Grupo de diarios de américa
La furia de la naturaleza azotó ambos hemisferios durante los primeros meses de 2010. Los terremotos de Haití, Chile y China acabaron con la vida de miles de personas; el volcán islandés obligó a cerrar durante varios días el cielo aéreo europeo, y las olas de frío y calor castigaron sin excepción varios puntos del planeta. Si hay una cosa clara es que el clima y las malas noticias cada vez van más de la mano.
Tempestades, inundaciones, temperaturas muy por encima o muy por debajo de la media, terremotos en áreas densamente pobladas y actividades volcánicas causaron perjuicios en decenas de países. Y América Latina no salió ilesa.
El reciente terremoto en Chile recordó a los latinoamericanos su constante exposición a los desastres naturales. A pesar de ser una de las regiones más acostumbradas a este tipo de catástrofes, recién ahora comienzan a darse cuenta de que estas inclemencias pueden contrarrestarse con un sistema de prevención eficaz. El problema reside en la falta de coordinación por parte de los organismos pertinentes, y en la poca educación e información enviada a la población.
Normalmente, los latinoamericanos muestran un alto grado de interés en prevenir sólo cuando sucede un sismo de gran magnitud, como ocurrió al sur de Lima en 2007 o los recientes de Haití y Chile. Luego, el interés va decayendo. Esto se hace muy evidente en la ausencia del tema en las agendas políticas de los candidatos presidenciales, regionales y municipales, así como en la demanda a las autoridades competentes de proyectos relacionados con la gestión de riesgos.
Cada país tiene sus propios frenos a la hora de salvaguardar a su población o rescatarla en caso de una catástrofe natural. El problema en común es que casi todos tienen insuficiente información y preparación para hacer frente a catástrofes de tales magnitudes.
Argentina es de los pocos países que puede presumir de contar con un sólido programa destinado a la prevención y respuesta ante una emergencia. Pero sólo en la teoría. A la hora de la verdad, la carencia de una línea de mando unificada o la falta de reacción por parte de la burocracia evidenciaron las fallas por desorden. Su mayor problema es la ausencia de una voz de mando.
El caso de Chile es diferente. Dado que es un país con graves problemas sísmicos, debería contar con un fuerte programa de prevención. Pero esto no fue así hasta que se creó la Red Nacional de Vigilancia Volcánica como consecuencia de la erupción del Chaitén en 2008. Aún sin funcionamiento, este sistema ampliaría de ocho a 43 el número de volcanes monitoreados instrumentalmente en territorio chileno, los más peligrosos de los 122 que tiene el país. Gracias a esta red se podría anticipar el advenimiento de un ciclo eruptivo, evaluar su desarrollo y definir los escenarios probables con consecuencias potenciales.
Tras el tsunami que azotó al país, la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) comenzó a potenciar campañas de información masiva para evitar el desconcierto y la desorganización que vivió el pueblo chileno en febrero. Cuentan con el programa "Atento Norte" que incluye una serie de simulacros en el borde costero de las principales ciudades norteñas y su finalidad es "fomentar los sistemas de alertamiento temprano y educar a la población en el ámbito de las conductas preventivas y seguras", explican desde el Onemi.
Los simulacros de emergencia están instaurados en varios países más como Colombia, México y Perú. En este último se realizan una vez al año, pero no son suficientes, de acuerdo a especialistas peruanos. Colombia complementa el sistema de prevención con el programa "Un terremoto no se puede evitar, pero tú sí te puedes preparar", que ha incluido simulacros en oficinas públicas, empresas privadas, colegios y hogares.
Desde Venezuela, país azotado por huracanes y deslaves, también se reclama la organización y coordinación por parte de las autoridades regionales. Lo ideal es que exista un protocolo para los desastres naturales que incluya a todas las reparticiones del gobierno. Sin embargo, la polarización política que hay en el país ha impedido que el Ejecutivo establezca una alianza sobre este tema en las regiones donde gobierna la oposición. "Para actuar correctamente durante una emergencia es necesario que los organismos nacionales y municipales hayan planificado antes cómo trabajar de forma coordinada, pero eso no está sucediendo", manifestó Ángel Rengel, ex director general de la Protección Civil Nacional.
Brasil no se queda atrás. Preparados para la sequía, los productores fueron sorprendidos a principios de año con un alto índice de lluvias. Resultado: cosechas aún menores de las esperadas y precios desorbitados en el supermercado.
