Hay algunos precios en Uruguay que si se expresan en dólares asustan por lo distante que se encuentran con respecto a los niveles que todavía están en nuestra cabeza como razonables. Hay que considerar que lo que hasta hace un tiempo era una relación muy favorable para los extranjeros, en los últimos años se ha convertido en una relación muy pareja. Para ello basta con pensar en lo caro en dólares que resulta en Uruguay hoy un metro cuadrado de construcción, un alquiler, los sueldos en las empresas, los honorarios profesionales o una hectárea de campo.
En la actualidad, no hay gran diferencia entre un apartamento en Punta del Este o en determinadas zonas de Florida en Estados Unidos. Vivir en Madrid implica la misma cantidad de dinero que sostener un nivel de vida similar en Montevideo. Nuestros puntos de referencia, por lo general, están en los precios de un par de años atrás y la diferencia es muy grande.
Es una situación que justifica un análisis para determinar si el nivel actual es sostenible o si se trata de la antesala de un ajuste. Para ello se puede lograr una aproximación a través del concepto macroeconómico que involucra a las grandes variables agregadas de la economía. Otra forma de aproximarse al análisis es lo que se denomina tipo de cambio real bilateral que, basado en la paridad de compra entre dos países, determina cómo ha evolucionado el tipo de cambio.
MACROECONOMÍA. En una economía de tamaño pequeño y que se encuentra abierta a los negocios con el mundo, hay una relación macroeconómica muy marcada entre el tipo de cambio real y el salario real. En el Gráfico Nº 1 se ilustra esta relación en los últimos diez años en los que ha pasado de todo y coincidiendo con lo que dice la teoría, muestra una relación inversa entre tipo de cambio real y salario real. La suba del salario real tiene como correlato una caída en la medida del tipo de cambio real.
Esto es por la relación que existe en la economía entre los bienes y servicios que no son transables internacionalmente que por lo general poseen un componente muy fuerte de mano de obra.
Otra forma de analizar el tipo de cambio real es a través de la observación de la evolución de los precios de los bienes y servicios transables o comercializables internacionalmente con los que por distintas razones no lo son. Si los precios de los bienes transables aumentan más que los de los no transables, es una medida de que el tipo de cambio real está mejorando. Lo contrario sucede cuando esta relación disminuye Si se toman los bienes y servicios del IPC y se excluyen las tarifas públicas para construir una relación de precios transables con no transables se observa una evolución similar a la medida del tipo de cambio real del Gráfico Nº 1. Los últimos seis meses terminados en mayo están un 12% por debajo del promedio de 2006 y 2007. Comparando con otro período de crecimiento explosivo como fue 1998, el último semestre es un 7% inferior.
La situación actual del tipo de cambio da a entender que, por lo menos, se debería observar una moderación en el ritmo de crecimiento del salario real. No parece sostenible una mayor pérdida de valor real del dólar en relación al peso. Si por alguna circunstancia se presiona al alza al salario real por encima de las ganancias de productividad de la economía, entonces el tipo de cambio real seguirá bajando y con seguridad los desequilibrios macroeconómicos se solucionarán con una crisis.
BILATERALES. Otra forma de analizar el tipo de cambio real es a través de las relaciones bilaterales con los principales socios comerciales de los precios en las dos economías medidos en dólares a través de los tipos de cambio libres en ambos mercados. Esta estimación se presenta mensualmente por parte del BCU a través de un índice que a nivel global registra en los seis meses terminados en mayo del 2011 una caída del 22% en comparación con el promedio del 2006-2007.
Esta evolución de mediano plazo surge de comportamientos muy diferentes entre los países de la región con los extra-regionales. En promedio, la caída con la región medida por el promedio ponderado de Argentina y Brasil fue de 14% mientras que la comparación con el promedio de los restantes socios comerciales significativos fue una caída del 30%.
