Al abaratarse los bienes de consumo, en lo que juega un papel importante, pero no único, la producción china que ha invadido al mundo, se ha generado una "sociedad de bajo costo". Ese fenómeno, junto al aumento del crédito de consumo, ha dado lugar a una movilidad social ascendente, que es relevante en el crecimiento de las clases medias en la región. Esta interpretación se desprende del diálogo con el sociólogo uruguayo Rolando Franco, ex director de la División de Desarrollo Social de la Cepal. El entrevistado, radicado en Chile, es coautor con Martín Hopenhayn, y Arturo León del libro "La clase media en América Latina. Retrospectiva y nuevas tendencias" (Siglo XXI, 2010) y del reciente artículo "Crece y cambia la clase media en América Latina: una puesta al día", publicado por la Revista de la Cepal. A continuación, un resumen de la entrevista.
-¿Quiénes componen la nueva clase media en Latinoamérica?
-Aristóteles decía que la clase media está formada por los que están en el medio. Aparte de lo tautológico de esta afirmación, el problema a resolver es dónde empieza y dónde termina "el medio". Y en esto no hay unanimidad. Se usan distintas definiciones que confieren tamaños diferentes a la clase media. Por eso, más que el valor cuantitativo específico de cada intento de medición, lo más importante son las tendencias.
-¿Cómo se define la clase media en el estudio del cual Ud. es coautor junto con Martín Hopenhayn y Arturo León?
-Definimos la clase media combinando dos variables. Una de ellas es la ocupación del principal perceptor de ingresos del hogar. Tradicionalmente este criterio ha sido utilizado para delimitar "clases" o estratos. Así se identifica un estrato alto, compuesto por empleadores y rentistas; el medio, integrado por trabajadores no manuales y profesionales; y el bajo, de asalariados manuales.
La otra variable es el ingreso del principal perceptor de ingresos del hogar. Según este factor, la clase media estaría constituida por los hogares que perciben como mínimo recursos equivalentes a 4 líneas de pobreza -una línea de pobreza es el costo de una canasta básica de alimentos multiplicada por un coeficiente, denominado de Orshansky, quien ideó este procedimiento de medición de la pobreza, trabajando para el Bureau of Census estadounidense- que varían según el país, y como máximo un valor similar al del percentil 95 de la distribución del ingreso. Así es que el 5% superior correspondería a la clase alta, mientras que el estrato bajo lo formarían hogares con ingresos inferiores al monto de las líneas de pobreza indicadas. El estudio que se comenta incluye a diez países, entre los que no está Uruguay porque no se dispuso de información comparable.
-¿Se ha podido observar una expansión más fuerte de los estratos medios en América Latina a partir del alza de los precios de los commodities en el mercado mundial?
-Hubo un gran aumento del número de hogares de clase media entre 1990 y 2006, lo que concuerda con lo sucedido en otros países emergentes. Estas naciones estaban rezagadas respecto al mundo desarrollado en la ampliación de la clase media y el gran proceso de crecimiento económico que están viviendo se traduce en la ampliación de los sectores medios. Cabe recordar que Sudamérica se encuentra en un nuevo período de crecimiento hacia afuera, tal vez similar al vivido hasta la crisis de 1929, aunque con una diferencia crucial: el "centro" que lo dinamiza ya no es Gran Bretaña o Estados Unidos, sino China.
Sin duda, los altos precios de los commodities han sido responsables de las altas tasas de crecimiento latinoamericanas. Es probable que el período de estos altos precios se mantenga por un tiempo prolongado, pero también es posible que haya crisis y quiebres en esa tendencia. Por ello, los gobiernos deberían ser cuidadosos en la administración de los excedentes que se generan en el ciclo de alza, y precaverse para la época de las vacas flacas. Por otro lado, debe recordarse que también se ha encarecido el costo de la canasta básica de alimentos, incluso en los países productores y exportadores de alimentos, lo que afecta fuertemente los costos de subsistencia de los sectores menos favorecidos.
