Chau al lapidario y contagioso bostezo en el auditorio

El stand up trasciende a los actores; profesionales lo estudian para comunicarse mejor

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Si mientras da una charla ve que a alguien en el auditorio se le llenan los ojos de lágrimas y, sin poder contenerse, se tapa la boca, preocúpese, porque esa persona seguramente no está emocionada sino aburrida; y el bostezo es contagioso. El plan para contrarrestarlo tiene que ser inmediato: mire a ese espectador fijamente y trate de llegarle, si es con humor mucho mejor, porque distiende y carga de energía.

Desde hace algunos años se ha instalado la moda del stand up comedy, las obras de este tipo proliferan en las salas de teatro y más de alguno tiene un amigo, el "payaso" del grupo, que se inscribió en un curso. Pero esta herramienta no sólo sirve para los actores, sino que cada vez más los profesionales son concientes de que la necesitan para mantener la atención del público, ya sea en un seminario o en la sala de reuniones de la oficina frente al jefe o clientes.

Esto es tan así que en Club de Comedia, que brinda el curso de stand up comedy desde 2008, poco a poco empezaron a recibir diferentes profesionales, cuando el público objetivo que habían predefinido eran actores. Han llegado de los rubros más diversos, desde contadores, escribanos, publicistas, empresarios, médicos con aspiraciones políticas o incluso promotores de venta directa de cigarrillos -como sus marcas no pueden hacer publicidad masiva, buscan manera de mantener al posible consumidor cautivo durante un tiempo-.

Todos con el objetivo de adquirir técnicas para que sus ideas lleguen mejor. "Es una herramienta más al momento de hacer una presentación, con otro ritmo, con otra impronta", explicó a El Empresario el director de la institución, Juan Pablo Olivera.

Uno de los docentes del curso, Ernesto Muniz, apuntó por su parte que algo de lo que carece la educación terciaria es de las "formas de presentación del discurso". "No saben cómo decir las cosas y sufren de un gran pánico escénico", opinó. Y agregó que "un material mediocre, expuesto bien, puede llegar a ser bueno, salvarte".

La gracia Se aprende

Si usted es por ejemplo un contador y cree que no puede hacer reír a nadie, no desespere. Los responsables del curso de stand up comedy aseguran que, si bien nunca llegará a contar chistes como Woody Allen, estas técnicas se pueden aprender, como si fueran algo matemático y lo único que se necesita a priori es tener experiencias de vida.

Que las reflexiones más difíciles sean presentadas de manera simple y las más simples transformarlas en una gran tragedia es una de las claves. Puede funcionar, por ejemplo, contar una anécdota de algo siniestro que sucedió mientras se hacía la cola del supermercado, al tiempo que cuando se habla de temas que son trágicos de por sí, como la muerte, tratarlos con humor y simpleza.

Hablar de situaciones individuales y mostrar la realidad de manera de formada, son otras de las posibles estrategias para hacer más atractivo lo que se dice.

Esta semana comenzó el curso que dan todos los jueves y del que participa Alejandro Angelini, considerado una suerte de gurú de este arte en Argentina. Durante tres meses se les brinda a los participantes 90% de teoría y 10% de práctica; se trata, por ejemplo, los tipos de chiste: por repetición, por cambio de sentido y las estructuras básicas del humor en general.

Olivera contó que el primer día se les pide a los estudiantes que etiqueten a los demás. "Encontrarte con que vos tenés una imagen que no va con tu perfil o con la imagen que querés proyectar es como un descubrimiento, de entrada, para saber dónde estás parado", explicó.

En tanto, Muniz concluyó que al empresariado uruguayo en general le cuesta salir del aprendizaje típico acerca de su negocio, pero sin aprovechar las herramientas de comunicación se están perdiendo una importante técnica para vender más.

Mientras, sus pares en otros países del mundo están mucho más avanzados.

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