia la chimenea de Botnia (hoy UPM) que se ve a lo lejos.
Pero el ómnibus de línea se aleja de ese progreso y entra a Fray Bentos. Los camiones allí ya no circulan. Apenas se ven algunas motos. En las calles se dejó de escuchar hablar finlandés; ahora se habla solo uruguayo. Y en la entrada a la ciudad, un cartel herrumbrado recuerda el progreso que fue: "Aquí camiones del Anglo".
Fray Bentos esperaba mucho más tras la llegada de Botnia. De aquellos 5.000 empleos directos que la planta generó durante su construcción, los fraybentinos pensaban que les quedarían por lo menos 1.000. Las ventas subieron y con ellas llegaron las grandes cadenas como Tiendas Montevideo, Macri calzados o Ta-Ta. Incluso con el puente internacional cortado, la ciudad cambiaba para bien. Y con esa confianza los fraybentinos salieron a comprarse motos, a sacar préstamos, a renovar y pintar sus casas.
Pero ya en 2008 había terminado el esplendor. Entonces Qué Pasa registraba un descenso del 50% en las ventas de los comercios, morosidad de casi un 20% en el pago de motos sacadas a préstamo; en la avenida central, 18 de julio, las vitrinas de por lo menos 20 locales habían quedado empapeladas con diarios viejos.
Hoy la ciudad está tranquila. No es la euforia que se vio entre 2006 y 2007. Tampoco es la depresión de 2008. Es más bien la vieja Fray Bentos. La de siempre.
"El tiempo que duró, estuvo bárbaro", dice Bianca. Ella es de Fray Bentos y trabaja en un local de venta de seguros y celulares. Todavía recuerda cuando la gente hacía cola para entrar. Hoy son casi las ocho de la noche y afuera no hay nadie; la noche cae y los comercios comienzan a cerrar. Se siente el silencio.
Bianca cuenta más anécdotas. Dice que se hacían filas hasta para entrar a los prostíbulos. Que un vecino vendió por 300 pesos una caja de cigarrillos. Que en los comercios se terminaba la cerveza. Y que era cuestión de sacar un medio tanque, comenzar un asado, y hacerse rico. Historias que se transmiten por el pueblo y se repiten, vecino a vecino. Como también lo supieron hacer las anécdotas heredadas del Frigorífico Anglo cuando, dicen todavía hoy, los perros se paseaban con chorizos entre los colmillos.
"Acá se abrieron hasta pinturerías", dice Bianca. Hoy en su local se venden unos 50 celulares por mes (apenas uno por día), con suerte. Igual, dice que les va bien, aunque a un ritmo tranquilo. Como el resto de la ciudad. "Es lo mismo que Botnia estuviera acá o no".
Quizás no sea tan así. La llegada de la planta dejó algunos cambios. Se construyó, por ejemplo, un barrio para los obreros que, con su arquitectura moderna, se separa claramente del resto del entorno. Y trajo, también, gente nueva que se quedó a vivir en Fray Bentos.
Martín es uno de ellos. Originario de Mercedes se radicó en Fray Bentos hace casi 10 años. Al principio fue por Norteña, fábrica para la que trabajaba. Después por Botnia, donde lo contrataron en la sección de mantenimiento industrial.
"Yo creo que la ciudad cambió para bien. Pero sin duda no fue lo que se esperaba. Acá se hicieron conferencias y te mostraban el progreso de Finlandia con la fábrica...", dice.
Con un sueldo de 32.000 pesos, Martín estaba muy lejos de los 7.000 pesos que hoy -en promedio- cobra un fraybentino. Pero eran muchas horas y decidió probar algo que le permitiera estar más tiempo con su familia. Estuvo todo un año buscando trabajo.
"Acá es difícil", dice. "Yo vendí el auto, me comí los ahorros. Me ofrecían trabajos por 5.000 pesos, y eso era lo que ganaba cuando trabajaba en Montevideo y de cadete". Cuando lo volvieron a llamar de la planta le ofrecían un puesto por menos de la mitad de lo que solía cobrar.
Hoy atiende un local de alquiler de autos en el centro de Fray Bentos. Dice que no tiene deudas y que logró ser propietario de un apartamento de tres dormitorios. Mejor que alquilar por 7.000 pesos, el promedio que los fraybentinos pagan por mes una vivienda. Su mujer trabaja en la intendencia, como buena parte de la ciudad, y con eso se manejan. "No te da para tirar manteca al techo, pero no es tan triste", dice.
Igual es difícil. Fabiana Martínez es argentina y fue una de las empresarias que decidió radicarse en Fray Bentos una vez que escuchó el movimiento que había originado la planta de celulosa. En 2008, cuando Qué Pasa la entrevistó, estaba en pleno proceso de cerrar el restorán El Patio de Cuqui, la apuesta que la había hecho cruzar definitivamente el puente.
Sentada en el bar Yacumenza, el emprendimiento de unos amigos y que también lucha por sobrevivir, Fabiana señala una serie de cuatro cuadros. Son del mismo pintor que había hecho el mural de su restorán. Bajo esa mirada y rodeada de mesas desiertas, recuerda lo que fue ese período de esplendor. "El poder adquisitivo en la ciudad es bajo. Con Botnia salían a comer y gastaban, y cuando quedó solo el staff...", dice. De los más de 5.000 operarios que requirió la planta durante su construcción, hoy quedan unos 500.
Así, del restorán Fabiana pasó a un bar más chico y dedicado a la rotisería y pizzería. Lo tuvo dos años abierto y cerró. "Estuvo muy tranquilo", dice. Hoy tiene una empresa de catering con tres empleados. En invierno puede hacer cuatro eventos por mes, en verano el doble. Sus ingresos los complementa con un carrito en el balneario Las Cañas, donde vive.