Cambios
-¿Cuáles han sido los grandes cambios que ha experimentado la clase media en América Latina?
-Los hogares de clase media en los países analizados pasaron de 9,3 millones en 1990 a 20,8 millones en 2007. En Brasil, los estratos medios, que estaban formados por 23 millones de personas al comienzo del período, pasaron a ser 61 millones a fines del mismo. Eso provocó un enorme crecimiento del mercado e impulsó también un gran efecto de demostración que se tradujo en un auge del consumo.
El análisis mostró que a mayor nivel de desarrollo, es también mayor el estrato medio. Pasa de solo 25% en Honduras a más de 50% en Argentina o Chile y, por supuesto, también debería suceder así en el caso uruguayo. Asimismo, en la muestra de países estudiada aumentó la proporción de hogares de clase media en relación al total de hogares, salvo en Argentina donde bajó de 56% a 52%.
-¿Qué modificaciones de tipo demográfico y social de importancia para la estratificación social se registraron en el período estudiado?
-En la "historia larga", las familias redujeron el número de hijos, al tiempo que las mujeres se incorporaron de manera creciente al mercado laboral. En consecuencia, hubo un mayor número de perceptores de ingreso y un menor número de dependientes, lo que incrementó el ingreso per cápita del hogar y, consecuentemente, disminuyó la pobreza. También aumentó el crédito para consumo y hubo un abaratamiento generalizado de ciertos bienes y servicios, en lo que ha jugado un papel importante, pero no único, la producción china que ha invadido al mundo. Se generó así una "sociedad de bajo costo", como la denominan los investigadores Gaggi y Narduzi. Todo ello promovió una mayor movilidad social ascendente y, en consecuencia, el crecimiento de las clases medias.
En la "historia corta" -esto es, durante los primeros años del siglo XXI- hubo un crecimiento económico inédito acompañado de creación de empleos, mejoró moderadamente la distribución del ingreso y siguió disminuyendo la pobreza.
-¿En qué medida esos cambios han alterado los valores, aspiraciones y la identidad de clase de las sociedades de América Latina?
-Se dan simultáneamente procesos de homogeneización y de heterogeneidad. Se popularizan, como ya mencionamos, ciertos bienes de consumo que antes eran muy exclusivos, lo que genera una sensación de "igualación" porque casi todas las personas pueden acceder a ellos, ya sea en sus versiones legítimas, como en sus sucedáneas. Por otra parte, surgen nuevas categorías laborales relacionadas con la globalización y la interconexión mundial, lo que fragmenta a la clase media en grupos diversos. El quiebre principal se produce entre quienes poseen las habilidades necesarias para desempeñar las nuevas ocupaciones y los que no las tienen; o sea, competitivos versus no competitivos. La pertenencia a un grupo deriva de poseer ciertas aptitudes y de la capacidad de asumir riesgos, lo que permite desenvolverse en la sociedad globalizada; otros, en cambio, padecen la obsolescencia tecnológica y educacional, y deben enfrentar dificultades frente a un mercado laboral cambiante.
Características
-¿Cómo se puede describir el perfil de un hogar de clase media latinoamericano?
-No hay una única clase media latinoamericana. Por un lado, existe una difusión general de bienes de consumo entre los sectores medios, e incluso bajos. El teléfono móvil y otros bienes electrónicos son el ejemplo más común. Por otro lado, los sectores competitivos y relacionados con la globalización tienden a adoptar pautas de conducta, gustos, modas, formas de comportamiento, uso de instrumentos y artefactos más sofisticados, similares a los que utilizan sus congéneres del mundo desarrollado. Al incorporarlos, se distancian de otros sectores medios de su propio país, que tienden a mantener características tradicionales, aunque también sean afectados por los cambios culturales derivados de la globalización.
