Para ser considerado biodinámico un producto debe cumplir con tres requisitos: el uso de fertilizantes naturales -está terminantemente prohibido utilizar cualquier agroquímico y en su reemplazo sólo se emplean abonos animales de fabricación casera-, respetar un calendario agrícola anual siguiendo las fases lunares y la posición de los planetas para saber los días que son adecuados para sembrar y cosechar y el último requisito es el uso de preparados homeopáticos derivados de plantas que tienen propiedades para combatir insectos, hongos y parásitos.
El proceso para acceder al sello biodinámico que expide la agencia Demeter International no es instantáneo y en promedio un productor tiene que esperar cinco años a partir del momento en que se destierra el uso de los herbicidas y de todo tipo de productos químicos sintéticos. La espera igualmente vale la pena. En Nueva York o Londres hay cada vez más consumidores dispuestos a pagar un plus por vinos, frutas, hortalizas o aceites que cuenten con el sello de Demeter, y en mercados como el de Inglaterra se multiplicaron las marcas especializadas en este tipo de productos como el té Hampstead o el yogur Old Plain Hatch. Todas ofrecen no sólo un alto nivel de calidad, sino también precios que son, en promedio, 60% superiores a los de la competencia.
En Argentina, la biodinámica se arraigó con más fuerza entre las bodegas y ya son tres las empresas que están trabajando con viñas de este tipo. Del otro lado de la Cordillera, sobresale el caso del grupo Concha y Toro, el mayor grupo vitivinícola de América latina, que ya tiene plantadas más de 200 hectáreas respetando las técnicas biodinámicas y comercializa dos vinos con la etiqueta de Demeter y las marcas Coyán y G. LA NACIÓN, GDA