Lo que impacte al dólar, también va a afectar a los tipos de cambio de los países sudamericanos. Por eso, necesitamos una economía norteamericana fuerte que genere estabilidad financiera en la región, sostuvo Pablo Bréard, economista jefe para América Latina y responsable de inteligencia para mercados emergentes del Scotiabank Group. Cabe señalar que las declaraciones del entrevistado son a título personal y no comprometen al Scotiabank como institución. A continuación un resumen de la entrevista realizada en el marco de la Conferencia Sudamericana de Inversión en Hotelería y Turismo (SAHIC) en Santiago de Chile.
-A pesar de los efectos de la confusa situación económica en Estados Unidos y Europa, ¿cree que esta pueda ser la década de América Latina dado el aumento sustancial de los precios de los commodities y la mejora de los fundamentos de la mayoría de las economías de la región?
-No estoy de acuerdo con ese tipo de generalizaciones, tales como "la década pérdida" y similares. Este sí es un período de grandes cambios estructurales a nivel internacional, que hacen más visibles los logros de algunos países que han iniciado un proceso de reformas o ajustes, ya sea para profundizar su estabilidad económica o generar políticas combinadas del Estado y el sector privado a efectos de alcanzar un desarrollo sostenido en el largo plazo. Estos procesos de grandes transformaciones estructurales son visibles en algunas economías desarrolladas, en varias naciones emergentes y en diversos países de América Latina.
-¿Qué tipo de cambios estructurales advierte en los países latinoamericanos?
-El desempeño exitoso de algunos países latinoamericanos no pasa inadvertido, al punto que el FMI ya agrupa sistemáticamente a cinco países: Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, como las "economías latinoamericanas financieramente integradas" con el resto del mundo por tener metas de inflación, tipos de cambio flexibles, banco centrales creíbles y políticas fiscales sostenibles. En los países integrantes de este grupo, al cual Uruguay todavía no ha sido incorporado formalmente, pese a que, de hecho, cumple con casi todos los requisitos, se observan indicadores macroeconómicos equilibrados y de banca sistémica que pueden ser convergentes entre sí.
Por otra parte, actualmente existe un mayor interés por generar políticas de coordinación entre países, destacándose el esfuerzo que realiza el sector privado más que el sector público en la región. Tampoco me parece adecuado hablar de América Latina como un todo dadas las disparidades de las economías del subcontinente. Sin embargo, me atrevo a decir que se ve a Sudamérica más compacta y su primer exponente es Brasil, que no solo tiene el mercado financiero más desarrollado de la región, sino que el cambio estructural que ha experimentado su economía es uno de los fenómenos más significativos de la última década.
-¿Cuáles son los logros más relevantes de Brasil en el plano económico?
-Me refiero al ciclo de crecimiento sostenido de su PIB, la fortaleza sistémica de su banca y la pujanza de su política comercial. Todo eso hace que sea un país al que debemos empezar a mirar como punto de partida para impulsar el desarrollo regional y también tener en cuenta que las potenciales vulnerabilidades de su economía pueden ser en el futuro causa de ajustes y turbulencias en la región.
Integración
-¿Podrán mantener las economías de los países sudamericanos un crecimiento sostenido si se agrava la situación económica internacional?
-La mayoría de las economías sudamericanas ya están integradas al contexto económico mundial a través del comercio y la inversión. Lógicamente, una desaceleración en el ritmo de crecimiento de Estados Unidos, Europa y Asia va a tener un impacto inmediato en nuestra región, aunque la actividad económica de nuestros países podrá seguir expandiéndose con tasas más bajas en base a un incremento en la actividad comercial intrarregional que compense parcialmente la caída de las transacciones a nivel global. En la medida que los gobiernos de Sudamérica mantengan una inflación manejable, políticas monetarias y fiscales creíbles, así como un contexto favorable para la integración de los negocios, no habrá incentivos para sacar el dinero de la región.
