Salario creció más que productividad

| El crecimiento trajo aparejada una incremento de las condiciones exigidas para aceptar un empleo, y mayor formalización del mercado de trabajo

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Los datos relativos al mercado laboral reflejan el buen momento por el que atraviesa la economía. Los niveles de empleo se ubican en máximos históricos, al tiempo que el desempleo alcanza cotas mínimas.

Un análisis más detallado de las cifras nos permite observar tras esos datos globales tan auspiciosos, el dinamismo del mercado laboral que, al igual que la economía en su conjunto, tiene en el mercado interno uno de sus pilares. Ello repercute negativamente en los precios relativos de la economía, deteriorando el tipo de cambio real. Tal situación se compensa parcialmente por los elevados precios de los commodities que exporta el país. Un deterioro de los términos de intercambio impactaría negativamente en el ingreso, afectando así a la demanda interna.

En la presente nota analizaremos en primer lugar las cifras recientes del mercado laboral para finalizar resaltando los puntos débiles del mismo.

RÉCORD. La ocupación se ubica en el nivel más alto desde que se llevan registros, tal cual refleja la tasa de empleo, que mide el porcentaje de la población mayor a 13 años que está trabajando. Según la Encuesta Continua de Hogares (ECH), el dato a febrero del presente año se situó en 60,7, lo que determina que en dicho mes hayan sido 1.620.000 las personas que estaban trabajando. Comparando con el mismo mes del año anterior, se observa un aumento de 77 mil puestos.

El Gráfico N° 1 muestra la evolución de la tasa de empleo en trimestres móviles. La agrupación no es caprichosa. Por el contrario, procura suavizar la evolución de la serie que, debido a su propia construcción (encuesta), puede presentar variaciones importantes de un mes a otro. Se observa allí que el nivel de empleo de la economía creció sin parar hasta fines del año 2008, sufre por unos meses los efectos de la crisis internacional, para retornar a los niveles previos hacia fines de 2009. Desde entonces, se mantuvo relativamente estable hasta que a fines del pasado año vuelve a mostrar un incremento. El salto que mostró la tasa de empleo bien puede asociarse a la temporada turística estival.

La contracara del mayor empleo es el bajo nivel de desempleo, que se ubica levemente por debajo del 6% de la población dispuesta a trabajar (ver Gráfico N° 2). Se trata de 110 mil personas desocupadas.

La reducida tasa de desempleo se ve reflejada en el tipo de condiciones requeridas por quienes están desocupados a la hora de buscar un trabajo. En el último trimestre, el 55,9% de los desocupados estaban buscando un trabajo sin imponer ninguna condición. Un año atrás era el 61,4% quien no ponía condiciones.

La disminución, o su contratara de las mayores condiciones impuestas, puede tener varias lecturas. En primer lugar, que un porcentaje menor de un número de desocupados también menor no imponga condiciones habla de un mercado laboral en el que una porción creciente prefiere estar desocupado a aceptar un trabajo que no les satisface. Tal situación se produce en los momentos de bonanza, en los que las expectativas de encontrar rápidamente un empleo medianamente aceptable son elevadas (la duración promedio del desempleo es de 8 semanas). Ello es más frecuente a nivel de los jóvenes desocupados sin familia a su cargo que no tienen la necesidad imperiosa de obtener un empleo para subsistir.

Si vemos cuáles son las condiciones requeridas, la obtención de un trabajo acorde a la experiencia o el conocimiento es la más importante, seguida por un nivel salarial adecuado. Estas condiciones son típicas de personas que pueden darse el lujo de esperar un tiempo hasta encontrar un empleo acorde a lo que consideran son sus calificaciones.

Podría decirse que en materia laboral, la economía se encuentra en el pleno empleo de sus recursos. En una situación así, los suben los salarios por lo que aumenta el deseo de la gente por trabajar al aumentar el costo de oportunidad por permanecer ocioso. Pero no en cualquier actividad, sino en aquellas que satisfagan a quien ofrece su fuerza laboral.

