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El crecimiento del empleo, los salarios y las nuevas cargas para financiar la salud son fuentes que sustentan el ascenso de los ingresos tributarios
HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
En el último año, los ingresos del gobierno consolidado, esto es, el Gobierno Central y el BPS, se incrementaron 6,6% en términos reales respecto a 2010. Se trata de un aumento levemente superior al del nivel de actividad (la mediana de las expectativas del mercado sitúan la variación del PIB en 6,3% en 2011), lo que determina una mayor presión fiscal sobre la economía.
De hecho, la recaudación tributaria ha aumentado a lo largo de los últimos años, fundamentalmente por aquellos impuestos cuya base imponible son las retribuciones personales (IRPF, aportes patronales y personales a la seguridad social y a la salud), debido al dinamismo que muestra el mercado laboral.
La fase expansiva del ciclo económico por el que atraviesa la economía uruguaya (fundamentalmente hasta el primer semestre de 2011) y la particular coyuntura de precios relativos, también han influido en la mayor presión fiscal. El incremento del ingreso de los hogares en un contexto de apreciación cambiaria propició el gasto en bienes duraderos, siendo el ejemplo más notorio el de los automóviles 0km, cuyas ventas superaron en el pasado año las 51.000 unidades, lo que constituye un récord. En momentos de fuerte crecimiento económico y elevado consumo de las familias, la recaudación tributaria crece más que proporcionalmente de lo que lo hace el ingreso o el producto de la economía. En términos técnicos, la relación entre ambas variaciones porcentuales se denomina elasticidad y el valor observado es superior a la unidad.
Algunas de estas fuentes son de carácter permanente y otras coyunturales pero, en todo caso, las posibilidades de que siga aumentando la presión fiscal son cada vez menores, a riesgo de las distorsiones que ello pueda llegar a generar. En un contexto de desaceleración en el ritmo de crecimiento del nivel de actividad como el actual, se exige prudencia en materia de gastos.
Pensando en la competitividad a futuro de la economía, lo que se exige es mayor calidad de servicios del Estado por cada peso gastado.
EVOLUCIÓN. Para analizar la presión fiscal estudiaremos no solo la trayectoria que ha tenido la recaudación de la DGI, sino también la del BPS y la de comercio exterior.
La presión fiscal se situó en 25,5% del PIB en el año que acaba de finalizar (ver Gráfico N° 1). La DGI es responsable de 17,6 puntos, el BPS 6,7% y el comercio exterior del restante 1,2%.
Con respecto al BPS hay que hacer algunas puntuaciones. La recaudación que se publica mensualmente incluye una serie de fondos que no corresponden a este organismo, sino que son posteriormente transferidos a sus destinatarios. Se trata de los aportes que realizan los trabajadores a las AFAP y los pagos que realizan por concepto del seguro de salud. Pero por ser contribuciones de carácter obligatorio, con un impacto similar a un impuesto, las incluimos en este análisis.
A su vez, las cifras divulgadas no incluyen los aportes del sector público (como contrapartida en el gasto se registran las remuneraciones líquidas, por lo que no se afecta el resultado final). Ello agregaría aproximadamente 4 puntos más a la presión, la que correctamente medida ascendería al 30% del PIB.
Si comparamos el dato observado de 2011 (25,5%) con el de 2008, vemos que la presión fiscal aumentó 1,7 puntos del PIB. De ese total, 1,2 puntos corresponden al BPS, casi medio punto a la DGI y menos de 0,1 puntos a la tributación al comercio exterior.
La mayor recaudación relativa del BPS tiene su explicación en el mayor dinamismo del mercado laboral, los incentivos al blanqueo derivados de la reforma de la seguridad social de 1996, la mayor eficiencia del organismo y, en los últimos meses, en los mayores aportes al Fonasa. En efecto, a partir del pasado mes de julio comenzaron a aportar los profesionales que ejercen en forma independiente y quienes hasta ese momento lo hacían a una caja de auxilio.
El aumento de la recaudación de la DGI se debe básicamente al desempeño del IRPF, que explica las dos terceras partes del incremento total del organismo.
