La ingeniera Carlota Pérez, investigadora, conferencista y consultora internacional, experta en tecnología y desarrollo económico, advierte que, mientras los gobiernos no logren reorientar las finanzas para que abandonen las apuestas financieras y apoyen al mundo productivo, los países avanzados no solo no saldrán de la recesión y el alto desempleo sino que se pueden producir otras burbujas y colapsos. En ese contexto, asegura que los mercados "pueden estallar en cualquier momento". Sobre las nuevas reglamentaciones aplicadas a los mercados, afirma que los gobiernos "pierden el tiempo", ya que de las trabas siempre hay una ruta de escape y los costos los termina pagando la sociedad. Carlota Pérez se basa en las teorías de Joseph Schumpeter para explicar por qué cada revolución tecnológica da lugar a un cambio de paradigma. A continuación, un resumen de la entrevista.
-En su libro "Revoluciones Tecnológicas y Capital Financiero", usted escribió que "la interconexión entre lo que reclaman los mercados financieros y lo que proporcionan las tecnologías es tan estrecha que ambas han ido juntas desde la revolución industrial y aún no se han separado". ¿Puede abundar en esta definición?
-Lo que quise decir con eso es que el sistema capitalista necesita de ambas formas de capital para funcionar. El que tiene una idea para una nueva tecnología o un nuevo producto necesita los fondos que tiene el capital y, dado que es la innovación lo que conduce al crecimiento económico, el capital financiero necesita del mundo de la producción para enriquecerse. Sin embargo, en los períodos de burbuja financiera se produce un desacoplamiento que lleva al colapso y la economía sufre las consecuencias hasta lograr que se reúnan de nuevo.
-¿Se puede pensar que la crisis generada en la burbuja tecnológica puede repetirse, en base a fundamentos similares?
-Ya la vimos repetirse. A fines de los noventa tuvimos la burbuja del Nasdaq que colapsó en el año 2000 y luego, en la primera década del nuevo siglo, tuvimos una burbuja global que se desinfló en el año 2008. La primera fue invirtiendo en las nuevas tecnologías; la segunda usándolas para desarrollar productos financieros y venderlos por internet al mundo entero. Y mientras los gobiernos no logren reorientar las finanzas para que abandonen el casino y apoyen al mundo productivo, no solo los países avanzados no saldrán de la recesión y el alto desempleo sino que se pueden producir otras burbujas y colapsos. Los mercados de bonos, de futuros y otros, donde se han refugiado los trillones de dólares de capitales ociosos, pueden estallar en cualquier momento.
Los rescates
- ¿Qué cosas pueden corregirse para evitar el daño de fenómenos como el ocurrido con la burbuja de las tecnológicas?
-Hasta ahora lo que han hecho los gobiernos es rescatar a los bancos con el dinero de los contribuyentes y tratar de controlarlos con reglamentaciones y trabas. En lo primero se excedieron y terminaron cayendo en una crisis fiscal grave; en lo segundo están perdiendo el tiempo. De las trabas siempre hay una ruta de escape y los costos los paga el público. Lo que hay que hacer para evitar otra burbuja y relanzar el crecimiento es cambiar las reglas del juego para que sea más rentable invertir en la economía real que en el casino. Esto no es tan fácil de hacer, pues supone cambios en el sistema impositivo e innovaciones institucionales de una envergadura similar a lo que fueron Bretton Woods y el Estado del bienestar, después del crack de 1929 y la larga depresión de los treinta, para desencadenar la época de oro después de la guerra.
-¿Existen un mundo real y un mundo virtual a nivel financiero, que se distancian cada vez más?
- Se unen y se distancian. Las épocas de bonanza ocurren cuando están unidos y los bancos obtienen sus ganancias como una porción de los beneficios de los proyectos que ayudan a financiar. Las burbujas ocurren cuando el valor financiero se aleja del valor real que representa y las ganancias se dan por la venta y reventa de papeles inflados. El colapso es la manifestación de haber llevado esa diferencia a extremos insostenibles.
Mitad del ciclo
- Usted advierte sobre los cambios que estos fenómenos generan a su vez, en la política y en la sociedad. ¿Cuáles son?
-Las crisis financieras son frecuentes en los sistemas de mercado. Pero hay un tipo de burbuja y de crisis que ocurre a mitad de camino en la difusión de cada revolución tecnológica. El pánico de los canales y el de los ferrocarriles, la crisis de Baring Brothers (banco británico) en Argentina, el crack de 1929 y las dos grandes crisis recientes son parte de esos procesos de destrucción creadora que eliminan o modernizan todo lo viejo e instalan un nuevo paradigma para el crecimiento. Pero el costo es muy alto. Cada una de esas épocas turbulentas ha conducido a una aguda polarización del ingreso donde los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Muchos oficios y conocimientos se hacen obsoletos y se desvalorizan totalmente, como fue el caso de la imprenta basada en plomo, o se transforman profundamente como estamos viendo con la comercialización de la música, los libros, el periodismo. Esos grandes cambios afectan a muchas personas, a muchas empresas, localidades, regiones y hasta países. Unos pierden y otros ganan. En esta época, por ejemplo, los países del antes llamado "tercer mundo", después de haber vivido la década perdida, están creciendo mucho más rápido que los avanzados y han descubierto nuevas oportunidades para innovar y para sacar a más gente de la pobreza. Los fenómenos de cambio político están a la vista, con frecuencia basados en el acceso a la información y al nuevo poder de las comunicaciones. Precisamente, es en ese mundo cambiado donde la imaginación política tiene que actuar para revertir los daños y multiplicar lo positivo haciendo realidad el actual potencial para una época de bonanza global y sustentable.