Es interesante acotar que, por ejemplo, en los países andinos -según estudios realizados por el peruano Rolando Arellano- los nuevos sectores de clase media de origen indígena instalados en las ciudades tienden a mantener muchos elementos de su cultura tradicional, tales como la música y la gastronomía, y no se sienten atraídos por migrar a barrios tradicionales más acomodados, es decir, no "copian" los comportamientos propios de la clase media urbana, que era un rasgo que tradicionalmente se destacaba como propio de sectores aspiracionales. Esto contribuye también a la heterogeneidad del conglomerado medio.
-¿El crecimiento de la clase media ha sido uniforme durante el período analizado?
-El estudio solo comparó dos momentos en el tiempo: 1990 y 2006. No analizó los cambios habidos entre esas puntas. Sin embargo, es evidente que se dieron variaciones, cambios de ritmo y retrocesos a lo largo de esos años. Hubo crisis económicas importantes que afectaron de modo diferente a cada país. Para apreciar tales cambios puede analizarse el caso argentino. En 1990-1999 hubo alto crecimiento económico pero con una débil creación de empleo y altos niveles de desempleo. La crisis 1999-2002 incrementó el desempleo y revirtió avances anteriores. De 2003 en adelante se registró un crecimiento muy importante acompañado de la creación de puestos de trabajo, que contribuyó a volver a ampliar la clase media. Una evolución similar, no igual, puede sugerirse para el caso de Uruguay. La reciente crisis de 2008, a su vez, incidió fuertemente en México y Centroamérica por ser economías más ligadas a Estados Unidos, mientras que tuvo un impacto menor en Sudamérica.
Clase media precaria
-¿Qué posibilidades tienen los integrantes del estrato medio bajo, o sea la llamada "clase media precaria", de mantenerse dentro del sector medio?
-Hay un conjunto de hogares que por la ocupación es de clase media, aunque no lo sea por su ingreso. Su situación en este último aspecto es similar a la de muchos asalariados manuales y cuentapropistas de baja calificación, que son considerados de clase baja. En torno a la línea divisoria entre clase media y clase baja pueden encontrarse "trabajadores manuales [que] disponen de más conocimientos que muchos trabajadores de clase media, obtienen mayores ingresos y generan aspiraciones de movilidad social más definidas. En general (…) la condición de trabajador manual no excluye una eventual pertenencia a la clase media, dependiendo de la industria, la localización y la cultural del entorno laboral y social. Los trabajadores competitivos tienden a generar unas expectativas, una visión del mundo y unas demandas políticas distintas a las que generan los trabajadores no competitivos", según el sociólogo argentino Manuel Mora y Araujo.
-¿El capital educacional continúa siendo clave para acceder a los estratos medios?
-El haber alcanzado el umbral educativo que asegura una alta probabilidad de mantenerse fuera de la pobreza son los doce años de instrucción formal. Debe quedar claro que ese nivel no deriva de una decisión normativa, sino que surge de analizar la información de las encuestas de hogares respecto a la situación laboral que tienen las personas según el nivel educativo cursado.
Un símbolo de identidad uruguaya
-La clase media ha sido un símbolo de identidad uruguaya. ¿Lo sigue siendo tanto en cantidad como en calidad?
-Creo que lo sigue siendo, positivamente, en algunos aspectos. Uruguay es el país más igualitario de la región, en cuanto a la manera en que las personas se relacionan entre sí. Esto tiene que ver con sus orígenes históricos, la relativa marginalidad del país, la ausencia de grandes civilizaciones al momento de la colonización europea lo que evitó el surgimiento de un "dualismo estructural", y la enorme importancia de la migración europea, que desfondó las débiles formas jerárquicas preexistentes y fue un elemento fundamental de igualación social. El trato horizontal igualitario entre las personas es muy notorio para los extranjeros que visitan el país, y que lo ven con sorpresa y admiración. No sucede en otras partes de América Latina. Y ese tipo de comportamiento social difundido se expresa en el ser o sentirse de clase media.
-La mayoría de los uruguayos, tanto los empresarios, altos ejecutivos, profesionales independientes, etc. como los asalariados, se autodefinen como pertenecientes a la clase media. ¿A qué obedece esa predisposición?
