Eloísa Capurro
Algo pasaba ese martes en la Intendencia de Montevideo (IM). A pocas cuadras de allí, en el Palacio Peñarol, se celebraba una de las más numerosas asambleas del gremio de funcionarios municipales, Adeom. Unas 2.500 personas asistieron, según las crónicas de prensa. Pero el Palacio Municipal no estaba desierto.
Los jerarcas del Ejecutivo estaban en sus despachos, al igual que sus asesores. Y no eran los únicos. Varios funcionarios pasaban por los pasillos a pesar de que el paro decretado por Adeom ya regía. No inundaban los corredores, es cierto. Pero estaban allí.
Es que en los despachos de la IM se toma este conflicto como la oportunidad para iniciar un "cambio de cabeza". De hecho semanas atrás, en una reunión de trabajo entre empleados, la moción de suspender un próximo encuentro a raíz de que estaba agendado un paro de Adeom fue desoída. Ahora el leitmotiv parece ser "acá se trabaja igual".
Algo de eso es lo que comienzan a ver los funcionarios. El miércoles pasado los pasillos del Palacio Municipal estaban repletos de trabajadores y montevideanos en hora de trámites. Los afiliados al sindicato preferían no hablar con la prensa, "por respeto a los compañeros". Los que no tienen carnét (en la IM trabajan más de 8.000 personas) decían que siempre hubo gente que trabajó en los paros, aunque algunos admitían que estaban viendo más cantidad.
Esto fue lo que intentó inaugurar la intendenta Ana Olivera, al decretar el 8 de diciembre la esencialidad del servicio de recolección de basura. En algunos barrios los vecinos salieron a aplaudir a los militares que limpiaban los 76 focos de acumulación de basura. En apenas dos días recogieron unas 300 toneladas de residuos. Así una de las históricas medidas de lucha de Adeom, comenzaba a tambalear.
Hoy los moderados, minoría en el Ejecutivo de Adeom, ven en este episodio una oportunidad para revisar cuándo y cómo se toma una medida de paro. De hecho en las últimas asambleas las listas más moderadas habían presentado una moción para movilizar a trabajadores, en vez de realizar paros. Pero la mayoría radical se impuso.
No fue ésta la primera vez que intendencia y gremio se enfrentaron tan duramente. En los inicios de la administración del ex intendente Ricardo Ehrlich, varias reuniones de negociación debieron ser suspendidas por faltas de respeto por parte de los gremialistas, contó una alta fuente del Ejecutivo de entonces. No fue hasta que se acordó el fin del conflicto -iniciado en 2002 por un convenio salarial incumplido- que el clima de negociación mejoró.
Pero hubo cosas que no cambiaron. La fuente recordó que no siempre se respetó la paralización de las medidas de lucha mientras se realizaban mesas de negociación. Y nunca se llegó a acordar cuáles eran los servicios esenciales que la ciudad necesitaba (entre ellos la recolección de la basura), más allá de que el gremio estuviera conforme o no con los salarios propuestos.
Por eso cuando llegó julio, y con él el vencimiento del acuerdo salarial, ya todos esperaban que la negociación fuera dura. Más cuando, agregó la fuente municipal, los objetivos del gremio eran realmente ambiciosos: aumentos cuatrimestrales del 100% del IPC más un 2,5% en cada suba. En el Ejecutivo piensan que "se fueron de mambo".
En plena negociación, el gremio municipal comenzó a recortar las horas extras en el servicio de Limpieza. Ya el 21 de noviembre había comenzado con paros rotativos, medida que mantuvo incluso una vez que ya se había decretado la esencialidad. Recién esta semana el gremio acató la decisión, aunque criticando -a través de sus máximos dirigentes- la implementación de un "decreto del pachecato", comparando, así, al gobierno comunal de izquierda con el de Jorge Pacheco Areco en la década de 1970.
Aquella relación nueva de la que se hablaba cuando Ehrlich estrechó la mano de Mabel Lolo y Aníbal Varela en noviembre de 2008, no era tal.
No sólo con la intendencia es el problema de Adeom hoy. En la asamblea de esta semana, el gremio municipal evaluó la posibilidad de abandonar al Pit-Cnt. Varela llegó incluso a calificar al secretario general de la central obrera, Juan Castillo, como un "traidor".
8.000
empleados tiene la Intendencia de Montevideo; unos 1.000 son los que trabajan en la división Limpieza.