Si bien es una tradición de tiempo en la casa central de Mosca -en 18 de Julio y Roxlo-, desde marzo de este año se remodeló el café literario en un espacio pequeño donde reinan varias mesitas redondas en medio de grandes bibliotecas de madera y un rústico mostrador, donde tienta el café.
En ese ambiente básicamente de madera, mientras el lector se deja (o no) convencer por las páginas de un libro o lee las noticias de los diarios locales, puede disfrutar de un té o café, acompañado de variedades de tortas (Brownie y Cheesecake, entre otras), medialunas y sandwiches.
A su vez, el lugar combina la intimidad del espacio con la posibilidad de intercambiar y escuchar charlas de distintos escritores nacionales.
Desde su inauguración hasta la fecha han pasado por el café literario de Mosca un total de ocho escritores y el calendario tiene preparado una visita todos los últimos jueves de mes.
Las charlas son abiertas y el público presente (que no supera por capacidad a las veinte personas) puede mantener un diálogo con el autor, acerca de su obra literaria.
También se aprovechará el lugar para lanzamientos o presentaciones de libros, aunque siempre teniendo en cuenta la capacidad locativa, ya que el objetivo es mantener la intimidad del espacio.