La Licorne. Librería Viva. Así se hace llamar este rincón de libros que va por su cuarto mes de vida. Si bien la categorización puede parecer un eslogan comercial, en realidad es un aviso previo de lo que uno puede encontrar ni bien atraviesa la puerta de esta casona de los años treinta en Punta Carretas.
Juan Grunwaldt tiene veintidós años, es poeta y el más joven de los tres propietarios de La Licorne. Es el único que vive -literalmente- en la librería y, además de compartir la tarea de venta al público, está a cargo de la administración del negocio. Explica que "hay dos modelos de librería. Una es la comercial, que se instala donde se sabe que va a pasar gente por la puerta, como es el caso de las librerías de los shoppings o de la calle Tristán Narvaja; y la otra, donde entraría La Licorne, es la que llama al público a través de actividades".
En esta librería se vive una dinámica muy particular. Siempre se está llevando a cabo algún curso, taller, show o exposición. Una de estas actividades son las lecturas en voz alta de los viernes. Proponen un tema diferente cada semana -que se anuncia en la página web- y la gente que concurre puede elegir una obra de las estanterías para leer o traer un libro de su casa. A veces también le agregamos un poco de show. Por ejemplo John y Lauren, dos escritores estadounidenses que viven temporalmente en los altos de la librería, están preparando la representación de un pasaje del drama de Shakespeare "Antonio y Cleopatra", detalla el propietario. Estas reuniones son gratis, pero generan un pequeño ingreso a través de la venta de refrescos.
ACTIVIDADES. El garage de la casa también tiene un uso múltiple, que varía según las ideas de los tres socios o los ofrecimientos, a veces sui géneris, que reciben de diferentes artistas. "Se han organizado conciertos de jazz, blues, punk rock; y ahora tenemos la propuesta de un grupo de música barroca que toca con instrumentos de época", informa Grunwaldt. Los sábados reciben a un grupo de violinistas amateurs que da clases de violín gratis. También se hacen exposiciones de arte, organizan muestras de cine y, a fines de noviembre, ofrecerán teatro para niños.
Por ahora no se cobra entrada por estos shows, aunque sí piensan pedir, más adelante, un bono colaboración por la exhibición de películas de directores de vanguardia que no se difunden en el circuito comercial. La premisa compartida por los dueños es que le deben ofrecer al público algo con lo que se sienta a gusto. "A partir de esto la gente considera que vale la pena volver a comprar un libro aquí; pero, antes que nada, hay que generar el cariño por la casa", enfatiza el poeta y empresario.
La Licorne no figura en la publicidad de diarios y revistas ni en las tandas de TV o radio. Simbólicamente, esto guarda relación con la idea de "no comercial" que defienden sus dueños, pero también genera la duda de cómo la gente puede llegar a esta casa de libros. "Hacemos mucho énfasis en lo que es el `boca a boca`. Antes de que las personas se retiren, les pedimos que, si pasaron bien, vuelvan con amigos. Y así vamos creciendo", explica el profesor Jorge González Bouzas, el socio con más experiencia. Sí figuran en internet, a través de su sitio web, en grupos de facebook y mailings. En la página difunden las actividades de la librería, pero también suben artículos sobre literatura redactados por el propio González Bouzas, análisis de temas de actualidad escritos por el periodista Daniel Supervielle, quien conforma el terceto de socios, y poesía creada tanto por Grunwaldt como por los poetas extranjeros que transitoriamente residen en La Licorne.
NEGOCIO. Cuatro meses de actividad no son suficientes para evaluar el desempeño económico de una empresa. Hasta ahora el staff de este nuevo emprendimiento se nutre de diversos datos estadísticos que se han ido generando para trazar el camino que tomará la librería en el futuro próximo. En los últimos tres meses, la venta de libros representa un 63% de los ingresos totales, lo que se traduce en unos 150 ejemplares vendidos por mes. El resto de los ingresos proviene de los cursos y talleres literarios y las membresías. Según aclara González Bouzas, se cobran cuotas anuales de 1.000 pesos por el acceso a la biblioteca del complejo, en donde se sacan libros a préstamo. El material de lectura disponible en este sector no está a la venta y, justamente, es el que los dueños consideran más valioso. "Son libros nuestros o recibidos por donaciones. Allí tenemos obras valiosas como la primera edición de `La vuelta al día en ochenta mundos` de Cortázar y también la primera impresión en alemán del `Ulises` de Joyce", explica Grunwaldt.
CLIENTELA. Hay dos perfiles de clientes en La Licorne. "Unos entran porque ven el local al pasar por la puerta; en su mayoría no son lectores exquisitos: compran como en cualquier librería y se van con un libro. El otro público es más reducido, pero más fiel. Eligen un título, leen algunas páginas en los sillones de la casa y, en otra oportunidad, vuelven a comprarlo". Esta minoría es la que adquiere más libros: en un mes visitan el local dos o tres veces. Además, son los que se llevan la "buena literatura" y el material académico, que son las bases sobre las que se asienta La Licorne. "En realidad nuestras temáticas más fuertes son la literatura universal, la poesía y filosofía y ensayos. Creo que en esta última sección tenemos verdaderas joyas que no se encuentran en otro lado", sostiene González Bouzas. Empero, lo que más vendido hasta ahora es literatura universal, cuyos ejemplares cuestan en promedio 400 pesos. Hoy cuentan con un stock de 2.300 libros a la venta, de los cuales el 40% es propio y el 60% está a consignación.
INVERSIÓN. Para llevar a cabo este emprendimiento, los tres socios partieron con un capital de US$ 25.000, que se invirtió en suplirse de libros, pagar los primeros meses de alquiler, pintar la fachada del local, comprar el software, las estanterías y los pequeños detalles de la puesta a punto para poder iniciar la actividad comercial y cultural. "El 5 de junio abrimos las puertas al público como librería, pero desde marzo ya estábamos en la casa encauzados en una `movida de marketing`: hacíamos conciertos, invitábamos a la gente a tomar una taza de café, etc.", recuerda Grunwaldt.
Hacer algo nuevo fuera del circuito librero
r La pregunta surge por sí sola: ¿por qué instalarse en Punta Carretas, fuera del circuito librero que conforman Ciudad Vieja y Cordón? "Justamente para salir de ese ámbito y hacer algo nuevo, distinto, sin envenenamientos ni influencias", contesta Grunwaldt, uno de los tres socios de La Licorne.
Como ninguno de los dueños deseaba que la librería fuera puramente comercial, admiten que no les importó demasiado el lugar a la hora de elegir. "Primero nos preocupaba encontrar una casa que permitiera realizar actividades culturales. Cuando la encontramos, la decisión fue unánime porque consideramos que acompaña el proyecto y que, además, rinde estéticamente", explica el profesor González Bouzas. Sin embargo, tuvieron en cuenta que fuera una zona accesible al público: la casa está ubicada a dos cuadras del Punta Carretas Shopping y hay una parada de ómnibus a media cuadra.