- ¿En qué parte de ese ciclo nos encontramos ahora?
-Estamos a mitad de camino. Ya hemos vivido la turbulencia y la prosperidad sesgada que traen las primeras décadas de transformación de cada revolución tecnológica. Estamos en la recesión que debería ser partera del cambio. Dependerá de nosotros y de los gobiernos, si esta crisis es prolongada como la de los años treinta (ya llevamos cinco años) o si vamos a tomar las decisiones inteligentes y audaces que nos llevarán a un próspero siglo veintiuno.
Vulnerabilidades
-¿Cuál será la próxima revolución tecnológica? ¿En qué se basará esta vez?
-Eso nunca se sabe con certeza, aunque lo que sí es seguro es que ninguna revolución surge de la nada. Los elementos de la revolución futura ya están presentes. Es posible que la gran ruptura tecnológica ocurra en biotecnología o en nanotecnología o en nuevos materiales o bioelectrónica. Pero todavía tenemos mucho trecho por delante en la aplicación del poder de la informática y las comunicaciones para innovar en todos los sectores, nuevos y viejos. Ninguna revolución ha ocurrido hasta ahora, antes de que la anterior haya rendido todos sus frutos y se acerque al agotamiento. Creo que faltan al menos un par de décadas, y si esta crisis se prolonga, puede que más.
-¿Qué pasará con el empleo, con el desarrollo de las sociedades?
-El potencial tecnológico para una época de oro está esperando ser explotado. En particular, la posibilidad de orientar la economía hacia lo que se puede llamar el "crecimiento verde" es quizás la única manera de lograr que los centenares de millones de nuevos consumidores que trae la globalización puedan aspirar al bienestar. El modelo consumista del siglo veinte no es factible para todos con un solo planeta. Habrá que redefinir la "buena vida" en términos de salud, creatividad, educación, servicios, entretenimiento y otros elementos intangibles y no, sobre todo, posesiones. Habrá que multiplicar la productividad de los recursos naturales por diez, por veinte o por cien mediante una combinación de durabilidad, reciclaje, cero desperdicio, conservación energética y un sinfín de otros avances tecnológicos y cambios de actitud. Una oleada de rediseño, renovación y nuevas tecnologías en esas direcciones en todos los países llevaría a una globalización sin exclusiones y restablecería los niveles de empleo en los países avanzados, permitiendo su re-especialización.
- ¿Cuán vulnerables estamos?
-Si los países desarrollados siguen empeñados en la austeridad, el futuro es más recesión y más casino con opción de colapsos tanto financieros como políticos.
Protagonistas
-¿Qué papel le está reservado en ese tablero de juego a los países menos desarrollados, como Uruguay?
-Las posibilidades de desarrollo han cambiado radicalmente a favor del mundo antes atrasado. La revolución de la información ha dado acceso al conocimiento y ha abierto las puertas a la innovación, dondequiera que se esté. El comercio por internet y los sistemas de distribución global, unidos a la diversidad en los mercados les abren oportunidades inéditas a los países menos desarrollados, incluso a los pequeños. Pero hay que encontrar estrategias inteligentes de especialización en el contexto global. Creo que América Latina puede aprovechar sus recursos naturales para formar redes de innovación tecnológica sobre esa base, incluyendo nuevos materiales, biotecnología, nanotecnología en un extremo y agricultura orgánica o productos gourmet en el otro. El ensamblaje de productos masivos manufacturados es más adecuado para los asiáticos (que ya lo tienen casi monopolizado) y para los países de gran tamaño como Brasil o México.
-Las potencias "protagonistas" de esos "ciclos" han sido generalmente las mismas. El mapa parece haber cambiado ahora. ¿Los equilibrios y desequilibrios son otros? ¿Qué papel tendrán los nuevos "gigantes", como China?
-La verdad es que sí han cambiado los protagonistas. Las primeras dos revoluciones fueron en Inglaterra y unos pocos países de Europa. La tercera presenció una batalla por la hegemonía entre el poderosísimo Imperio Británico y dos países emergentes: Estados Unidos y Alemania.
La primera guerra mundial se decidió a favor de Estados Unidos y allí se dio el desarrollo de la revolución del automóvil, la producción en serie, la radio, los plásticos y todo lo que formó el "modo de vida americano", al lado de las tecnologías militares y espaciales impulsadas por la Guerra Fría. Nada impide que en esta o en la que viene, China pueda tomar la delantera. Lo que sí es evidente es que el gigante asiático, incluyendo a China, India, Japón, Corea del Sur y toda su periferia, tendrán un papel determinante en el concierto político de las naciones y en la economía de las próximas décadas.