-¿Se puede ser optimista respecto a la integración regional cuando los dos mayores países sudamericanos, Brasil y Argentina, imponen restricciones a las importaciones sin distinguir a las mercaderías procedentes de países vecinos?
-Tradicionalmente, Brasil y Argentina son socios interdependientes, aunque sujetos a fricciones de naturaleza temporaria por políticas de gobierno que tienden a cuidar sus propios intereses. Todos los países, incluyendo a Estados Unidos y China, expresan su voluntad de abrir sus mercados al comercio mundial, pero esta apertura no existe plenamente en ninguna parte. El proteccionismo es una constante histórica que seguramente no va a cambiar.
-En el caso de Brasil, ¿su gobierno no debería ser más "prolijo" en el tema de la integración dado el liderazgo regional que aspira desempeñar?
-Brasil es el eje de este proceso integrador pese a que no cumpla aún su rol de liderazgo en Sudamérica. No se puede desconocer que en ese país existe una cultura de que el Estado participe en políticas proteccionistas que favorezcan los intereses de los productores brasileños. Sin embargo, una vez que Brasil, con sus 200 millones de habitantes y una clase media en pleno ascenso, esté más integrado con la región va a estar en la mira de corporaciones y gobiernos sudamericanos para tomar al mercado brasileño como mercado de destino en lugar de Estados Unidos y Europa.
Además, hoy se manifiesta una gran voluntad del sector privado para integrar la actividad económica a nivel subregional, independientemente de la voluntad de los gobiernos que se han quedado un paso atrás.
-¿A qué atribuye esa nueva actitud integracionista de las empresas privadas?
-Este fenómeno integrador es la resultante de un cambio generacional y cultural muy importante en las cúpulas de las empresas privadas, que no tienen prejuicios en instalar filiales o hacer joint ventures en países de la región. Los nuevos empresarios hoy procuran encontrar la vía de salida menos resistente para colocar sus productos en los mercados sudamericanos. Esa integración ya existe en diversos sectores de actividad. Por ejemplo, en el turismo ocurre con mucha frecuencia que el itinerario de un visitante no quede circunscrito a las fronteras de un solo país. En este sentido, LAN es un caso emblemático no solo por tener operaciones en casi todos los mercados sudamericanos, sino por haber concretado recientemente su fusión con la aerolínea brasileña TAM.
En síntesis, se han producido cambios endógenos -generacionales, culturales, ideológicos en cuanto a su pragmatismo- en cada uno de los países sudamericanos que hacen que el proceso de integración vaya más allá de la voluntad de los gobiernos.
Inflación
-¿Qué aspectos de las economías sudamericanas le generan mayor preocupación para el corto y mediano plazo?
-Los temas más preocupantes son cuatro: la inflación; el manejo del exceso de capitales; las políticas de intervención en los mercados que deberían ser más transparentes y mejor comunicadas; y el riesgo de que el modelo de participación público-privado pierda su actual pragmatismo y se ideologice con un fuerte componente estatista.
-¿Está Sudamérica condenada a ser una región de alta inflación?
-No hay que bajar los brazos en la lucha contra la inflación ya que la mayoría de los países sudamericanos, salvo Argentina y Venezuela cuyas tasas son del 20% y 30% aproximadamente, pueden estabilizarse en un rango de 2% a 4% dentro de un plazo relativamente corto. Este es un tema en el cual ningún Estado debe negociar. Tiene que haber una voluntad consensuada de todos los líderes políticos para evitar que la inflación se dispare; pero la responsabilidad para asegurar que haya un contexto inflacionario manejable es del banco central. Esta institución no está para regular bancos, ni para fijar el tipo de cambio, sino para hacer política monetaria que debe apuntar siempre a la estabilidad de precios. Por ejemplo, el banco central más importante del mundo, que es la Reserva Federal de Estados Unidos, tiene dos mandatos: mantener la estabilidad de precios en forma sostenida y generar una política monetaria que fomente el crecimiento del empleo. No es de su competencia mantener el tipo de cambio. En este sentido, existen diferencias en Sudamérica ya que el control de la inflación no es uniforme. Además, las políticas de gasto del sector público habitualmente generan inflación y, por lo tanto, hay que estar atentos ante eventuales riesgos de sobrecalentamiento, siendo Brasil el mejor ejemplo al respecto.
