No se acepta cualquier empleo

| Las exigencias para aceptar un cargo no responden solamente a la mejora económica, sino a cambios en la conducta de las nuevas generaciones

Ante la crisis por la que atraviesan los países desarrollados es muy difícil, por no decir imposible, pensar que nuestro país no se va a ver afectado. El enlentecimiento que ha sufrido el nivel de actividad en el mundo desarrollado, que representa la mitad del PIB mundial, tendrá su impacto por estas costas. De todas formas, dada la reducción de vulnerabilidades que encaró el país a partir de 2002, fundamentalmente en el sector bancario y en materia de reprogramación de deuda pública, Uruguay se encuentra mejor preparado que en el pasado, aunque no blindado, y el impacto esperado será sensiblemente menor al de las crisis anteriores. De hecho, el escenario más probable no es el recesivo, sino el de un enlentecimiento importante, sin llegar a una contracción.

Hasta el momento, las cifras de la economía real no dan muestras de ningún enlentecimiento. Por el contrario, los indicadores indirectos de actividad (recaudación y producción industrial) adelantan que el segundo trimestre volverá a mostrar una economía en expansión.

En particular, los datos relativos al mercado laboral reflejan el buen momento por el que atraviesa la economía. Los niveles de empleo se ubican en máximos históricos al tiempo que el desempleo alcanza cotas mínimas. Por lo tanto, se trata de una coyuntura extraña para lo que ha sido la historia de este país, en el que conseguir trabajo era la principal preocupación de la población. En la coyuntura actual los temas de preocupación pasan por la disponibilidad de mano de obra suficiente y por saber dónde se están generando oportunidades de trabajo.

La ocupación se ubica en el nivel más alto desde que se llevan registros, tal como lo refleja la tasa de empleo que mide el porcentaje de la población mayor a 13 años que está trabajando, tal cual se observa en el Gráfico N° 1. Según la Encuesta Continua de Hogares (ECH), el dato a junio del presente año se situó en 61,1, lo que determina que en dicho mes hayan sido 1.634.000 las personas que estaban trabajando. Comparando con el mismo mes del año anterior, se observa un aumento de casi 80 mil puestos.

DESEMPLEO. La contracara del mayor empleo es el bajo nivel de desempleo, que se ubicó en junio en el 5,5% de la población dispuesta a trabajar. Se trata de 95 mil personas desocupadas. En el Gráfico N° 2 se puede observar la clara tendencia decreciente de este indicador en los últimos años, donde apenas se detiene en el 2009 como resultado del impacto de la crisis en los mercados financieros internacionales.

La reducción en el desempleo ocurre en los desocupados propiamente dichos ya que el número de los que buscan trabajo por primera vez es relativamente estable. De acuerdo a la información del segundo trimestre del presente año, la tasa de desempleo se compone por 0,8% de personas que buscan trabajo por primera vez y 5,3% de desocupados propiamente dichos (ya trabajaron y no tienen trabajo en el período de la encuesta). En el mismo período del año anterior los valores fueron 0,9% y 6,5% respectivamente.

Importa destacar si la situación corresponde a un jefe de hogar que está desocupado o si el caso es de otro integrante del hogar. La tasa específica de desocupados jefe de hogar pasa del 3,4% al 2,6% en el comparativo de los segundos trimestres de 2010 y 2011 respectivamente. La que corresponde a los restantes miembros cae del 11,2% al 9,4% en el mismo período.

CONDICIONES. La reducida tasa de desempleo se ve reflejada en el tipo de condiciones requeridas por quienes están desocupados a la hora de buscar un trabajo. En el último trimestre, el 51,8% de los desocupados estaba buscando un trabajo sin imponer ninguna condición. Un año atrás era el 58,4% que no ponía condiciones (ver Gráfico N° 3).

