Mayor capacidad a cualquier costo

| Las grandes empresas automotrices no pueden permitirse el lujo de dejar de invertir en el cuarto mayor mercado del mundo

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En las últimas semanas se anunciaron varias inversiones en el sector automotor de Brasil. Aun cuando hace tiempo que el potencial del mercado brasileño es conocido, resultan sorprendentes los proyectos de inversión. No solo se dieron a conocer en un momento en que la demanda interna está aflojando y que algunas fábricas están concediendo licencias forzosas a su personal, sino que coincidieron el anuncio de dos medidas del gobierno de Dilma Rousseff que impuso un tope mínimo más elevado para los requisitos de contenido local en el armado de vehículos y una suba de impuestos que podría reducir la rentabilidad de la industria automotriz.

Sin embargo, todo eso no ha impedido que varias de las mayores firmas del sector automotor en el mundo se hayan comprometido a realizar nuevas inversiones en Brasil. Entre otras, incluyen a Renault-Nissan, Volkswagen, Fiat, BWM, PSA Peugeot Citroën y dos fabricantes chinos, Jianghuai Automobile Cº y Great Wall Motors.

El mayor compromiso provino de la alianza Renault-Nissan, cuyo presidente y CEO Carlos Ghosn, nacido en Brasil, anunció que se invertirán US$ 5.100 millones en la producción de 200.000 unidades anuales en una nueva planta del estado de Río de Janeiro. Está previsto que el armado comience en 2014 y que su producción contribuya a aumentar la participación de la marca japonesa en el mercado brasileño de su actual 1,7% a 5% en 2016.

A su vez, el socio francés de Nissan, Renault, invertirá US$ 200 millones en ampliar su planta de Curitiba, que ya opera con capacidad saturada. Así podrá incrementar su producción de 100.000 a 380.000 automóviles y vehículos utilitarios livianos a partir de 2013, con lo cual se crearán 1.000 nuevos empleos en el proceso. En realidad, Renault tiene mucho más fuerza que Nissan en Brasil. Actualmente, Brasil es el segundo mayor mercado global de la firma francesa, siendo solo superado por su mercado de origen. De acuerdo con el plan quinquenal de crecimiento, Renault proyecta aumentar su participación en el mercado brasileño de 5% que tiene este año a 8% en 2016.

Renault y Nissan no son los únicos fabricantes de automóviles con intenciones de aumentar su participación en el mercado de vehículos livianos de Brasil. Hay rumores de que BMW ha elegido a San Pablo para la locación de su primera fábrica en América Latina con miras a incrementar sus ventas en Brasil. La principal firma automotriz francesa, PSA Peugeot-Citroën, tiene planes para aumentar la capacidad de producción de su planta en Río de Janeiro, que pasaría de 160.000 a 220.000 unidades anuales en 2012 y luego ascendería hasta 300.000, aunque no se han hecho anuncios formales de nuevas inversiones. PSA quiere capturar el 7% del mercado automotor brasileño en 2015, lo que representaría un crecimiento de 2,5 puntos porcentuales con respecto a este año.

BATALLAS. A su vez, los actuales líderes del mercado brasileño no están dispuestos a ceder un ápice de su participación sin pelear. Recientemente, Volkswagen reafirmó su propósito de invertir 3.400 millones de euros en Brasil, aunque falta por explicar si ese monto se destinará a la construcción de una nueva fábrica o a la ampliación de la ya existente. Dicha cifra equivale aproximadamente al 5% de la inversión en el exterior de 62.400 millones de euros prevista por la firma alemana, que le permitiría continuar compitiendo con Fiat por el primer lugar en Brasil. La italiana Fiat también está proyectando nuevas inversiones. Sus planes incluyen un desembolso de US$ 4.400 millones en construir una nueva planta en el Nordeste, que tendría capacidad para armar 300.000 unidades, más fabricar 300.000 motores y 400.000 cajas de cambio anualmente.

Los chinos también están llegando a Brasil, lo que genera preocupación entre los fabricantes ya instalados en ese país. Jianghuai Automobile Cº (JAC) ha confirmado la construcción de una planta automotriz en Bahía, que será la primera de la empresa que funcione fuera de China. Esta inversión estimada en US$ 500 millones producirá anualmente unos 100.000 vehículos a partir de 2014. También la firma automotriz china, The Great Wall, ha elegido a Brasil para la instalación de una nueva fábrica fuera de fronteras, mientras que Chery ya ha comenzado la construcción de una planta a un costo de US$ 400 millones.

DESACELERACIÓN. Puede parecer extraño que tantos fabricantes de automotores se comprometan con proyectos tan ambiciosos en Brasil en un momento de gran incertidumbre económica a nivel global. Las ventas en el mercado brasileño hoy no muestran mucho dinamismo. En los primeros nueve meses de 2011 la venta de vehículos livianos creció apenas 0,7% en comparación con las cifras del año pasado, lo que es otra muestra de que el boom del consumo se está desvaneciendo en ese país. Luego de haber crecido a un ritmo vertiginoso del 7,5% en 2010, la economía brasileña se está enfriando, previéndose que se expanda solo 3,6% este año y aproximadamente 3% el año próximo.

El estancamiento en las ventas de automotores está generando mayores inventarios y, por consiguiente, menores tasas de producción. Volkswagen ha sido el último fabricante del sector que envió a 1.700 empleados a unas vacaciones forzosas dado que la empresa trata de alinear producción y ventas. Por su parte, General Motors y Fiat ya habían hecho lo mismo con sus trabajadores por la misma razón. En septiembre la industria automotriz produjo un 20% menos de vehículos en comparación con el mes anterior.

El anuncio de las nuevas inversiones coincidió con la imposición de tributos más altos para el sector automotor. Se aumentó en 30 puntos porcentuales el Impuesto a la Producción Industrial (IPI) a la importación de automóviles que no reúnan un 65% de componentes locales, incluyendo partes y piezas procedentes de países del Mercosur. Esa decisión apunta a desacelerar la inundación de vehículos chinos importados, que son muy baratos, y a proteger a los fabricantes locales. Sin embargo, ese requisito ha enfadado a las empresas armadoras ya instaladas y a las por instalarse en Brasil. Sostienen que tendrán que esforzarse mucho por poder alcanzar rápidamente ese alto porcentaje de componentes locales, dado que la industria autopartista está aún sin desarrollar.

Por otra parte, es factible que las empresas automotrices aumenten el precio de los autos cero kilómetro para compensar el costo de las nuevas medidas. Sin embargo, difícilmente podrán trasladar todos los costos adicionales a precios ya que las ventas se verían afectadas. Los críticos señalan que ese es un esquema de perder-perder en términos de su impacto tanto en el consumidor como en la industria.

No obstante, parece que el cambio en la carga impositiva, en vez de disuadir a los fabricantes extranjeros, los ha alentado a reforzar su compromiso con Brasil y con el bloque del Mercosur. Esto se debe, en parte, a que el gobierno está negociando un tratamiento impositivo preferencial con un cierto número de inversores a cambio de radicar inversiones a largo plazo. La razón es que todavía se producen menos automóviles en Brasil de los que allí se venden y que se espera que esa brecha se amplíe en el corto plazo. Teniendo en cuenta que ese país es el cuatro mayor mercado automotor en el mundo, abundan los inversores deseosos de llenar dicho vacío, sin importar cuan duros puedan ser los requisitos de contenido local y otras regulaciones.

Fuente: Business Latin America, un semanario del Economist Intelligence Unit.

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