De hecho, si consideramos la totalidad de los impuestos y los clasificamos según la base imponible (gasto, retribuciones personales, rentas no salariales y propiedad), son aquellos que gravan a las retribuciones (BPS e IRPF) los que más crecen, explicando 1,5 puntos del incremento total (1,7 puntos del PIB).
La imposición al gasto y a las rentas no salariales explican cada una 0,1 puntos (ver Gráfico N° 2).
Tal evolución merece algunos comentarios. Se desprende, en primer lugar, que fue el incremento de la masa salarial la principal fuente de explicación del aumento de la recaudación impositiva (ver Gráfico N° 3). Dado el actual nivel de empleo (tasa de empleo prácticamente estabilizada a lo largo del último año), las perspectivas de que la recaudación siga aumentando por esta vía son cada vez menores.
Por otra parte, si bien el incremento se explica por los salarios, el gasto es la principal fuente de recaudación. Desde este punto de vista también parece que la tendencia es hacia una desaceleración. El gasto en bienes duraderos pronto comenzará a frenarse (la venta de autos nuevos no puede seguir al ritmo del último año).
En definitiva, no hay mucho margen para aumentar la recaudación. Los salarios y el gasto son las bases imponibles por excelencia de cualquier sistema tributario, ya que se trata de fuentes relativamente cautivas, fáciles de fiscalizar y con un flujo de dinero constante. No obstante, si la presión tributaria es excesiva, como parece ser la uruguaya, dichas fuentes pueden dejar de ser cautivas, al menos en parte.
Tal vez, una de las explicaciones a la casi nula tasa de crecimiento de la población sea precisamente la elevada presión sobre las retribuciones, sobre todo en aquellos ciudadanos más activos y emprendedores (a los que más se está gravando) que, ante una calidad insuficiente de contraprestaciones por parte del Estado, prefieren tentar suerte en otros horizontes.
ÚLTIMO AÑO. Los ingresos del Gobierno Central ascendieron al equivalente de US$ 9.863 millones en 2011. En poder de compra, ello significó un incremento de 5,2% en relación a lo obtenido en 2010.
De ese total, US$ 8.200 millones provienen de los impuestos que recauda la DGI, que se incrementaron 5,6% en términos reales en el último año.
El porcentaje de aumento de los impuestos que recaudó la DGI en el último año fue inferior al del PIB.
Ello parece contradecir lo afirmado anteriormente en esta misma nota, cuando se señaló que dada la fase del ciclo que atraviesa la economía, la elasticidad es superior a la unidad. Hay una explicación para ello. En el último año (2011) los impuestos que pagaron las empresas públicas fueron inferiores a los realizados en el año anterior, debido a fenómenos puntuales. Si se miran por separado los aportes del sector privado, se constata que aumentaron a un ritmo superior al del PIB (7,1%).
Los gravámenes que más incidieron en este aumento fueron el IVA (el más importante de todos), el Imesi, el IRPF y el IRAE (ver Gráfico N° 4).
El IVA que recayó sobre los privados aumentó 7,3% en términos reales, con un fuerte aumento en el impuesto a las importaciones y un crecimiento moderado en el que recae en las ventas internas.
La recaudación de Imesi aumentó 9% en términos reales en el último año. El componente que más aumentó es el que grava los combustibles. Aquí operó el mayor consumo de la población (aumento del parque automotor y mayor uso del vehículo), ya que las tarifas estuvieron rezagadas.
El Imesi automotor presentó una tasa de crecimiento, si bien importante, inferior, del 9% real. Esta tasa es incluso inferior al incremento de las ventas de automóviles 0km. Aquí operó el cambio en las tasas del impuesto según la cilindrada de los vehículos, que cayó para aquellos más pequeños que fueron los de mayor aumento de ventas.
La recaudación del IRPF aumentó 14,6% en términos reales. Por su parte, el IRAE cayó 5,8%. Sin embargo, la recaudación correspondiente al sector privado mostró un crecimiento real de 3,6%.
Por su parte, la recaudación del BPS ascendió a US$ 3.105 millones en el último año, lo que representa un incremento del 11,4% en términos reales con respecto a 2010, reflejando el dinamismo del mercado laboral, y los nuevos aportantes al Fonasa.








