"Por la presente me dirijo a Ud. para solicitarle me tenga en cuenta en mis deseos de obtener un empleo en la Cía en la que Ud. desempeña tan honroso cargo". Ese es el comienzo de una carta escrita muy formal y en letra manuscrita, fechada el 12 de setiembre de 1959, dirigida al gerente de Carrau & Cia. La firmaba un joven de 19 años llamado Tabaré Vázquez.
Ese documento forma parte de las historias recogidas en el libro Herencia de Emprendedores, en el que el publicista y consultor Alexis Jano Ros ahonda en las historias de 15 familias responsables de una parte clave de la economía en Uruguay, enmarcadas en los acontecimientos políticos que en gran medida dirigieron su rumbo.
Subraya asimismo la importancia de los reemprendedores, que continuaron con la visión de sus antecesores, muchas veces debiendo cambiar la esencia del negocio, como cuando Algorta dejó de producir para ser importador a finales del siglo XX, dada "la globalización y la baja de aranceles".
El lector podrá encontrarse con anécdotas como cuando Jorge Freccero le vendió un reloj, Bulova Accutron, al escritor Pablo Neruda; así como recuerdos de la época en que los remates de solares se convocaban a través de cohetes -según recuerda Horacio Castells-.
Presentado en el teatro Solís esta semana, el libro destaca los efectos buenos y malos de las crisis y guerras. "La guerra fue un obstáculo, una amenaza y las amenazas también son oportunidades", señala Elbio Strauch, de Conatel. "(Tras la Segunda Guerra Mundial) se decidió aprovechar el conocimiento de los técnicos alemanes para fabricar equipos telefónicos en Uruguay", continuó.