YPF, otro típico zarpazo argentino

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JOSÉ LUIS ESPERT | DESDE BUENOS AIRES

La convertibilidad estalló por el mismo motivo por el cual hoy la Argentina del "modelo productivo" es campeona del mundo en inflación, un gasto público que sube de manera vertiginosa (más en la fase alcista del ciclo), genera déficit fiscal, éste se financia con deuda externa en los noventa o emisión monetaria hoy.

Nada tuvieron que ver con la crisis 2001-2002, algunos estigmas noventistas como la apertura de la economía al mundo, alguna regla de juego más o menos del capitalismo competitivo, las privatizaciones, un BCRA independiente y la libertad de mercados. Insisto, aquel desastre fue, como el fin de "la tablita" y la hiperinflación de 1989 hijo de un despilfarro fiscal previo que duró demasiado. Ni los "ortodoxos" de los noventa y mucho menos los heterodoxos del presente K, lo supieron entender.

Sin embargo, una de las primeras cosas que se hicieron en 2002, fue reimplantar las retenciones a las exportaciones, impidiendo que el productor local de exportables gozara de los precios internacionales con el argumento de capturar la "renta extraordinaria" (claro, las rentas del etrusco proteccionismo industrial son "remuneración al trabajo argentino"). Los impuestos a la exportación fueron seguidos por la imposición de límites al peso de la faena vacuna (Roberto Lavagna), cierres de los registros de exportación, la intervención del Mercado de Hacienda de Liniers, el de Frutas y Verduras, los acuerdos corruptos entre gobierno, molinos y traders de granos para pagarle al productor local de trigo y maíz hasta un 30% menos que el precio internacional (menos fletes y retenciones), etc.

Así, los mercados "Morenizados" (o sea, apretados, controlados, manipulados y rotos) dejaron de reflejar precios reales de demanda y oferta. La demanda pasó a ser artificialmente alta y la oferta artificialmente baja, con sus negativas consecuencias. Por ejemplo, "servir barata la mesa de los argentinos" terminó siendo un chiste de mal gusto. Hoy la leche en sachet entera que paga el consumidor local sale el disparate de $ 4,50, hasta 30% más que en muchos países de Europa con tres veces nuestro PIB per cápita, mientras que nuestro productor recibe la miseria de $ 1,50. La diferencia de 200% queda en la famosa "cadena" (industria, distribuidor, transportista, mayorista, minorista, el Estado, etc.).

En el mercado de los combustibles, hoy en la picota por la decisión del gobierno de reestatizar YPF, las políticas oficiales en los casi nueve años de kirchnerismo han provocado que las reservas de gas cayeran 55% y las de petróleo 15% (en el mundo y la región hubo una gran expansión) y en 2012 el déficit de la balanza comercial energética puede llegar al récord histórico de los US$ 7.000 millones. Todo esto con el precio del crudo en un nivel extraordinariamente alto y con un mundo que, con sus dificultades, sigue creciendo a una tasa más que razonable y demandando combustible.

Obvio, con un mercado intervenido, regulado y en los últimos cuatro años con YPF distribuyendo el 90% de las utilidades (en vez de solo el 25% y reinvertir el resto) y el productor recibiendo solo el 55% del precio internacional del crudo y el 25% en el caso del gas (por el sistema de retenciones establecido en octubre de 2007), en vez del 100%, no se podría esperar otra cosa que la pérdida ocurrida del autoabastecimiento energético. Nafta para todos.

En el mercado de carne vacuna el gobierno ha destruido a la ganadería de cría y provocado una caída de más de 10 millones de cabezas en el stock en cuatro años. Sin embargo, ahora se preocupa por la salud de los frigoríficos, al punto que acaba de bajar las retenciones a las exportaciones de termoprocesados. Carne para todos. Cualquiera.

Por otro lado, en 2011, por la fuga de capitales y en mucha menor medida por el crecimiento de las importaciones (producto del inflador interno de déficit fiscal, tasas de interés reales negativas y salarios subiendo) el BCRA tuvo la primera gran pérdida de reservas en diez años desde la crisis 2001-2002. El gobierno se asustó mucho y en octubre de ese año reimplantó el control de cambios y en febrero pasado las declaraciones juradas para poder importar, las trabas al giro de utilidades y la contratación de servicios al exterior, etc. en un déjavu ochentista inevitable.

¿Cuál es la conexión entre el castigo a los productores de exportables y el cierre de la economía a la competencia importada, y todas las trabas habidas y por haber al natural giro de dólares al exterior (después de todo estamos en un mundo globalizado)?

POPULISMO INDUSTRIAL. El populismo, que privilegia el desarrollo industrial porque supuestamente da empleo y beneficia a los pobres (no es así porque nuestra industria hoy es muy capital intensiva), condena a los demás sectores a un rol solo de apoyo a la industria, pues considera que únicamente generan rentas para los parásitos ricos que viven en el campo o tienen un pozo de petróleo. Si por una remera de algodón, que la usan hasta los pobres, se paga mucho como hoy, no importa, es para desarrollar una "industria fuerte, nacional y popular". Este industrialismo K exige que el sector agropecuario pague retenciones a la exportación, se le cierren los registros de exportación, se prohíban las exportaciones o sufra vejaciones a manos de acuerdos espurios empujados por el gobierno, como el que actualmente ocurre en el mercado del trigo por el cual al productor se le paga 25% menos del precio internacional descontadas las retenciones y los fletes.

La idea del industrialismo "a la argentina" consiste en cerrar todo lo que se pueda la economía a la competencia importada y que el agro tenga una rentabilidad mínima para que haya alimentos baratos que aumenten el salario real y las masas urbanas tengan mayor capacidad de comprar bienes industriales. También exige que se graven las exportaciones de energía y otros insumos industriales, para que la industria tenga costos bajos y pueda "agregar valor". Y demanda que se controle el sector financiero, para que haya tasas de interés que permitan el financiamiento barato de la industria o el financiamiento del consumo de bienes industriales. También controla las tarifas de servicios esenciales para evitar la reducción del salario. Total, los subsidios que hay que pagar para que no haya que vivir con velas, lo financian la recaudación récord que generan los términos del intercambio (también hoy en récord histórico) y el impuesto inflacionario del gobierno producto de su déficit fiscal, el gran inflador de la demanda interna, ésta a su vez, el gran tótem del populismo industrial

Una década después de iniciado ese camino y a pesar de que tenemos todo a favor en el mercado mundial, sufrimos récord de inflación planetaria (y acelerándose), fuga de capitales, fuerte desaceleración de la economía, parate en la creación de empleo privado y un BCRA que se queda con solo el 20% de los dólares que compra en el mercado, producto de las dificultades fiscales del gobierno que le requieren de permanente asistencia a pesar que nunca en Argentina la presión impositiva sobre los que están en la actividad formal, llegó a 50% del PIB como hoy.

Entonces, el camino no es el adecuado. Sustituir sanas políticas fiscales, monetarias, de apertura al comercio y mercados libres por un fisco deficitario, emisión monetaria, cooptación del BCRA, controles, precios máximos, intervenciones y cierres y rupturas de mercados requiere, para que la economía funcione "bien", un mundo siempre soplando a favor nuestro, una bajísima tasa de interés de interés internacional y una soja permanentemente firme e incluso en ascenso. O sea, que Dios sea kirchnerista. Demasiado demandante, dado que somos simples humanos.

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