-Siguiendo con lo dicho antes, creo que influye el hecho de que la clase media uruguaya siempre ha sido bastante amplia, y que muchos de quienes hoy podrían considerarse de clase alta se formaron en hogares de ingresos medios y mantienen esa adhesión. La temprana difusión de la escuela, y no exclusivamente la pública, reforzó sin duda la sensación de igualación. Pero el que todos se digan de clase media también deriva de que existen en el país mecanismos de control social, según los cuales es mal visto y genera rechazo definirse como de clase alta.
El mito de la igualdad no es real por el lado de los ingresos
-¿No existe una brecha muy ancha en los ingresos entre el estrato medio alto y el medio bajo en la sociedad uruguaya que se jacta de ser igualitaria?
-En el campo económico, puede decirse que predomina el mito de la igualdad, que no es real, al menos por el lado del ingreso. Si bien los indicadores de desigualdad-igualdad del ingreso según el coeficiente de Gini muestran que Uruguay es más igualitario que sus vecinos, no lo es cuando se lo compara, aunque más no sea con los países europeos mediterráneos, ni qué decir en relación con los nórdicos.
Esto lleva a veces a sostener que hay que compararse con la región y no fuera de ella. Así ha sucedido por ejemplo con los resultados de la prueba PISA, cuando un jerarca planteó limitar la comparación con el entorno cercano. Esto podría dejarnos tranquilos, porque la mayoría de los países latinoamericanos muestran resultados peores que el Uruguay. Pero nuestro país está estancado y en retroceso, mientras otros están mejorando. Así es que en la medición PISA de 2009, Chile nos ha superado e incluso México lo ha hecho por lo menos en el test de lectura. Elegir "partners" de pobre desempeño implica conformarse con ser campeón de la tercera división, como dijo alguien. Y es una mala opción, porque disminuye los incentivos para mejorar.
-¿Cómo podría atenuarse la desigualdad social en Uruguay?
-Está de moda sostener que el principal desafío no solo de Uruguay, es lograr avances en igualdad. Sin duda, es importante como objetivo; el problema consiste en cómo lograrlo. Por lo general, se plantea subir los impuestos y efectuar transferencias a quienes están en la parte baja de la distribución del ingreso. Esa es una visión simplista del problema que trata de paliar las consecuencias, sin modificar las causas. La cuestión de la desigualdad radica en que las personas van haciéndose desiguales a lo largo de la vida, acumulando diferencias desde antes del nacimiento, es decir si hubo o no control del embarazo, lo que sigue según el hogar de origen, el tipo de escuela, o sea si entrega o no los conocimientos requeridos para poder desempeñarse decorosamente en el mercado laboral y funcionar como un ciudadano responsable, etc. Conseguir una mayor igualdad exige que en cada fase del desarrollo infantil y juvenil, las políticas sociales contribuyan a compensar la situación de quienes muestran carencias y que para ello los recursos disponibles se utilicen con eficacia y eficiencia.
La difusión mundial de los programas de transferencias condicionadas, vale decir, de dar bonos a cambio, supuestamente, de cumplir condiciones -tales como enviar a los niños a la escuela y similares- que en general no se controlan, se ha convertido en un canal de clientelismo político, en muchos lados. Además, esos mecanismos ineficaces de redistribución ineficaces generan incentivos inadecuados y perjudican a la clase media, que es la principal afectada por las alzas impositivas.
Ficha técnica
Rolando Franco Díaz, uruguayo, es doctor en derecho y ciencias sociales por la Universidad de la República, y máster en sociología por Flacso (Chile). Entre 1994 y 2004 fue director de la División de Desarrollo Social de la Cepal en Santiago. Es autor de 30 libros sobre sociología del desarrollo, políticas sociales y gestión pública, entre ellos, "Gestión social. Cómo mejorar eficiencia e impacto de las políticas sociales" y "Sociología del desarrollo, políticas sociales y democracia. Estudios en homenaje a Aldo E. Solari", editados por Siglo XXI, en México.