Presupuesto: la gran piñata

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Las actuales autoridades gustan expresar que el presupuesto es la "expresión financiera del plan de gobierno". Puede que así sea con uno como el presentado, pero no solían ser solo tal cosa, al menos en Uruguay. Aquí, los presupuestos usualmente incorporaban más que partidas y asignaciones incrementales para solaz de la burocracia y algunos rentistas; fundamentalmente, establecían reformas de importancia, la única verdad y el fin último del accionar público. Sin ir más lejos, la reforma de la educación de 1995 fue realizada en el presupuesto, del mismo modo que ciertas modificaciones importantes en el sector público, que frente a lo presentado hoy se vería como una enorme reforma del Estado, la liberalización de las telecomunicaciones y otras más. Algunos de estos planes precisan dinero detrás, otros no. Es cierto, las reformas pueden hacerse por leyes separadas, pero los tiempos de concreción efectiva hacen aconsejable que el gobierno de turno aproveche la primera instancia presupuestal para encarar lo que entiende clave. Por eso, más allá de todo lo que se dice acerca del gasto público, su proyectado aumento, el optimismo avasallante o mesurado, la consistencia o no de las cifras, me parece más adecuado ver el mensaje que trasmite la ley como tal, donde la clave es develar cómo finalmente queda la estructura del gasto que, guste o no, sí define buena parte del estilo de sociedad que queremos y tendremos.

DIRECCIÓN. No voy a aburrir al lector con un análisis exhaustivo, uno a uno de los artículos que, por cierto, resultaría bien interesante, yo diría hasta impactante en algunos aspectos; concentrémonos en el concepto global. No por ello está demás comentar que realmente llama la atención la redacción y presentación de la ley y lo hace por su falta de precisión, errores ortográficos, errores de redacción, referencias inexistentes, artículos duplicados, etc. La sensación que queda de su lectura es que la ley fue finalmente una acumulación de normas, bastante inconexas, gran cantidad de las cuales fueron puestas todas a último momento, en medio de una muy fuerte "negociación" entre las diversas facciones del partido de gobierno. Realmente no se ve un plan, las reformas estructurales, claves en cualquier proceso de desarrollo brillan por su ausencia. A lo largo de 820 artículos el único cambio o reforma que percibo y realmente es muy bueno es el referido al servicio 222 de los funcionarios policiales. Allí, se apunta en la dirección correcta al disminuir las horas que estos dedican al mismo, compensación mediante. El resultado debiera ser funcionarios bastante más descansados y dedicados a su labor como policías. A mi entender es una adecuada forma de, aprovechando la abundancia de recursos, corregir una situación insostenible desde hace ya muchos años. El resto es cero en todo, en reformas, en ideas innovadoras, en cambios sustantivos, en el mejor de los casos hay mero voluntarismo, lo único que contiene son asignaciones de gastos y creaciones de cargos, sin una matriz de fondo, si se me permite "al boleo". En la exposición se anuncia un gran plan de inversiones de las EE.PP. como algo muy bueno. Me permito discrepar con la connotación que se le quiere dar, en los hechos y en caso de concretarse, la enorme mayoría de estas inversiones difícilmente pasaría el test de mercado, es decir ¿un privado las haría? Sólo servirán para imponer mayores costos a los contribuyentes y consolidar los monopolios públicos que, a esta altura, ya ni Fidel Castro patrocina.

ASIGNACIÓN. Como dijimos, el proyecto de ley presupuestal nos trae básicamente aumentos de salarios públicos, creación de nuevos puestos en el sector público, dinero para consultorías y más transferencias desde el sector público a los privados. Es más, la inversión con fondos presupuestales casi no crece, cayendo en términos del PIB. Realmente debería causar preocupación y mucha. Se ha escogido la peor forma de asignar los recursos de la sociedad.

Es cierto, no todas las consultorías que se hacen son estériles, ni los nuevos funcionarios inútiles, muchos son necesarios y muy buenos, pero el tema no son los casos puntuales sino el adicionar a lo ya existente sin una reducción concomitante y los "colados" atrás de los buenos. Tengamos presente que, estadísticamente, la proporción de mediocres crece a medida que se amplía el tamaño de la abertura de entrada. ¿Por qué? Muy sencillo, cuando hay pocos recursos hay que elegir bien -a nadie le gusta quedar en offside-, pero cuando se puede ampliar el ingreso, marginalmente se contrata peor. Es hasta natural.