"Me estoy haciendo un nombre y la vengo remando", dice. "Esperamos que el balneario este verano explote. Ya con la reapertura del puente se notó muchísimo, trabajábamos desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la madrugada".
Es que en Las Cañas ya comenzaron a cortar el pasto, emprolijar las viviendas y sacar los carteles de "Se alquila" para afuera. El verano pasado se habló de colas de hasta seis horas en el puente San Martín y de unos 75.000 turistas en Fray Bentos y Las Cañas. Hoy ya se habla del feriado largo que vendrá el 12 de octubre.
De eso y de la "parada de Botnia", la detención que la empresa hace por un mes para que técnicos finlandeses chequeen las instalaciones. Blanca Rainieri, dueña del restorán La Juventud, ya tiene pensado cómo cambiará el menú entonces. Volverán el pollo a la mejicana y el salmón con pimienta, dos platos que preparó especialmente para el público finlandés y que ya hace tiempo había dejado de preparar.
"Vuelven los finlandeses y es hermosísimo", dice. Hoy su negocio se maneja, más que nada, con la clientela local. Sobrevive organizando eventos para la universidad de la tercera edad que funciona en la zona, cumpleaños de 15, bodas y, sobre todo, comida para llevar.
"Bajó muchísimo y vamos marchando. Todo te da para mantenerte. Yo fui la única que no cerró nunca. No bajé los sueldos ni al personal", dice. La temporada también ayuda. Y la apertura del puente. Ese primer fin de semana había gente en la vereda esperando para entrar. "Fue como una familia que hace mucho que no ves. Nos abrazaban. Se ve que estaban deseando que abrieran el puente".
La otra gran esperanza de Blanca está puesta a unos metros de su restorán, en el puerto de Fray Bentos. "Todos los días mandamos comida. Ayer nos pidieron entre 12 y 15 chivitos. Todo eso a mi me sirve", dice.
Pero hoy no son muchos los que están parando allí. Ese jueves en la tarde hay solo un barco cargando cebada. Serán unas 9.000 toneladas que irán hacia Brasil. Un poco más lejos hay tres barcos pesqueros coreanos, parados, solitarios. Esperan que pasen los seis meses de zafra y aprovechan para hacer trabajos de mantenimiento. El pico de actividad fue hace unas semanas, cuando llegó un buque cargado de naranjas. Fue una experiencia piloto; hacía 10 años que eso no pasaba.
"Desde 2008 estamos buscando, tirando líneas con empresas exportadoras y productoras para reactivar el puerto", dice Sergio Barbusano, jefe del puerto de Fray Bentos. De todos esos intentos, algo positivo salió. Uruguay firmó con Argentina el dragado del Río Uruguay, que llevaría a 26 pies el puerto. Eso haría que de un barco cada 20 o 25 días, se reciba por lo menos uno por semana. Quizás hasta se pueda pasar a 30 pies y comenzar a competir con el otro gran polo: Nueva Palmira.
Pero hoy, en el puerto, hay silencio. Se ve pasar una barcaza, una de las tantas que llevan todo lo que Botnia produce hacia Nueva Palmira. Pasa frente a la gran estructura que dejó el Frigorífico Anglo y que hoy es un museo. Y sigue de largo. Sigue alejándose de Fray Bentos.
Otro fin para m`bopicuá
En la terminal de M`Bopicuá, todavía queda un cartel verde, desgastado. Dice "Ingreso a Ence". Es el predio que la empresa española pensaba utilizar para su planta de celulosa, esa que no fue. Hoy el Banco República planea, a través de un fideicomiso, instalar una empresa láctea. Las empresas Claldy, Indulacsa y La Sibila de Argentina instalarían una planta de suero en polvo que generaría unos 200 puestos de trabajo. Y dinamizaría aún más una zona que ganó con la apertura del puente general San Martín, y que ya ve el movimiento de la planta de UPM.
400
camiones por día entran a la planta de UPM, que trabaja con 50 empresas de transporte y carga.
300
camiones por día pasan por el puente general San Martín, que se reabrió en 2010.
20%
más de las ventas que tenían previo a Botnia es lo que hoy dicen ganar los comercios de la ciudad.
2.000
clientes activos tiene la sucursal de Pronto en Fray Bentos. Sacan unos 20 créditos por día.
"La ciudad no está peor"
Omar Laffluf, intendente de Río Negro.
-Los vecinos de Fray Bentos dicen que la ciudad está igual o peor que antes de que se instalara la planta de UPM. ¿Coincide con esta visión?
-Creo que no es así. Hoy hay un montón de empresas que no estaban en el 2004 en Fray Bentos. Por ejemplo Ta-Ta o Grandes Tiendas Montevideo. El Hotel Fray Bentos estuvo años cerrado, en escombros, y hoy es de primer nivel. Hay empresas nuevas que están trabajando hoy.
-Pero la gente tenía expectativas puestas en base a lo que fue el auge de empleo durante la construcción de la planta
-Todos sabíamos desde el inicio, que una cosa es la construcción y otra la puesta en marcha. Siempre se fue mostrando la curva de demanda de trabajo y que después iba a bajar. Pero creo que hoy no es la misma situación de 2004. La cantidad de construcciones nuevas que hay muestra una calidad de vida diferente.
-¿Qué expectativas hay con respecto a la reactivación del puerto de Fray Bentos?
-Expectativas de futuro tenemos. Cuando se drague (el río) aumentará el trabajo. Además acabamos de comprar en Mbopicuá con el BROU un predio y hay empresas para instalarse. Estamos en mejor situación que en el año 2004.