Otro aspecto que muestra el dinamismo del mercado laboral, es la característica del empleo. Dos tercios de los puestos de la economía corresponden a empleos sin restricciones, esto es 40 horas semanales y aportes a la seguridad social en regla. En épocas de crisis, con tal de obtener un empleo, mucha gente está dispuesta a trabajar en negro (trabajo sin condiciones), y el subempleo (menos horas de trabajo de las que se estaría dispuesto a aceptar) es elevado. Cuando la economía atraviesa por una coyuntura favorable como acontece en la actualidad, aumenta el empleo formal.

La mayor formalidad debe analizarse atendiendo al ciclo económico. En épocas de crisis, los costos asociados al empleo (cargas sociales) pueden resultar muy altos.

SECTORES. El análisis de la evolución del empleo por ramas de actividad nos ayuda a entender el desempeño de esos mismos sectores, si partimos de la premisa que aquellos en los que más crece el empleo son los que presentan el mayor nivel de actividad.

El sector que ocupa más mano de obra es comercio, restaurantes y hoteles. En el último trimestre móvil generó poco más de un quinto del total (21,5%). Le siguen en importancia la industria manufacturera (13,8%), las actividades primarias en su conjunto (agropecuaria, pesca y explotación de minas y canteras) con el 10,9% del total y las actividades inmobiliarias, empresariales y financieras con 8,9%.

Pero más allá de la importancia relativa de cada sector productivo en la participación en el empleo total, que responde en última instancia a su participación relativa en la economía y a la intensidad en el factor trabajo, es la variación de la ocupación entre las distintas actividades.

En tal sentido, comparando el trimestre diciembre 2010- febrero 2011 con igual período doce meses atrás se constata un incremento del 2,7% en el número de puestos de trabajo de la economía. Pero a nivel de sectores, en algunos el incremento fue superior y en otros se registraron descensos en la ocupación. La eliminación de residuos y saneamiento fue la actividad que más creció en el período analizado (9%), seguida por la construcción y la enseñanza (7%), transporte, almacenamiento y comunicaciones (6,6%) y comercio (4,5%) (ver Gráfico N° 3).

Tal evolución es consistente con la marcha de la economía, que tiene actualmente en la demanda interna su principal fuerza de crecimiento. Esa mayor demanda permite a las empresas pagar salarios más elevados. La contracara es el deterioro del tipo de cambio real ya que los precios de los bienes no transables (el salario es el precio no transable por excelencia) aumentan más que los de los transables y hay una apreciación de la moneda. Esto impacta en la capacidad exportadora de determinadas manufacturas. No en vano el empleo en la industria manufacturera creció por debajo del promedio en el último trimestre, 1,3% respecto a igual período del año anterior.

PRODUCTIVIDAD. Para contrarrestar los aumentos salariales sin afectar la rentabilidad de las empresas, se necesitan mejoras en la productividad.

Los salarios deben evolucionar de acuerdo a la productividad marginal del trabajo. Ninguna empresa va a contratar a un trabajador adicional si el valor de lo que produce ese último trabajador es inferior al salario que le debe abonar.

Si bien conceptualmente ello es así, en términos prácticos no es fácil medir la productividad marginal del trabajo. Sí se puede medir la productividad media, esto es la relación entre la producción total y el empleo total. Un indicador de este tipo indica lo que produce como máximo en promedio cada trabajador. Y decimos como máximo, ya que si se lo toma como reflejo de la productividad del trabajo, implícitamente se está suponiendo que todo el incremento del nivel de actividad que se registre en un determinado momento responde a un uso más eficiente de la mano de obra.

Claramente ello no es así. La incorporación de maquinarias y nuevas tecnologías también contribuyen al mayor nivel de actividad, por lo que el capital también debe tener su retribución.

En tal sentido, la evolución del indicador de productividad media de la mano de obra le impone un techo al salario real, que no debe superarse so pena de afectar negativamente la viabilidad de las empresas. En el Gráfico N° 4 se observa que en el año 2009 el salario real se alejó de la productividad, corrigiéndose parcialmente el desvío en 2010.

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