Pensar que las transferencias, aquella partida que se recibe sin entregar nada a cambio, casi se duplicaron (crecieron en 98%) entre 2004 y 2009 y se proyecta hacerlas crecer otro 40% real en estos cinco años. A éstas habría que adicionarle algunas partidas que se exponen como gasto corriente pero que son transferencias, como lo es el sucesor del Plan de Emergencia y sus derivaciones. Bien medido, en diez años este concepto se multiplica, al menos por tres, realmente relevante y preocupante. A su vez, en esos diez años la masa salarial del sector, pasaría de 4,6% al 5,3% del PIB, creciendo 94% real, producto del aumento del salario real y la cantidad de empleados, incidiendo casi por mitades cada uno de los factores. El resto de los rubros casi no crece.

RESULTADO. La descripción anterior, bien macro, nos muestra cuál es el tipo de sociedad que estamos formando o peor aún, fomentando. La asignación que se propone crea incentivos bien marcados en contra del esfuerzo, el trabajo y la dedicación para la mejora personal. ¿Cómo es posible que la expansión del gasto se concentre en las transferencias?, concesiones graciosas del Estado a cambio de nada. ¿Por qué el rubro que le sigue en aumento de erogaciones es la masa salarial, y en especial la cantidad de funcionarios en un sector sobre poblado? Una sociedad donde el riesgo no paga, donde hay que conseguir el favor del mandamás de turno para vivir un poco mejor, pero jamás para progresar, porque esto sólo se logra con innovación y tomando riesgos. Las transferencias, algunas que hasta carecen de la institucionalidad necesaria, las distribuyen personas por lo que el arbitrio de quién lo hace no es despreciable. Todo se mantiene a fuerza de transferencias y prebendas, por tanto la premisa para los más humildes es "estás conmigo o te irá mal". Es la peor manera de gobernar una República que se precie de tal, desde mi visión no es otra cosa que peronismo puro y duro.

Este tipo de perimidas y fracasadas políticas suelen presentarse de manera que luzcan bien, "políticamente correctas", adornadas con lindos discursos llenos de sofismas y dilemas en falsa oposición, terminan liquidando a las sociedades, las apagan de a poco como una velita al quitarles el fuego sagrado que significa el deseo de progreso. Como se sabe, todo debe pagarse y quienes soportan la carga son los que verdaderamente generan la riqueza, por lo que en la medida que la proporción de erogaciones frente a la riqueza generada (PIB) aumenta, debe aumentar la carga impositiva sobre aquellos. Naturalmente que no todos se conforman e igual empujan, pero les resulta más difícil porque las trabas domésticas y los impuestos asociados para pagar lo que no se debe, frenan el desarrollo. De todos modos, en este mundo donde las comunicaciones baratas permiten lo que antes no se podía, algunos logran igual insertarse y progresar. Luego, la cultura que trasmite una política como la descrita los convierte en "malos ciudadanos", no "solidarios", sujetos de señalamiento y envidia del resto y entonces terminan por emigrar. Para colmo, el proyecto de ley presupuestal también gravará con IRPF los ingresos de nuestros compatriotas que hacen el enorme esfuerzo de trabajar en el exterior, teniendo su familia aquí y gastan su dinero internamente. Nada más desestimulante. Así se nos va lo que deberíamos retener para progresar. Los procesos no son de corto plazo, ni sus resultados se ven enseguida, pero a la larga inevitablemente se cumple. Luego vendrán toneladas de hojas y hectolitros de tinta a buscar la explicación de nuestro atraso relativo. Los intelectuales harán sus "papers", pero la realidad es bien sencilla.

Si no comprendemos que esta manera de asignar recursos fractura la sociedad, generando personas que hasta pierden su dignidad, no estamos en condiciones de despegar definitivamente y, por mejor escenario mundial que tengamos, meramente tomaremos los beneficios presentes pero no construiremos la prosperidad del porvenir.

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