Política fiscal y reformas en Brasil

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En el primer semestre del año, el escenario internacional volvió a presentar una gran inestabilidad. El problema de las deudas soberanas de los países europeos reapareció ante la perspectiva concreta de la necesidad de una reestructuración. De manera paralela, la economía estadounidense perdió parte del impulso del crecimiento, a pesar de la presencia de fuertes estímulos monetarios y fiscales, volviendo a desarrollarse por debajo de su potencial, con niveles de desempleo todavía elevados. Ahora, el estancamiento en torno a la ampliación del límite de endeudamiento del gobierno de Estados Unidos plantea nuevas incertidumbres de carácter fundamental que afectan la base misma del orden monetario internacional.

Esa situación revela los límites de la política económica en los países desarrollados para adecuar el intenso proceso de reducción del endeudamiento (conocido como "desapalancamiento"), principalmente por parte de las familias. Las tensiones acaban por manifestarse en desconfianza respecto de la política fiscal y la futura trayectoria de la deuda pública de esos países, con un fuerte aumento de las primas por riesgo. Sea cual fuere el escenario, parece inevitable un período prolongado de bajo crecimiento en las economías centrales.

Los países emergentes están asumiendo el relevo en ese contexto de fragilidad en los países desarrollados, manteniendo el crecimiento en medio de la fuerte liquidez internacional. Las principales consecuencias han sido la aceleración de la inflación debido al aumento de la demanda interna y las presiones sobre la valorización del tipo de cambio.

En Brasil, la inflación presenta señales de resistencia a la política monetaria y debe permanecer presionada durante el próximo semestre, cerrando el año más cerca del límite superior de la banda de tolerancia que en torno al valor central de la meta. De acuerdo con las expectativas recopiladas semanalmente por el Banco Central, las proyecciones para 2012 son que permanecería por encima de la meta del 4,5%, lo que ha llevado a una revisión al alza de la trayectoria esperada para la tasa de interés.

Aunque la aceleración de la inflación desde mediados del año pasado haya reflejado el aumento en los precios de los alimentos en el mercado internacional, el comportamiento más reciente de esos artículos ha sido favorable. No obstante, los núcleos de la inflación permanecen bajo presión. La principal fuente de resistencia a una desaceleración más fuerte de la inflación ha provenido de los servicios, cuya variación anual ya supera el 8,5%. Son precios que responden mayormente a las condiciones internas, más allá de que presenten un fuerte componente de inercia, incluso por la presencia de la indización formal de los contratos.

Un factor importante para explicar el comportamiento de los precios de los servicios es la evolución de los salarios en ese sector. Por una parte, existe una presión de costo asociada al comportamiento del salario mínimo, que funciona como un faro para las remuneraciones en actividades de servicios, incluso las que se caracterizan por la informalidad. El salario mínimo tuvo aumentos reales significativos desde 2002, acumulando una variación del 60% entre 2003 y 2010. Por otra, el aumento de los ingresos de los grupos ubicados en los estratos más bajos de la distribución ha generado una fuerte presión de demanda en ese sector, que también contribuyó al aumento de precios en la medida en que el mercado laboral se encuentra bastante activo con tasas de desempleo en niveles históricamente bajos.

Por consiguiente, la economía brasileña parece haber alcanzado un ritmo de crecimiento incompatible con el cumplimiento de la meta inflacionaria, no solamente para 2011, sino también para el año próximo. Para reencauzar la inflación hacia la meta será necesario un crecimiento inferior al potencial durante algunos trimestres. A largo plazo, el crecimiento no inflacionario debe provenir del aumento de la productividad, que tiende a ser más lento en los servicios.

PRODUCTIVIDAD. Son innumerables las cuestiones estructurales que se deben enfrentar para que se pueda acelerar el aumento de la productividad. La educación es, por cierto, uno de esos factores, en particular en los servicios, en que las habilidades asociadas al conocimiento parecen tener un peso mayor que en la industria. La influencia de la educación, normalmente captada por el efecto de la escolaridad media de la fuerza laboral se manifiesta gradualmente, a medida que las generaciones más jóvenes y mejor educadas sustituyen a las generaciones mayores que tuvieron menor acceso a la educación. En Brasil, la escolaridad media de la fuerza laboral es de 7,5 años, inferior a la de países de ingreso medio equivalente, como Chile (10,2 años de estudio) y Argentina (9,3 años) en América del Sur y Corea del Sur (11,5 años) y China (8,2 años), en Asia. Asimismo, está la cuestión de la calidad de la educación que se encaró muy recientemente, quedando un largo camino por recorrer para sacar a Brasil de las últimas posiciones de las pruebas internacionales de desempeño de los estudiantes.

Un segundo factor importante para la productividad es la disponibilidad y la calidad de la infraestructura física. Las inversiones públicas aumentaron entre 2006 y 2010: inicialmente, en un contexto de fuerte expansión del ingreso ante una economía que surcaba las olas favorables del escenario externo y, más recientemente, a costas del precario equilibrio fiscal existente hasta 2008 en nombre de políticas anticíclicas. Ante dos claras señales de recalentamiento de la economía, el nuevo gobierno optó por ajustar la política fiscal retomando superávits primarios similares a los niveles anteriores a la crisis, en torno al 3% del PIB. No obstante las exhortaciones políticas atribuidas al Plan de Aceleración del Crecimiento -PAC- durante el período electoral fueron, precisamente, sobre las inversiones que recayeron los cortes más profundos. Los escándalos recientes en el área del transporte muestran también que hay serios problemas de eficiencia en la ejecución de las inversiones.

Por último, entre los problemas que reducen la competitividad de la producción interna, en especial en la industria, se encuentra la cuestión tributaria. Existe un amplio consenso en que la estructura tributaria brasileña, que incluye un complicado sistema federativo, tiene un peso excesivo de los impuestos indirectos y una carga impositiva que parece haber alcanzado el límite, y es un factor que reduce la productividad total de la economía acentuando las distorsiones producidas por la apreciación cambiaria. Los debates para su reforma, que pasan por enmiendas constitucionales, chocan contra una miríada de intereses específicos y poder de veto generalizado por parte de grupos numéricamente poco significativos, incluso al interior de la coalición de apoyo al gobierno.

Los aumentos del salario real son, en un último análisis, la expresión más visible del desarrollo. Para ser sostenibles, tienen que estar anclados en aumentos de productividad, a riesgo de generar presiones sobre la balanza de pagos y la inflación. Con anterioridad, se destacaron tres aspectos importantes para el aumento de la productividad a largo plazo. Convergen hacia la dimensión fiscal, ya sea en lo que se refiere a la composición y la calidad del gasto en educación e infraestructura, ya sea por el lado de la necesidad de promover mayor racionalidad al sistema tributario y la reducción de la carga impositiva.

FACTOR CLAVE. Los países centrales se debaten entre serios problemas fiscales de sostenibilidad de su endeudamiento. Los países emergentes, entre los que se destaca Brasil, pasaron por fuertes ajustes en el curso de los años noventa y la década de 2000. Eso les permitió enfrentar la crisis internacional en condiciones mucho más favorables que en cualquier otro momento anterior de su historia. Para Brasil, la cuestión fiscal vuelve a adquirir importancia central en tanto que factor de equilibrio a corto plazo y, en una perspectiva más larga, como instrumento de las reformas estructurales que permitirán acelerar el crecimiento de la productividad.

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