En el Gráfico Nº 2 se presenta la evolución de tres países representativos de lo que es el resto del mundo cuando hablamos de lo que está fuera de la región: Alemania, China y Estados Unidos. No hay grandes diferencias entre ellos y los tres cuentan la misma historia. A la salida de la crisis, el nivel era muy alto y desde entonces ha venido bajando. El valor 100 de los tres índices se ubicó en el promedio de 2003 a 2010 y coincide bastante con lo observado entre 2006 y 2007. En la actualidad, estamos en el orden de un 30% por debajo de dicho nivel pero casi en la mitad de lo que teníamos cuando salimos de la crisis.
REGIÓN. Al analizar los países vecinos se observa que mientras Brasil está relativamente estable, hay una pérdida muy grande con Argentina. Esto parece imposible para el nivel de relacionamiento que existe entre ellos. Algo anda mal con este índice y claramente se trata de la mentira oficial del Indec sobre la inflación en Argentina.
Es posible que existan desfasajes en los precios relativos entre los países, pero mientras el tipo de cambio real de Uruguay con Argentina perdió 34%, con Brasil apenas perdió 6%. Hay muchos brasileños y uruguayos caminando por Florida pero no como lo pronosticaría la evolución del tipo de cambio real.
En el Gráfico Nº 3 se presenta la evolución del tipo de cambio real con Argentina en base a la información de la inflación oficial. Junto con la misma, se hace una simulación de cómo hubiera evolucionado el indicador si desde 2007 la inflación oficial hubiera tirado para abajo la medición en 7% anual. Las estimaciones privadas señalan desvíos que van desde este nivel al 15% anual promedio.
La historia corregida con Argentina suena más razonable y, de todos modos, hay una pérdida de competitividad. En este caso, tomando como referencia 2006-2007 sería del 13%. Mucho más cerca de la pérdida del 6% que se observa en relación a Brasil.
Con el vecino del norte la evolución es mucho más pareja. A pesar de la leve reducción que se acumuló, en términos gráficos hay mucha estabilidad. Por lo tanto, lo que nos pasa a nosotros es reflejo de lo que le está pasando a ellos: los precios en dólares están subiendo a niveles desconocidos.
Se le echa la culpa al ingreso de capitales y es cierto que tienen incidencia, pero no hay que soslayar que es muy fuerte el cambio de portafolio de los locales, que salen de la moneda extranjera y vuelven a la nacional.
La evolución del tipo de cambio real con Brasil es tan pareja a lo largo del tiempo que solamente admite una relación macroeconómica muy fuerte o una decisión de política cambiaria en Uruguay para pegar el peso al real. Esta última no ha sido explícita por el gobierno pero en los hechos hay una clara similitud en la evolución.
Es interesante observar las expectativas de los dos mercados que por un lado parecen tan distantes pero, en los hechos, para nuestra realidad se encuentran muy cerca. En el Gráfico Nº 4 se presenta la evolución trimestral de las expectativas del valor del tipo de cambio al final de 2011 en Brasil y en Uruguay. El primer dato corresponde a lo que esperaban los analistas en los dos mercados en marzo del 2010: R$ 1,85 en Brasil y $U 21,50 en Uruguay. Con el paso del tiempo, las expectativas van bajando y al cierre de junio del 2011, cuando faltan seis meses para que culmine la predicción los valores son: R$ 1,60 y $U 18,50.
Lo asombroso es cómo coinciden las evoluciones de las expectativas y que en cada caso lo que se pregunta es sobre el tipo de cambio del dólar, no sobre el tipo de cambio bilateral entre los dos países, que en estas circunstancias daría una proyección estable.
PERSPECTIVAS. La expectativa del salario real ascendente hace pensar que el tipo de cambio real seguirá bajando, aunque más lentamente.
Mirando la relación con otros países, pensamos que lo de Argentina no está muy distante de lo que ocurre con Brasil y que este mercado es el que domina los movimientos en los precios relativos.
A modo de expectativa, no vemos espacio para una política unilateral con el tipo de cambio en el vecino país pero no extrañaría nada que de a poco se impongan medidas de política comercial y controles estatales para sostener la competitividad.