Veinte años atrás estalló un debate sobre si había "valores asiáticos" específicos. La mayor atención se enfocaba en afirmaciones dudosas de autócratas que sostenían que la democracia no estaba entre ellos. Pero una afirmación más interesante, aunque menos notoria, era que los valores de la familia tradicional eran más fuertes en Asia que en Estados Unidos y en Europa, y que ésta en parte era la razón del éxito económico de Asia. En palabras de Lee Kuan Yew, ex primer ministro de Singapur y defensor entusiasta de los valores asiáticos, la familia china incentivaba "la educación y el trabajo duro, y el ahorro y la postergación del placer actual por la ganancia futura".
En apariencia su aseveración aún parece convincente. En la mayor parte de Asia, el matrimonio está muy expandido y el fenómeno de los hijos ilegítimos es prácticamente desconocido. En contraste, la mitad de los matrimonios en algunos países occidentales terminan en divorcio y la mitad de todos los niños nacen por fuera del matrimonio. Los recientes disturbios a lo largo de Gran Bretaña, cuyo origen muchos creen que se encuentra en la ausencia de orientación de los padres o el respeto filial, parecen subrayar una profunda diferencia entre el este y el oeste.
Sin embargo, el matrimonio está cambiando rápido en Asia del Este, del Sur-Este y del Sur, a pesar de que cada región tiene distintas tradiciones. Los cambios son diferentes de aquellos que tuvieron lugar en Occidente en la segunda mitad del siglo veinte. El divorcio, aunque está en aumento en algunos países, continúa siendo bastante poco frecuente. Lo que está sucediendo en Asia es una huida del matrimonio.
Las tasas de matrimonio están cayendo en parte porque la gente está posponiendo el compromiso. Las edades para contraer matrimonio han aumentado en todo el mundo, pero el incremento es particularmente marcado en Asia. Las personas allí ahora se casan incluso más tarde que en Occidente. La edad promedio de casamiento en los lugares más ricos -Japón, Taiwán, Corea del Sur y Hong Kong- aumentó bruscamente en las últimas décadas, hasta alcanzar los 29-30 años para las mujeres y los 31-33 años para los hombres.
Muchos asiáticos no se están casando tarde. Simplemente no se están casando. Casi un tercio de las mujeres japonesas de treinta y poco son solteras; probablemente la mitad de ellas lo siga siendo siempre. Más de un quinto de las mujeres taiwanesas al final de sus treinta son solteras; la mayoría nunca se va a casar. En algunos lugares, las tasas de soltería son especialmente llamativas: en Bangkok, el 20% de las mujeres de entre 40 y 44 años está soltera; en Tokio el 21%; entre las graduadas universitarias de esa edad en Singapur, el 27%. Hasta ahora la tendencia no ha afectado a los dos gigantes de Asia, China e India. Pero es probable que lo haga, al afectar a esos dos países los factores económicos que la han provocado en el resto de Asia; y sus consecuencias van a ser exacerbadas por los abortos practicados por toda una generación para elegir el sexo de su descendencia. Para el 2050, va a haber 60 millones más de hombres en edad de contraer matrimonio que mujeres en China e India.
PESIMISMO. Las mujeres se están retirando del matrimonio a medida que entran en el mercado laboral. Esto es debido en parte a que, para una mujer, estar empleada y casada es difícil en Asia. Las mujeres allí son las encargadas de los maridos, los hijos y, normalmente, de los padres; e incluso cuando tienen empleos a tiempo completo deben continuar ocupando ese rol. Esto es cierto también en el resto del mundo, pero la carga de las mujeres asiáticas es particularmente pesada. Las mujeres japonesas, que típicamente trabajan 40 horas por semana en la oficina, luego hacen en promedio otras 30 horas de trabajo en el hogar. Sus maridos, en promedio, hacen tres horas. Y a las mujeres asiáticas que renuncian al trabajo para cuidar a sus hijos les resulta difícil reinsertarse una vez que sus hijos crecen. No es de extrañar que las mujeres asiáticas tengan una visión inusualmente pesimista del matrimonio. De acuerdo a una encuesta realizada este año, muchas menos mujeres japonesas tienen una idea positiva sobre su matrimonio que los hombres japoneses, o que las mujeres u hombres estadounidenses.
Al mismo tiempo que el empleo vuelve al matrimonio más difícil para las mujeres, les ofrece una alternativa. Más mujeres son independientes financieramente, por lo que más de ellas pueden tener una vida de soltera que puede ser más atractiva que el penoso matrimonio tradicional. Una mayor educación también ha contribuido al descenso del matrimonio, porque las mujeres asiáticas con más educación han sido siempre las más reacias a casarse, y ahora hay muchas más mujeres con altos niveles educativos.
IMPACTO SOCIAL. La huida del matrimonio en Asia es entonces el resultado de la mayor libertad de la que disfrutan las mujeres hoy, lo que debe ser celebrado. Pero también está generando problemas sociales. Comparados con Occidente, los países asiáticos han invertido menos en pensiones y otras formas de protección social, basados en el supuesto de que la familia va a cuidar a los parientes mayores o enfermos. Esto ya no puede darse por sentado. La reducción en los matrimonios también está contribuyendo al colapso de la tasa de nacimiento. La fertilidad en Asia del Este cayó de 5,3 niños por mujer a fines de los sesenta, al 1,6 actual. En países con las menores tasas de matrimonio, la relación es cercana a 1. Esto está comenzando a provocar problemas demográficos enormes, con poblaciones que envejecen a una velocidad alarmante. Y hay también otros temas, menos obvios. El matrimonio socializa a los hombres: está asociado con menores niveles de testosterona y menos comportamiento criminal. Menos matrimonios podría significar más crímenes.
¿Podrá ser revivido el matrimonio en Asia? Puede ser, si las expectativas de roles de los dos sexos cambian; pero cambiar actitudes tradicionales es difícil. Los gobiernos no pueden eliminar por ley los prejuicios populares. Pueden, sin embargo, alentar el cambio. Flexibilizar las leyes de divorcio podría, paradójicamente, impulsar el matrimonio. Las mujeres que hoy se mantienen alejadas del casamiento podrían estar más dispuestas a casarse si saben que se pueden divorciar; no solamente porque puedan salirse del matrimonio si no funciona, sino también porque su libertad de irse podría hacer que sus maridos fueran más cuidadosos. La legislación de familia debería otorgarle a las mujeres divorciadas una porción más generosa de los bienes de la pareja. Los gobiernos también deberían legislar para lograr que los empleadores ofrezcan tanto licencia materna como paterna, y proveer o subsidiar guarderías. Si asumir estos gastos ayuda a promover la vida en familia, podría reducir la carga del Estado de cuidar a los adultos mayores.
Los gobiernos asiáticos han considerado durante mucho tiempo que la superioridad de la vida familiar era una de sus grandes ventajas sobre Occidente. Esa confianza ya no está garantizada. Necesitan despertar a los enormes cambios sociales que están ocurriendo en sus países y pensar en cómo lidiar con sus consecuencias.