El silencio es enervante, como lo es la vista de autos a medio montar deslizándose en transportadores robóticos, que se mueven como si tuvieran un cerebro propio. La escena de esta paz industrial es la línea de montaje de Porsche en Leipzig. La fábrica aireada, casi clínica, ofrece una buena ilustración de cómo, en momentos que sus vecinos europeos y otras economías ricas van saliendo de la recesión a tirones, Alemania ha venido a toda velocidad por la Autobahn económica.
La línea de producción que termina en Leipzig abarca varios países. Las carrocerías pintadas para el Cayenne, un 4x4, vienen en tren de una fábrica propiedad de Volkswagen (con la que está pendiente la fusión) en Eslovaquia. Las del Panamera, una cupé, vienen de Hanover. Entonces los transportadores robóticos los van pasando de un grupo de trabajadores del sector de montaje al siguiente. Las partes llegan en el momento que se necesitan. El sistema es flexible, permitiendo que dos modelos diferentes salgan rodando de la línea de montaje en las cantidades exactas requeridas. Los autos entonces van al este y el oeste, a los dos mayores mercados de Porsche, China y Estados Unidos.
La fábrica es una muestra de cómo se ha beneficiado Porsche con la globalización y cómo también lo ha hecho Alemania. Por el lado de la demanda, el fabricante de autos vende a precios premium a la economía grande de crecimiento más acelerado del mundo y a la que es simplemente la más grande. Por el lado de la producción, usa mano de obra alemana cara pero flexible en lo que se ve y trabajadores europeos más baratos en lo que no. "Alemania es de lejos el mayor beneficiario de la globalización", dice Thomas Mayer, jefe de economistas del Deutsche Bank. "Se ha beneficiado tanto de la mayor división del trabajo por el lado de la producción como del aumento del comercio por el lado de la entrega".
El desempeño económico alemán de los últimos tiempos se destaca respecto de las demás economías ricas. El año pasado su PIB creció 3,6 por ciento, la mayor tasa desde que el país se reunificó en 1990. Estados Unidos logró un 2,9 por ciento. El crecimiento en el resto de la zona del euro probablemente no llegó al 1 por ciento. Las exportaciones, que han sido el principal motor alemán, dieron un salto del 21,7 por ciento en el año móvil finalizado en noviembre.
El éxito de Alemania en mercados emergentes es fuente de orgullo y de vulnerabilidad, ya que se vería muy golpeada si se desacelerara el crecimiento en ellos. Es preocupante la medida en que las exportaciones a un solo mercado -China- inflan los balances de las firmas alemanas. El crecimiento en muchos otros mercados alemanes, en el área del euro y más allá, ya está lento. Este año parece que será más duro que el anterior.
Lo que es más. Alemania aún tiene trabajo por delante. El sector de servicios, pese a una liberación parcial (por ejemplo, en el comercio minorista) sigue subdesarrollado. Un sistema de educación que se ha demostrado confiable en la formación de obreros industriales necesita modernizarse. El sistema bancario, especialmente la parte estatal, aún no se ha recuperado plenamente.
Ninguno de estos problemas es insuperable y Alemania, a diferencia de muchos países, tiene el tiempo y los fondos para resolverlos. El riesgo es que Alemania elija disfrutar de sus triunfos y vuelva a sus viejos hábitos, conteniendo la demanda interna y concentrando todos sus esfuerzos en exportar más. "Estamos viviendo un poco de tiempo prestado en un momento feliz en el que los países con déficit aún se han ajustado", dice Mayer. "Uno de los grandes riesgos es la complacencia".
El Mittelstand es el principal motor del crecimiento
r El principal motor del crecimiento alemán es el Mittelstand, una legión de firmas principalmente pequeñas y medianas, comúnmente de propiedad familiar y altamente especializadas, que producen productos que dominan ramas poco visibles de la industria. Si un trabajo particular puede ser hecho mejor por una máquina, entonces es probable que tal máquina haya sido fabricada en un pequeño pueblo alemán. Wirtgen es líder en la producción de máquinas que reciclan alquitrán y arenillas de caminos viejos para utilizarlas en su repavimentación. El mismo rol tiene Leitz en la producción de herramientas para el procesado de madera. Máquinas que hacen otras cosas son una especialidad del Mittelstand. Kugler-Womako, un campeón en líneas de producción para la impresión de pasaportes, y Winkler+Dünnebier, que hace una máquina que produce sobres, son sólo dos de las firmas que Hermann Simon, un consultor de management alemán, identifica como "los campeones ocultos" del país.
En algunos sentidos, el Mittelstand es una construcción filosófica, en vez de simplemente una descripción de un tamaño de compañía. Las firmas tales como B. Braun, un fabricante de provisiones médicas de propiedad familiar, o Bosch, un grupo de ingeniería propiedad de una fundación de caridad, son bastante más grandes que muchas firmas que cotizan en bolsa, pero siguen defendiendo lo que pueden sostener como valores del Mittelstand: atención al detalle, cautela financiera y cooperación entre patrones y empleados. Bosch, por ejemplo, se ajustó el cinturón en la recesión, pero sin despidos masivos. El año pasado sus ventas alcanzaron un récord de US$ 62.600 millones, un crecimiento del 24 por ciento respecto de 2009, y obtuvo ganancias. Piensa incrementar su fuerza laboral de 283.500 a alrededor de 300.000 este año. La mayor parte del personal nuevo estará en el extranjero, especialmente en Asia.
Firmas de todos los tamaños se han expandido al extranjero, en busca no sólo de mercados sino también de producción más barata. Alemania no es sólo líder en exportaciones: llegan abundantes importaciones a pueblos por todo el país, para ser ensambladas, creando productos más costosos que se reenvían al extranjero. Michael Hüther, director del Instituto de Investigaciones Económicas de Colonia, considera que el contenido importado de las exportaciones alemanas ha crecido alrededor de diez puntos porcentuales, llegando a más del 20 por ciento en la última década.
Las firmas alemanas también han reducido los costos laborales hasta en un 70 por ciento. En esto se vieron beneficiadas por la geografía, ya que algunas de sus regiones manufactureras son estados antiguamente comunistas con una fuerza laboral más barata, pero bien educada. Esto ha permitido a Porsche, Volkswagen y otros trasladar producción al Este mucho más fácilmente, por ejemplo, que las firmas británicas.