Los riesgos de que se imponga el poder de los financistas
-Usted habla recurrentemente del capital financiero y la ética. ¿Qué avizora? ¿Lo ocurrido a partir del quiebre de Lehman Brothers puede mostrar algún cambio en ese sentido?
-En cada una de las revoluciones tecnológicas se han dado estas rupturas de la ética en el mundo financiero. Ese es el fundamento social de las grandes burbujas. Hacerse millonario, por cualquier vía, se hace más importante que hacer algo útil o construir una empresa que perdure en el largo plazo. Usualmente se dan grandes quiebras y muchísimas pérdidas personales y desaparición de bancos grandes y pequeños. Esta vez, la operación de salvamento fue tan excesiva que los bancos siguen en pie, los billonarios siguen gozando de sus billones y ahora ni siquiera pagan impuestos, las agencias de calificación, a pesar de su vergonzoso papel en avalar los instrumentos derivados tóxicos, siguen decidiendo el futuro de las empresas e incluso el de las naciones. El poder de los financistas sobre los políticos impide que se tomen las medidas necesarias y ellos mismos, con muy pocas excepciones, siguen comportándose igual que antes.
-¿Debería haber "regulaciones" o grandes acuerdos institucionales que establezcan otro funcionamiento al mundo financiero?
-Por supuesto que sí y, mientras no se establezcan esos cambios, no hay esperanza de salir del estancamiento. Eso es lo que nos enseña la historia. Cuando Roosevelt en los años treinta quiso tomar las medidas del New Deal, las mismas que trajeron el gran boom después de la guerra, la oposición del mundo de los negocios, financieros o no, fue feroz. En aquella ocasión, los bancos no fueron salvados, las pérdidas fueron enormes, los financistas quedaron debilitados y fue posible establecer un marco regulatorio que duró casi medio siglo protegiendo a la sociedad de las peores prácticas de los "locos años veinte". El problema ahora es mucho mayor, no solo por el poder intacto de las finanzas, sino porque habría que actuar globalmente, al menos marcando un piso regulatorio común, ya que internet ha hecho que el mundo financiero sea global y no se pueda controlar localmente. Además, la constante amenaza de irse a otro país, en caso de disgusto con las reglas, es una espada de Damocles paralizante. Mientras esta situación no se supere, no hay salida.
El modelo basado en la explotación de materias primas se agotó
-¿Que le sugiere cuando escucha hablar de la "crisis del capitalismo" o conceptos similares, con tono de "final de historia"?
-Bueno, ya Fukuyama, el autor de la idea del fin de la historia, se retractó. La crisis del capitalismo es la misma que vivimos en los años treinta y que, en aquel momento, fue considerada la crisis final por algunos y sin embargo llevó al mayor auge de la historia del capitalismo y a la primera sociedad de pleno empleo en el llamado Primer Mundo. Lo que está ocurriendo es que ese modelo de crecimiento, basado en la explotación excesiva de materias primas baratas del tercer mundo, la homogeneización del patrón de consumo y el desperdicio y la contaminación sin límites, está agotado.
En su lugar, tenemos un conjunto de tecnologías que ha abaratado la información, su procesamiento y transmisión y ha abierto miles de caminos de transformación en todos los ámbitos de la producción y la vida, al mismo tiempo que ha facilitado su globalización.
Todavía no hemos encontrado el modo de aprovechar plenamente ese potencial para superar la terrible herencia ambiental que nos dejó el viejo modelo y cómo establecer una estrategia de suma positiva entre el mundo de los negocios, la sociedad y el planeta.
-¿Quiere decir que estamos en plena etapa de transición?
-Estamos viviendo una transición importantísima, capaz de condenarnos a un estancamiento interminable o de desencadenar un auge global que logre elevar el nivel de vida de la población mundial del mismo modo como el boom de la post-guerra elevó hasta a los trabajadores a una vida de bienestar y seguridad social. Estoy convencida que eso es posible, pero me temo que las cosas tendrán que empeorar mucho antes de que puedan mejorar, especialmente en el caso de los países avanzados.
-¿Y mientras tanto, qué se debería hacer?
-Entretanto, cada país en desarrollo puede encontrar caminos innovadores que le permitan aprovechar las nuevas oportunidades y reubicarse en el espacio global, mientras eleva el nivel de vida de todos y, en particular de los excluidos.
ficha técnica
Carlota Pérez, de nacionalidad venezolana-británica, es Catedrática de Tecnología y Desarrollo (Universidad Tecnológica de Talín, Estonia); Investigadora Visitante en el London School of Economics (LSE); Investigadora asociada en Cambridge Finance, Judge Business School, Universidad de Cambridge y Profesora Honorífica en la Escuela de Negocios, Gerencia y Economía, Universidad de Sussex. Consultora y conferencista para el sector privado, gobiernos y organismos multilaterales.