Integrar productores e industria y cuidar cada una de las partes del proceso productivo es la premisa de Frigorífico Pul S.A. Con esa filosofía fue creado en 1983 por 232 ganaderos. Funcionó como cooperativa hasta el año 2003, cuando el directorio apremiado por la crisis financiera y la aftosa debió salir a buscar capitales y Ernesto Correia, empresario uruguayo de origen brasileño, adquirió la mayoría del paquete accionario. "Le gustó la idea, le compró la parte a los productores y mantuvo el staff", cuenta el presidente Miguel de Souza, que trabaja en la compañía desde hace catorce años. A la idea original, el inversionista le agregó una pata más: crecer con innovación. En 2009, afectado por la sequía y también por la crisis internacional, Pul faenó 160.000 cabezas de ganado y exportó por valor de US$ 85,3 millones, con lo cual se colocó sexto en el ranking del sector cárnico.
Los fondos aportados por Correia se destinaron a tecnología y modernización de la planta frigorífica instalada en Melo. Según el presidente, "toda la línea de producción se certificó con las normas ISO 9001:2000 de gestión de calidad e ISO 22000 de gestión de seguridad alimentaria, a diferencia del resto de los frigoríficos que sólo lo hicieron parcialmente". Además, se profundizó la integración con los productores.
Actualmente Pul se abastece de reses provenientes de los campos de los dueños iniciales del frigorífico, de los estancieros incorporados a través de planes de fomento e integración tecnológica y de otros productores "que comparten la idea de la empresa y confían en su trayectoria". El accionista mayoritario, propietario de 100.000 hectáreas en Uruguay, es asimismo proveedor. Originalmente vinculado al sector del calzado, Correia poseía campos en Brasil que luego fueron ocupados por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, tras lo cual decidió venderlos y radicarse e invertir en Uruguay.
PRODUCCIÓN. Como resultado de la política de integración con los productores y la renovación de la planta, Pul pudo aumentar progresivamente la faena y, por tanto, comercializar más carne. "Vender bien es producir más, haciéndolo se gana más", sostiene el presidente.
Uno de los principales productos que vende el frigorífico melense son carnes naturales congeladas de las razas Angus y Hereford, que están avaladas con la Marca País del Programa de Carne Natural Certificada del Uruguay del Instituto Nacional de Carnes (INAC). Los requisitos para obtenerla incluyen "la no administración a los animales de hormonas de crecimiento, ni ningún otro tipo de promotor de crecimiento; deben ser criados a base de pasto, a cielo abierto durante todo el año, así como la verificación del origen de los animales y productos". Como contraparte, se garantiza "la trazabilidad en el sistema de producción, industrialización y distribución y la certificación de los procesos en los diferentes eslabones de la cadena", de acuerdo con lo establecido por el organismo.
El Programa de Carne Natural Certificada ha sido esencial para la diferenciación de los cortes uruguayos y su ingreso al mercado estadounidense, donde Pul tiene una oficina desde 2005 ya que es el segundo destino de exportación -17% del total- tras la Unión Europea que lidera con un 35%. Comercializa también carne orgánica certificada por el Skal de Holanda. "Es una oportunidad; es un mercado chico pero en crecimiento y con un alto valor agregado", manifiesta el directivo.
competencia. Interrogado sobre la llegada de capitales brasileños al sector de la industria cárnica, el empresario cree que "no hay una razón específica; cada empresa tiene la suya. En el caso de Pul es una vocación regional". Desde la compañía se ve con buenos ojos la coyuntura: "toda competencia es sana". Agrega que "se invierte y transfiere tecnología, lo que a su vez obliga a rivalizar. El nivel de todos los actores sube; es un círculo virtuoso".
Por otra parte, de Souza ve difícil una eventual formación de monopolios. "Desde que llegaron estas inversiones, el precio del ganado no ha hecho más que subir. Además, el frigorífico de mayor capacidad de faena tiene un 30% de mercado; no cabe tal posibilidad". Considera que Uruguay tiene un buen clima, ofrece reglas claras, leyes correctas, respeta el medio ambiente y las inversiones. "Hay bastante por hacer ya que existen oportunidades y un buen potencial de crecimiento", dice.
POTENCIAL. Según el presidente de Pul, "el potencial debe ser aprovechado. Hay que aumentar la faena a 3 millones de cabezas, que actualmente es de 2,2 millones, porque se dispone de capacidad instalada. Si no se la utiliza, se torna ociosa y se incrementan los costos de producción". Agrega que "los costos salariales son otro factor que obliga a mejorar la productividad".
Si bien de Souza reconoce el trabajo realizado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y el INAC para el ingreso de carnes en mercados foráneos, señala que hay algunos aspectos que perjudican a las exportaciones. Uno de ellos es "la carga fiscal actual que quita competitividad".
El empresario lamenta que Uruguay no haya firmado un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. "Los TLC son un factor importante para llegar con nuestros productos a otros mercados por las facilidades arancelarias". Otro de los factores que preocupan a de Souza es el atraso cambiario, "más allá de si está bien o mal, la apreciación del peso uruguayo va contra la competitividad".
CRECIMIENTO. Impulsado por una voluntad de crecimiento, Pul ha duplicado su participación en el mercado interno, pasando del 3% al 6% en dos años. Si se compara el primer cuatrimestre de 2010 con el mismo período del año pasado, el frigorífico aumentó su faena en un 12% y exportó alrededor de US$ 30 millones, monto que representa un 21% más que en igual período de 2009. Para lo que resta de este año, la meta es "consolidar lo que se ha hecho hasta el momento, proseguir con la inversión, seguir buscando mercados y profundizar el ruso que está en crecimiento y que hoy representa el 11% del total de exportaciones, frente a un 6% en 2009. Asimismo, se busca la mejora continua en la relación con "los obreros, la comunidad y la tecnología", concluye el presidente de Pul.
Sin personal capacitado no se puede lograr un buen producto
t En 2006 el Frigorífico Pul fue uno de los impulsores de la Fundación Pro Cría, junto con la estancia Ana Paula y Ernesto Correia. La idea es poder ayudar a productores de 400 hectáreas o menos. Actualmente se han plegado unos cincuenta productores de diferentes perfiles de Cerro Largo, Treinta y Tres, Rocha y Tacuarembó. El fondo inicial fue de US$ 1,5 millones, que se ha ido reinvirtiendo. "Con la plata de unos se financia a otro", explica el presidente de Pul. El apoyo se centró en tecnología, asistencia técnica e información. Se facilitó el acceso a la fosforita, que sirve como alimento para el ganado y también como fertilizante, se fomentó la producción de praderas, así como de aguadas. Además de este programa de extensión, el frigorífico marca presencia en su zona de influencia a través del trabajo con más de cuarenta entidades de la región. Igualmente, trabaja con algunas ONG. Por ejemplo, se dona a la fundación Niños con Alas cortes de carne para la alimentación de los chicos.
No obstante, la principal inversión ha sido en la capacitación de los empleados, ya que "sin ello no se llega a un buen producto". Además de la formación, la empresa se encarga de solucionar cualquier inconveniente del personal. "Si tienen un problema, es también nuestro". El apoyo a la familia del obrero y su entorno consiste en la donación de canastas con útiles escolares o con pañales para los bebés. "No hay nada más retrógrado que el enfrentamiento capital-trabajo; eso pertenece al siglo pasado. Quien piense así no permite progresar", reflexiona Miguel de Souza.