-¿Le ha dado Brasil prioridad al crecimiento de la actividad económica sobre la inflación al haber rebajado la tasa de interés de referencia a fines de agosto?
-El gobierno brasileño está claramente preocupado por el crecimiento de la inflación interna. La rebaja de medio punto porcentual en la tasa Selic de 12,5% a 12%, que sigue siendo una de las más altas del mundo, no incide prácticamente en la actividad económica, pero sí en el exceso de ingreso de dinero del exterior. Al bajar la tasa, el Banco Central trata de reducir esa demanda de activos brasileños por parte de inversores del resto del mundo, donde el rendimiento de las tasas de interés es equivalente a casi cero. Como la economía brasileña, que es la séptima a nivel global, está inserta en el mundo, el mercado financiero internacional determina que los flujos de capital se dirijan a Brasil. Justamente, la actual corriente de capitales hacia ese país es lo que genera procesos de sobrevaluación que hacen que sea hoy uno de los más caros a nivel global. Si la nueva política de baja de tasas no da resultados satisfactorios, seguramente el gobierno brasileño va a inducir el control de ese flujo financiero mediante diversas formas.
-¿Qué podría hacer el gobierno brasileño para manejar ese flujo de capitales?
-Por cierto, resulta muy difícil construir un dique para contener esa marea. Como la economía brasileña se está abriendo, es más vulnerable a cualquier cambio en la tendencia de los flujos de dinero. Por consiguiente, deberían esperarse políticas más activas de control de capitales. No es por una cuestión ideológica, sino puramente pragmática. Al tener Brasil un déficit de infraestructura muy serio, puede captar grandes inversiones para construir carreteras, puertos marítimos, aeropuertos, etc. Si a la inversión extranjera directa se le suma el diferencial de la tasa de interés con el resto del mundo, ahí está la potencialidad de la apreciación del real, que a su vez genera inflación.
-¿No se generaría una burbuja inflacionaria en la medida que flujos masivos de capitales internacionales inunden el mercado brasileño?
-Sí. Se podría crear una burbuja porque hay dos clases de inflación en Brasil: la de los precios al consumidor y la de determinados activos. Ante este panorama, el gobierno brasileño está muy preocupado por el segundo tipo de inflación que impacta en los bonos, acciones e inmuebles. Por lo tanto, es probable que veamos una combinación de políticas para reducir el ritmo de la actividad económica, que pasaría del 7% en 2011 al 3%-4% en 2012, y una política más agresiva de baja de tasas de interés que descendería del 12% al 10% anual el año próximo. Todo esto no generaría un mayor impacto en el tipo de cambio, es decir el real se situaría en el rango de 1,80-1,90 por dólar.
-¿Cómo ha podido el gobierno brasileño devaluar el real en un 15% en las últimas semanas?
-En realidad, Brasil no hizo nada, sino que la depreciación del real se debió simplemente a un reacomodamiento de los flujos internacionales debido a la crisis de la deuda en Europa y al reciente anuncio de un swap de treasuries que ofreció la Fed, lo cual ha generado una mayor demanda de dólares.
Lo que sí Dilma hizo con anterioridad fue asegurarse de que Brasil lleve a cabo ajustes muy duros que van a repercutir en otros frentes. El gobierno brasileño se ha propuesto bajar las tasas de interés que son insostenibles, pero sabe que primero tiene que abatir la inflación. Por eso, el objetivo número uno es controlar la inflación de modo que la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor permita un relajamiento de la política monetaria a efectos de generar un nivel de actividad económica sostenido para los próximos diez o quince años.
Sin embargo, para poder reducir las tasas de interés, tiene necesariamente que bajar la presión de la inflación que hoy está en 7,3%. Por eso, vislumbro una política antiinflacionaria muy fuerte durante los próximos seis meses.
