Luces y sombras del año que se va

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JAVIER DE HAEDO

No soy original al utilizar mi última columna del año para destacar sus aspectos más salientes, por no caer en el trillado concepto de "balance". Voy, entonces, a referir aquellos temas que he encontrado más relevantes en el año que termina.

Primero, en el campo de lo macroeconómico, un año en términos generales muy bueno. Hace un año, la encuesta de expectativas del BCU mostraba para 2010, una previsión de crecimiento económico de 3%, una inflación de 6,4%, un dólar en $ 21,10 a fin de este año y un déficit fiscal de 1,7% del PIB. Terminaremos creciendo mucho más (más de 8%), con más inflación y menos tipo de cambio, o sea más caros en dólares de lo previsto, y con menos déficit fiscal, el que estará cercano a cero si se lo ve debidamente. ¿Por qué semejante "error" de estimación? La respuesta es muy sencilla: porque el mundo y la región generaron el marco para ello. A estar por las proyecciones del FMI en el World Economic Outlook y por las previsiones de las respectivas encuestas de expectativas de los bancos centrales de Argentina y Brasil, en todos los casos el "error" fue el mismo: habrá más crecimiento del previsto y mayor encarecimiento en dólares del proyectado. Sin ir más lejos, se esperaba que este año las materias primas no petroleras crecieran 2,4% y terminan el año creciendo casi diez veces esa tasa.

Lo que queda en el "debe" es lo mismo que ya se venía arrastrando desde los ejercicios anteriores: por un lado, que dado el punto del ciclo económico en el que estamos, deberíamos tener un resultado fiscal aproximadamente dos puntos del PIB mejor que el que tenemos; por otro lado, el atraso cambiario que existe con relación al promedio del resto del mundo y más aún con fuera de la región. La combinación de políticas económicas hace propicio el atraso cambiario y nada ha cambiado en ese sentido, más allá de un cierto activismo del Poder Ejecutivo por evitar una mayor apreciación real del peso uruguayo, lo que logró hacer en este año a pesar de que en la mayor parte del mismo el BCU le jugara en contra, empapelando el mercado con títulos a tasas absurdamente altas que fomentan la entrada de capitales especulativos y el cambio de portafolio. Y, como marco general, seguimos pegados a la suerte de Brasil, como un estado brasileño más, para bien y para mal.

Segundo, la Ley de Presupuesto, que está elaborada sobre supuestos optimistas, de mantenimiento del mundo actual por cinco años más; que establece que se habrá de gastar todo peso que ingrese, en rubros poco flexibles que hacen a las finanzas públicas vulnerables ante un cambio de escenario externo; que deja abierta una brecha considerable entre la generación de recursos genuinos en pesos (superávit primario) que resulta insuficiente para enfrentar las necesidades de dólares del Gobierno Central; y que hace caer todo el "esfuerzo" de abatir la deuda como porcentaje del PIB en el crecimiento económico y en la inflación en dólares y nada en el ahorro, o sea nada de esfuerzo real.

Tercero, y esto es muy bueno, 2010 trajo un nuevo gobierno que a priori era visto a la izquierda del anterior y que, sin embargo, mantuvo las líneas principales de las políticas de país, de Estado o de largo plazo que caracterizan al Uruguay, lo que lo vuelve previsible y atractivo. Naturalmente, con énfasis propios y leyes del péndulo mediante, pero sorprendiendo más gratamente a opositores y menos a parte de la propia izquierda (Frente Amplio y Pit-Cnt). Dicho sea de paso, sorpresas ambas más debidas por el momento a palabras que a hechos.

Cuarto, y esto es debido principalmente al presidente Mujica, estamos terminando un año con un clima político excepcional entre gobierno y oposición. Más allá de las discrepancias propias de la actividad política y de gobierno, Mujica es el principal responsable de ese buen clima y la piedra de toque para ello fue la invitación que realizara a la oposición a integrar puestos de dirección en la administración pública, sin tener necesidad ni obligación de hacerlo, al contar con mayoría propia en el Senado. Es también un punto a favor del Presidente haber nombrado un mejor gabinete que su predecesor, si consideramos el nivel técnico y la edad de los ministros. Y, finalmente, pero no menos importante, es también su virtud haber dado entrada en la discusión de proyectos de ley a sectores de la oposición en vez de usar el método del brazo enyesado tan utilizado en el período anterior.

Quinto, merece destaque entre los aspectos salientes del año que termina la advertencia realizada hace pocas semanas por Ernesto Talvi quien, viendo la película desde afuera de la política, denuncia que se aprecia una tendencia preocupante a la concentración de poder y al debilitamiento de las garantías institucionales y los derechos ciudadanos que deben regir en una democracia plena. Para ello hace un prolijo relevamiento de más de diez puntos en los que a su juicio se dan situaciones preocupantes. Tomadas de a una, varias de ellas dan, ciertamente, para la preocupación, y puestas todas juntas como hizo Talvi, realmente asustan.

Sexto, hasta hace pocos días se observaba al gobierno paralizado por los ataques provenientes desde parte de su interna y desde los sindicatos. Para mi gusto se dejó ir las cosas demasiado lejos, pero lo cierto es que desde hace algunos días el panorama cambió, el gobierno pasó a la acción y parte de las fuerzas hostiles ya han comenzado la retirada. Si desde la oposición se criticó lo primero, es justo que se elogie y se apoye al gobierno por el cambio de actitud.

Séptimo, el año termina con el balde de agua fría recibido por la sociedad por los resultados de las pruebas PISA sobre el desempeño de los estudiantes en áreas claves de la educación. Los resultados fueron insatisfactorios y muestran que estamos estancados en términos absolutos y, por lo tanto, en retroceso en términos relativos, a pesar de las crecientes porciones del presupuesto público que se destinan al sector. Muestran también que nuestra tasa de crecimiento económico a largo plazo está comprometida por esta situación en la medida en que la calificación de los recursos humanos es la principal limitante del crecimiento y el principal factor diferencial entre los países. Lo más grave del caso es, sin embargo, que quienes nos gobiernan y nos habrán de gobernar en los próximos lustros, son y serán producto del sistema educativo vigente.

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