A Pep Guardiola, DT del Barcelona, no le cayó en gracia ver al defensor Gerard Piqué haciendo rafting, corriendo en karting o montado a una moto acuática. Los deportistas, que dependen del estado de su cuerpo no son los únicos que deben preservar su salud para cuidar un negocio. En otro nivel, el de los CEO, también se debate hasta dónde puede llegar la exposición a riesgos extralaborales.
Un hecho trágico ocurrido en febrero disparó el interrogante. Steven Appleton, CEO del fabricante de semiconductores Micron Technology, murió al accidentarse en el avión que piloteaba. La afición del amante de los deportes extremos causó ese día una fuerte caída de las acciones de la empresa que cotizan en el New York Stock Exchange, en Wall Street. Las alarmas se encendieron. El hecho, destacaron algunos, debe generar un sinceramiento a los accionistas en casos similares, por constituir «un factor de riesgo».
Ana María Mass, decana de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Argentina de la Empresa, opina que puede existir una correlación entre la posición de estos líderes en la empresa y sus gustos privados. Sin embargo existe un costado negativo en llegar al límite: «Cuando el líder se para en una posición de omnipotencia, ya sea en los negocios o en lo personal».
La centralidad de la figura del CEO ocupa el fondo de la cuestión. Armando Bertagnini, docente de la Universidad de San Andrés, teoriza: «La concentración del poder en manos del CEO, una tendencia internacional, facilita la toma de decisiones, cambios veloces y enérgicos. Pero tiene desventajas, como la pérdida de ideas de otros, y puede exponer a errores o a una sobrecarga emocional al que está al frente de las decisiones».
La forma de contrarrestarlo es crear un balance estructural dividiendo responsabilidades, algo que a veces se evita para bajar costos o por el deseo de concentrar el poder. LA NACIÓN, GDA