Conceptos equivocados en la base

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JAVIER DE HAEDO

Hace algunas semanas me tocó compartir una conferencia sobre la evolución de la economía con un economista que trabaja para el gobierno, si bien no lo hace en el área del equipo económico en sentido estricto. Su exposición me resultó muy ilustrativa de lo que se piensa en el gobierno sobre algunos temas que están en discusión en la actualidad, como son los casos del punto del ciclo económico en el cual nos encontramos y de lo que tiene que ver con reglas fiscales.

Sobre el ciclo económico, el argumento viene a ser más o menos el siguiente: Uruguay ya no depende tanto de Estados Unidos, Europa o, incluso, sus vecinos; ahora la dependencia es con China, tanto directamente, como indirectamente a través de Brasil que también depende particularmente de China. Y resulta que en China no hay ciclos económicos porque desde hace años crece y crece sin parar a tasas considerables y lo va a seguir haciendo, por la sencilla razón que cada año saca de la pobreza a decenas de millones de personas y aún hay algunos cientos para formar parte del mismo proceso. Entonces, tampoco nosotros (ni Brasil) tendremos la inexorabilidad de los ciclos económicos que supimos conocer en el pasado. Vienen por lo menos diez años más de crecimiento, nunca menos de cinco años más.

Sinceramente, deseo desde el corazón (y también desde el bolsillo) que así sea. Pero creo que se soslayan algunos "detalles". En primer lugar, más que "sacar de la pobreza" lo que está haciendo China (y no solo China, también India y otros) es "incluir en el mercado" a decenas de millones de personas que lisa y llanamente no pertenecían a él. Se trata de personas que de vivir en el medio rural por fuera de la economía de mercado pasan a vivir en medios urbanos, a habitar en viviendas como las que nosotros conocemos, y a vestirse y a alimentarse de modos que consideramos "normales" y que, ciertamente, hasta ese momento no lo hacían. En definitiva, a consumir commodities, ya sea minerales como los utilizados en la construcción, ya sea de origen agropecuario como los utilizados en la vestimenta y la alimentación. Más allá de la precisión, la consecuencia es la misma. Y es razonable que no tengan ciclos económicos del tipo de los que conocemos nosotros si se entiende por tal a la sucesión de etapas de crecimiento y contracción, en torno a la tendencia de largo plazo. Sin ir más lejos, en los últimos siete años China creció a un promedio de 10,7% anual y nunca menos de 9% en un año. Pero si crecen menos de 9%, no sé si hablan de recesión pero por lo menos pega en el palo. La permanente incorporación de personas a la economía de mercado requiere de un motor girando a muchas revoluciones.

Y es absolutamente cierto que esa presión positiva que viene desde el Oriente nos arrastra fuertemente. Vaya si lo hace. Eso ha hecho que los precios de las materias primas referidas anden por las nubes en términos históricos. Ese fenómeno es el que yo considero real, cierto y permanente y que me lleva a pensar que las materias primas seguirán valiendo mucho por mucho tiempo. Pero no solo está esta parte de la película. También hay una parte que no es real ni permanente y si es cierta solo lo es por un tiempo: la parte financiera y especulativa que es la responsable de la creación de burbujas. China es hoy la misma de mediados de 2008 y lo mismo que se puede contar hoy sobre ella se podía decir entonces. Sin embargo, en ese momento los precios de las materias primas se desplomaron por razones esencialmente financieras más allá de la recesión mundial: entre julio y diciembre los precios de los commodities cayeron 55% según el FMI: 69% el petróleo y 35% los restantes en promedio. Semejantes variaciones no se dan por la economía sino por las finanzas. Ese año, China creció 9,6%, dicho sea de paso. E India 6,4%.

En definitiva, lo que yo creo es que aún compartiendo lo central del razonamiento oficial sobre la evolución de la economía mundial, hay una parte de la historia que esa visión deja de lado, y consiste en la parte del actual boom debida a la situación financiera de los países avanzados, con tasas de interés en la lona y un dólar barato como pocas veces en la historia, amplificada por tasas de interés de locura en las economías emergentes, a las que el FMI les pide que dejen apreciar sus monedas para que faciliten el ajuste de las economías avanzadas. Es decir que coincido en que hay algo permanente en todo esto pero yo pienso que además hay algo transitorio que en el corto plazo potencia lo permanente, suma a él, y que en algún momento no muy lejano va a cambiar de signo provocando una situación cualitativamente parecida a la de mediados de 2008, con un ajuste a la baja en los precios de los commodities y uno hacia arriba en el precio del dólar en el mundo.

El segundo argumento de mi colega del gobierno se refirió a la regla fiscal. La que no debería ser muy relevante si fuera cierto el diagnóstico sobre la aparente derogación de los ciclos económicos y quizá por ello es que desde el gobierno no se le da particular atención a la cuestión y se llega a decir que quienes planteamos la necesidad de tener una regla fiscal a la chilena somos extravagantes. Pero de todos modos, dijo que la tal regla fiscal existe aquí y ahora y está dada por el tope a la deuda pública. Naturalmente, para el gobierno uruguayo la regla fiscal chilena es inaplicable aquí porque no tenemos cobre y allá encima es del Estado. Mi colega fue más lejos y dijo que sería aplicable en el caso en que acá la agricultura fuera estatal. Esperemos que no lo escuche el senador Lorier. Hablando en serio, la regla fiscal chilena incluye el factor cobre (y molibdeno) pero también el factor ciclo económico. Seguramente el primer factor explica la mayor parte de los ocho puntos de superávit fiscal que ellos han llegado a tener en algunos de los últimos años, pero el ciclo también contribuye al superávit, no como acá que estamos en la cresta de la ola y con déficit fiscal.

Pero yendo al centro del argumento, un tope sobre la deuda no es una regla fiscal contra cíclica sino todo lo contrario, es pro cíclica. Fijar una cifra tope de aumento de la deuda pública en un contexto en el cual la economía termina creciendo mucho más de lo previsto y con ella la recaudación, implica en última instancia mantener fijo el resultado fiscal. Y en la medida en que la recaudación resulte mayor, toda ella se puede gastar sin que cambie el resultado fiscal previsto ni la magnitud del aumento de la deuda. Que es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro país en los últimos años cada vez que se ha definido la existencia de un "espacio fiscal adicional" debido al mayor crecimiento económico y se lo ha gastado. Y como seguramente volverá a suceder en la próxima Rendición de Cuentas cuando se contraste el crecimiento de 2010, de 8,5%, con el de 6,5% supuesto en oportunidad de la aprobación de la Ley de Presupuesto. O el de 4,5% previsto entonces para 2011 con el crecimiento que ahora se estime para el año en curso.

En definitiva, los argumentos expuestos dan para entender un poco mejor la lógica que está detrás de las políticas en aplicación, pero son parciales y endebles y siguen sin darles un fundamento sólido. Más que esto, parecen ser una elaboración funcional a las políticas vigentes.

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