La disminución, o su contracara, las mayores condiciones impuestas, puede tener varias lecturas. En primer lugar, que un porcentaje menor de un número de desocupados también menor no imponga condiciones habla de un mercado laboral en el que una porción creciente prefiere estar desocupado a aceptar un trabajo que no le satisface. Tal situación se produce en los momentos de bonanza, en los que las expectativas de encontrar rápidamente un empleo medianamente aceptable son elevadas (la duración promedio del desempleo es de 7 semanas). Ello es más frecuente a nivel de los jóvenes desocupados sin familia a su cargo, que no tienen la necesidad imperiosa de obtener un empleo para subsistir.

Si vemos cuáles son las condiciones requeridas, la obtención de un trabajo acorde a la experiencia o el conocimiento es la más importante, esgrimida por la cuarta parte de los desocupados, cuando un año atrás menos del 20% lo exigía, como lo indica el Gráfico N° 4. En segundo lugar, hay que mencionar la demanda de un trabajo con baja carga horaria. Típica situación de estudiantes que desean acompasar su carrera con un trabajo o de madres con hijos chicos, que quieren estar el mayor tiempo posible con ellos. Si bien porcentualmente no es muy importante, las condiciones en materia salarial son las que más han crecido relativamente en el último año. Estas condiciones son típicas de personas que pueden darse el lujo de esperar un tiempo hasta encontrar un empleo acorde a lo que consideran son sus calificaciones.

Podría decirse que en materia laboral, la economía se encuentra cerca del pleno empleo de sus recursos. Es una situación en que suben los salarios, por lo que aumenta el deseo de la gente por trabajar al aumentar el costo de oportunidad por permanecer ocioso. Pero no en cualquier empleo, sino en el que satisfaga a quien ofrece su fuerza laboral.

Las mayores exigencias por parte de quienes buscan un empleo no responden solamente a la mejora de la economía, sino también a cambios en los patrones de conducta de las nuevas generaciones frente al trabajo. Son cada vez más comunes los casos de personas que no quieren trabajar en condiciones de dependencia y los que por razones generacionales tienen una visión diferente sobre lo que representa el trabajo dependiente. Ya no importa solamente la aptitud para desempeñar un trabajo determinado, sino la actitud frente a él.

Otro aspecto que muestra el dinamismo del mercado laboral, es la característica del empleo. Casi el 70% de los puestos de la economía corresponden a empleos sin restricciones, esto es 40 horas semanales y aportes a la seguridad social en regla. La mayor formalidad debe analizarse atendiendo al ciclo económico. En épocas de crisis, los costos asociados al empleo (cargas sociales) pueden resultar muy altos para las empresas, al tiempo que, con tal de obtener un empleo, mucha gente está dispuesta a trabajar en negro (trabajo sin condiciones), y el subempleo (menos horas de trabajo de las que se estaría dispuesto a aceptar) es elevado. Cuando la economía atraviesa por una coyuntura favorable como acontece en la actualidad, aumenta el empleo formal.

SECTORES. La segunda pregunta que nos hemos hecho es dónde está creciendo el empleo. El análisis por ramas de actividad nos es muy útil, ya que ayuda a su vez a entender el desempeño de esos mismos sectores, si partimos de la premisa que aquellos en los que más aumenta el empleo son los que presentan el mayor nivel de actividad.

En tal sentido, comparando el segundo trimestre de 2011 con igual período de 2010 se constata un incremento del 4,9% en el número de puestos de trabajo de la economía. Pero a nivel de sectores, en algunos el incremento fue superior, y en otros se registraron descensos en la ocupación. Los servicios sociales y la salud fue el sector donde más aumentó la ocupación en el período (17,6%), seguida por la construcción y la enseñanza (15%) y el transporte, almacenamiento y comunicaciones (10,7%).

Tal evolución es consistente con la marcha de la economía, que tiene actualmente en la demanda interna su principal fuerza de crecimiento. Esa mayor demanda permite a las empresas pagar salarios más elevados. La contracara es el deterioro del tipo de cambio real, ya que los precios de los no transables (el salario es el precio no transable por excelencia) aumentan más que los de los transables y hay una apreciación de la moneda. Esto impacta en la capacidad exportadora de determinadas manufacturas. No en vano, el empleo en la industria manufacturera creció por debajo del promedio en el último trimestre, 0,6% respecto a igual período del año anterior.

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