Pero no todo fue siempre así, o al menos en el caso de Perú. La poca preparación frente a las emergencias no estuvo del todo ausente en el ADN nacional. El sismólogo Julio Kuroiwa apunta que la falta de visión a la hora de minimizar los daños causados por las fuerzas de la naturaleza pasa por el aspecto educativo. Aseguró que si bien existe un curso de ingeniería antisísmica en las universidades, aún hay un vacío académico sobre desastres de tipo climático que ocurran a raís del calentamiento global.
En cuanto a la atención de emergencias, Perú no se diferencia del resto de países de la región. Sólo tiene una red de alerta temprana que no es del todo efectiva, porque los funcionarios del gobierno necesitan recibir instrucción sobre qué hacer en casos de emergencia.
Las catástrofes naturales suponen un desembolso de dinero bastante elevado. Sólo en 2008, costaron al mundo 200 mil millones de dólares. El año pasado fue más tranquilo y el costo fue solamente de 22 mil millones. Para 2010, la aseguradora Swiss augura que los desastres naturales provocarán un gasto de 110 mil millones de dólares. Para empezar a rebajar estas cifras, convendría invertir en mejorar los sistemas de prevención y los de emergencias.
Países como Colombia, Ecuador o México son los únicos que escarmentaron tras sufrir erupciones volcánicas y sismos. Por ello crearon organismos encargados de salvaguardar la población y el medio ambiente ante posibles desastres naturales.
En México nació el Sistema Nacional Protección Civil en 1986 tras el sismo que devastó el corazón del país en setiembre de 1985. Cuando hay un desastre natural, se actúa siguiendo el Manual de Organización y Operación del Sistema Nacional de Protección Civil, donde están definidas las funciones específicas de participación, prevención, auxilio y recuperación. Hoy, los conocimientos básicos para saber cómo actuar en casos de desastres se transmiten a la población a través del sector público y privado mediante simulacros sísmicos a nivel nacional.
Por su parte, Colombia, a pesar de haber estado expuesta durante toda su historia a casi la totalidad de amenazas naturales posibles (terremotos, maremotos, inundaciones), no fue hasta la erupción del volcán nevado del Ruíz que se percató de la necesidad de contar con un Sistema de Prevención y Atención de Desastres, coordinado por la Oficina de Gestión del Riesgo (OGR) y perteneciente al Plan Nacional de Emergencias. Además, cuenta con instituciones de investigación como el Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas) que supervisa el estado de los cuatro volcanes más peligrosos del país: Galeras, Machín, Huila y Ruíz; o el Instituto de Hidrología, Meteorología y estudios ambientales (Ideam), que monitorea el clima en general. Este sistema de prevención se complementa con el programa "Un terremoto no se puede evitar, pero tú sí te puedes preparar". "El Estado se ha concentrado en atender al náufrago, pero nunca piensa en evitar el naufragio", dice Gustavo Wilches Chaux, experto en medio ambiente y prevención de desastres para explicar la mala gestión a la hora de evitar riesgos. Pero a pesar de su organización, el sistema no deja de tener fisuras. Es una organización frágil porque la tragedia existe llueva o haga sol.
La erupción del volcán Tungurahua hace 11 años, obligó a la población ecuatoriana de Baños a estar preparada ante cualquier emergencia. "Nos tomó por sorpresa, sufrimos mucho, nos afectó demasiado abandonar nuestras casas y tierras", recordó Miguel Guevara, voluntario de socorro en ese cantón. Pero esto no les volverá a pasar, aseguró, porque para ello han recurrido a un largo proceso de capacitación y de toma de conciencia. La población tiene ahora un sistema de alerta temprana que trabaja de forma coordinada el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional y la Secretaría Nacional de Riesgos. Sin embargo, el país no tiene planes de información ni de educación que enseñen a la población a actuar en caso de un desastre natural.
La región está expuesta a los caprichos de la naturaleza. Son inevitables, llegan sin avisar y arramblan con todo lo que está en su camino. Pero hay que estar preparados. Unos buenos sistemas de organización, prevención y respuesta ante tales emergencias, sumado a una educación social, ayudarían a frenar las consecuencias climáticas y ahorrarían muchos millones de dólares. La región, con disparidades, empieza a encargarse del tema. (Texto: Marta Aguilera en base a artículos especiales de los 11 diarios del Grupo de Diarios de América)
200
mil millones de dólares se desembolsaron en el mundo durante 2008 por catástrofes naturales.