Reconocer nuestras vulnerabilidades

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SERGIO ABREU

Uruguay en los últimos 30/35 años, ha mostrado tres vulnerabilidades casi en forma permanente:

- debilidad del sistema financiero, que alcanzó su máxima expresión entre 2001 y 2003, en una crisis en que estuvo involucrado el sector real no solo como causante sino también como víctima;

- tasas de inflación muy altas o altas en comparación internacional, asociadas a fuertes devaluaciones (1982-2002); y

- concentración de los ingresos externos por exportaciones limitadas a algunos sectores, turismo e inversiones. Es así que en la década de los noventa, las exportaciones en el Mercosur se concentraron en porcentajes importantes y con una amplia gama de bienes, mientras que con terceros países se observaba una concentración en algunos pocos. El turismo dependía casi totalmente de los argentinos, y estos tenían un papel relevante para el sistema financiero y en la inversión en la construcción.

De esas vulnerabilidades puede destacarse la del sistema financiero, que más allá de sus debilidades internas en materia de control y regulación siempre se expuso al impacto proveniente de las crisis financieras de la región. Luego de la crisis del 2002 y comprobando que en materia financiera la innovación precede a la regulación, las autoridades monetarias asimilaron las lecciones de las crisis de 2002 y 2008-2009.

La administración de la deuda externa ha mejorado en su relación deuda/PIB pero se ha incrementado en términos absolutos, aunque el escalonamiento y la facilidad con que se colocan nuevas emisiones, reducen el nivel de riesgo.

En materia cambiaria, después de la aplicación de los sistemas de cambio administrados, se optó por la fluctuación con intervención, sistema aplicado para contener la apreciación de la moneda. En tal sentido, los riesgos de una devaluación clásica ya no son los mismos pero el denominado atraso cambiario se mantiene con la mayoría de los mercados externos.

Si bien en las exportaciones de bienes la dependencia del Mercosur se redujo en relación a fines de la década de los noventa, en 2011 Brasil absorbió el 20% y Argentina el 7% de su valor. La diversificación de productos industriales se apoya en el mercado argentino, aunque los sectores más dinámicos y en especial los productos básicos y agroindustriales tienen por destino terceros países y en algunos casos Brasil. A pesar de los cambios en la estructura productiva y la diversificación de mercados, todavía quedan "islas" de la época de sustitución de importaciones. Hoy se enfrentan riesgos de mediana probabilidad: la caída de la demanda en países clave como Brasil y China, la caída de los precios internacionales de los productos básicos que exporta Uruguay, la contracción de las inversiones, y un agravamiento de las restricciones argentinas, que afectaría los ingresos y el empleo de empresas del sector industrial y de servicios logísticos.

La apertura de la economía fue el gran paso cualitativo que dio el país a partir de la década del noventa; los servicios incrementaron su participación en el producto y la construcción alcanzó un importante desarrollo absorbiendo todos ellos buena parte de la inversión extranjera directa y de la inversión nacional. Esta situación, si bien recoge los nuevos aspectos de la globalización de la economía, también ha aumentado la vulnerabilidad del país porque la evolución de las economías vecinas, en especial la de Argentina y sus restricciones a los flujos económicos significan un cambio importante en la metodología que la apertura incorporó, entre otras cosas, a la filosofía del originario Mercosur.

Por otra parte, el contexto internacional muestra una gran incertidumbre respecto de la recuperación de las economías de los países desarrollados, aunque se puede afirmar que la crisis europea va a requerir un mayor tiempo para su eventual recuperación que la que muestra Estados Unidos. Esta situación también puede tener sus efectos directos o indirectos en los flujos esenciales del comercio de Uruguay.

En ese contexto, deben agregarse las variables internas de la economía que deben ser analizadas como las vulnerabilidades a las que se debe enfrentar un modelo de desarrollo cuyo principal objetivo es el crecimiento persistente del producto.

La tasa de inflación, aunque moderada, está fuera del rango fijado por el Poder Ejecutivo; y esto es un problema cuando parte significativa del crecimiento del producto se debe al consumo interno, al cual contribuyen incrementos de los salarios por encima de la productividad y un nivel de gasto público que impide salir del déficit fiscal.

a. La apreciación de la moneda en Uruguay tiene que ver con la política monetaria y el control de la inflación y la oferta de divisas. La conducción económica no encontró todavía la forma de absorber los efectos del crecimiento, controlando la inflación y evitando una brecha entre el crecimiento de los precios de bienes y servicios transables y no transables.

b. La competitividad, la productividad y la innovación, marcan la diferencia entre los sectores dinámicos de la economía y los demás. La política salarial y la conflictividad laboral, centradas en el sector público y el sector industrial, constituyen riesgos para la diversificación de la producción y el aprovechamiento de los resultados de la innovación. Los sectores en "crisis" no pueden enfrentar simultáneamente las necesidades de renovación e inversión, y las demandas salariales y los efectos de los conflictos laborales.

c. La ineficacia de la gestión pública en el desarrollo de infraestructura física en todas las áreas, aumenta el gasto público y presiona la política tributaria. Es un riesgo a largo y mediano plazo, en la medida en que incide en la competitividad y en el clima social. Se agrava por la burocratización y la tendencia a utilizar esquemas complejos en la relación público-privada (como la modificación en el régimen de inversiones o los cambios en estudio al régimen de la industria automotriz).

d. En los últimos años se hicieron evidentes las inconsistencias de medidas y políticas, en cuestiones como las discusiones y medidas de política tributaria, las discrepancias entre sectores del partido de gobierno y del propio Presidente, la conflictividad laboral y pasividad gubernamental, que afectan la credibilidad interna y externa. Las dudas sobre la estabilidad de las reglas de juego y la comprobación de perforaciones a la misma alimentan los riesgos en la conducta de los agentes económicos, que en definitiva son los que contribuyen a reducir o incrementar los efectos de los eventos externos.

e. Las relaciones bilaterales con Argentina afectan la exportación de bienes industriales, la infraestructura física y el desarrollo de servicios logísticos, el turismo y la inversión inmobiliaria, e implican la pérdida de las oportunidades de una relación de vecindad nunca aprovechada en su totalidad. Las relaciones con Argentina, no se están encarando con objetividad y racionalidad, pero este es un tema que merece un tratamiento más extenso.

En suma, tenemos tres asignaturas pendientes que constituyen vulnerabilidades:

1. Transformar la estructura productiva para alcanzar una competitividad global, especialización de calidad y diversificación de los vínculos económicos.

2. Convertir al Estado en una "máquina" eficiente para ejecutar las políticas sociales y desburocratizar la relación con empresas y personas. La reforma del Estado se transformó en un proceso lento de pequeños retoques asociados a la incorporación de tecnología de gestión.

3. Consolidar la coherencia de las políticas y decisiones gubernamentales. Parte del partido de gobierno sigue afiliada al modelo de crecimiento con distribución, pero otra parte y a veces el propio Presidente buscan perforarlo sin tener uno sustitutivo. A mediano plazo, sigue siendo un riesgo un sistema donde las corporaciones impongan sus intereses a las empresas y los ciudadanos, por lo que, hacia dónde vamos hoy no tiene una respuesta objetiva y desprovista de retórica, y éste es uno de los grandes riesgos en un contexto externo frágil y cambiante.

La mejor defensa en tiempos difíciles es una estructura económica competitiva, una gestión pública eficiente y un poder político alineado y consistente que marque un rumbo definido.

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