Las verdaderas monedas de reserva
-¿Qué opina de la apreciación que ha experimentado el real en años recientes?
-La apreciación del tipo de cambio no significa necesariamente que la divisa se fortalezca. Una moneda es fuerte cuando se convierte en moneda de reserva. En el ranking del mercado mundial de cambios, el dólar y el euro forman el principal grupo de divisas. Le siguen el yen y la libra esterlina. En un tercer nivel, están las "shadow currencies" (monedas sombras): el dólar canadiense para la actividad económica en Norte América, el dólar australiano para Asia-Oceanía y el franco suizo para Europa. Últimamente, ha aparecido una cuarta categoría compuesta por los tipos de cambio de algunas economías emergentes. En un primer escalón, se ubican el yuan, el rublo y el real, mientras que, en un peldaño más abajo, se hallan el peso mexicano, el rand sudafricano y, quizás, la lira turca.
-En la cumbre presidencial del Mercosur de julio de 2009 se acordó impulsar la sustitución del dólar por las monedas locales en el comercio privado regional como en aquellos servicios que los Estados se prestan entre sí. ¿Sería conveniente que se utilizara el real como moneda común en el comercio regional dada la inestabilidad del valor del dólar?
-Si bien el valor del tipo de cambio brasileño es relevante como barómetro para la región, la importancia de real, como recién señalé, es muy relativa en el concierto mundial de monedas. En realidad, no hay reemplazo para el dólar en nuestra región en un futuro predecible. Nos guste o no, la divisa estadounidense es y va a seguir siendo la unidad de las transacciones comerciales en América Latina. Lo que impacte al dólar, también va a afectar a los tipos de cambio de los países sudamericanos. Por eso, necesitamos una economía norteamericana fuerte que genere estabilidad financiera en la región.
Ajustes en camino en Estados Unidos
-Destacados analistas, entre ellos Nouriel Roubini, se muestran muy preocupados por las probabilidades de que se produzca un grave deterioro de los indicadores macroeconómicos de Estados Unidos en los próximos meses. ¿Prevé Ud. una recesión de la economía estadounidense en el corto plazo?
-No. Según nuestra última proyección, Estados Unidos está muy lejos de registrar una caída de su actividad económica. Al contrario, estimamos un crecimiento de su PIB de 1,6% para este año. A pesar de que la importancia de la economía estadounidense se ha reducido, ya que hoy representa el 20% de la economía global en lugar del 40% que exhibió durante la segunda mitad del siglo XX, hay una serie de reformas en camino en ese país que le permitirían recuperar el terreno perdido en un periodo de entre 10 a 40 años.
-¿A qué tipo de reformas se refiere específicamente?
-Estados Unidos está haciendo su ajuste, que está muy avanzado, en el sector privado y también se halla muy adelantado en el sector bancario. A nivel de los hogares, el ajuste se encuentra a mitad de camino porque las familias recién se están desendeudando, lo que significa menos consumo y, por tanto, menor actividad económica. Aún falta el ajuste en el sector público. Por un lado, el gobierno estadounidense debe ajustar su deuda de la misma forma en que América Latina encaró esa realidad hace tres décadas. Por otro, tiene que gastar menos y recaudar más. Esa actitud tendríamos que imitarla en Sudamérica, donde los gobiernos deberían llevar adelante sus propias reformas en las que participen conjuntamente el Estado y las empresas privadas.
Ficha técnica
Pablo Bréard, argentino, se licenció en economía en la Universidad de Buenos Aires, obtuvo el máster en relaciones internacionales en la Universidad de Belgrano (Argentina) y completó el Programa de Desarrollo Ejecutivo en la Escuela de Negocios de Wharton (Universidad de Pennsylvania). Actualmente es economista jefe para América Latina y responsable de inteligencia para mercados emergentes del Scotiabank Group. Con anterioridad, fue economista senior del Royal-Dutch Shell Group y consultor de dirección en estrategia y organización para Andersen Consulting