Inflexión en la política económica

 20120520 800x530

El desempeño de la economía brasileña en el primer trimestre del año se caracterizó por una relativa falta de dinamismo, reflejando las tendencias observadas a nivel mundial. Datos recientes sobre la producción industrial muestran una caída de 0,5% en el primer trimestre de 2012, respecto del último de 2011. Es el cuarto trimestre consecutivo en que la producción industrial se reduce, aunque el ritmo de la caída se venga desacelerando.

Como se señalara en artículos anteriores, la debilidad de la industria no parece derivar de problemas de demanda, que se mantiene elevada, aunque su crecimiento se haya desacelerado durante 2011. En términos desestacionalizados, las ventas del comercio incluso crecieron un 3,8% en el bimestre enero-febrero de 2012 respecto del último trimestre de 2011 y un poco menos, 2,8%, si se incluyen las ventas de automóviles y de materiales de construcción. No obstante, la inversión declinó en el primer trimestre del año, por la reducción del consumo de máquinas y equipos, mientras que la obra civil, estimulada por la construcción residencial y las inversiones públicas en infraestructura, tuvo algún crecimiento. El efecto negativo de la desaceleración de la actividad industrial y la inversión sobre el PIB del primer trimestre de 2012 no fue más intenso porque el consumo se aceleró y la contribución de las exportaciones netas fue positiva. Desde el punto de vista sectorial, los servicios constituyen la principal fuente de dinamismo, mientras que la agropecuaria refleja el impacto negativo de la sequía del sur del país. Los servicios y la construcción civil son sectores en que la competencia externa es menos relevante y cuyo ritmo de expansión tiende a reflejar factores de demanda, especialmente del sector público.

La desaceleración ya se venía percibiendo desde mediados del año pasado, con la tasa trimestral de crecimiento declinando hasta el tercer trimestre, en que pasó de -0,1%, para recuperarse levemente en el último trimestre del año a +0,3%. Incluso esa percepción fue la principal motivación para la reversión inesperada de la política monetaria en agosto. A partir de ese momento, el Banco Central, que venía aumentando los intereses en función de la inflación al alza -en septiembre de 2011 la tasa anual de inflación fue del 7,2%, mayor al límite del 6,5% fijado por el intervalo de tolerancia en torno al valor central de la meta-, pasó a reducirlos de forma agresiva y levantó varias restricciones a las operaciones de crédito, especialmente para el consumo.

Esta estrategia fue complementada por medidas tendentes a estimular al sector industrial mediante la protección arancelaria contra las importaciones, como en la industria automotriz, y la reducción de impuestos. En este caso se buscó sustituir la tributación sobre la plantilla de pagos en sectores con uso intensivo de mano de obra por una sobre la facturación, mientras que en los sectores de bienes de consumo duraderos se promovió la reducción del IPI con el objetivo de estimular su demanda. Otras medidas incluidas en el llamado Plan Brasil Mayor apuntan a reforzar la infraestructura portuaria y estimular las actividades de innovación tecnológica mediante la ampliación del financiamiento. Como siempre, el Bndes fue contemplado con una nueva inyección de recursos, elevando a R$ 320 mil millones el total de aportes del Tesoro a la institución de fomento en los últimos cuatro años.

En forma paralela, desde el segundo semestre del año pasado se observa una postura menos complaciente del gobierno con la apreciación del tipo de cambio. Se adoptaron varias medidas restrictivas que apuntaban a reducir los flujos de capital externo. En especial, con el objetivo de reducir las operaciones de arbitraje entre intereses internos y externos, se aumentaron las alícuotas del impuesto a las operaciones financieras para colocaciones de no residentes en renta fija y, más recientemente, de los préstamos externos con vencimiento inferior a cinco años. Asimismo, el Banco Central intensificó su actuación en el mercado cambiario evitando la apreciación del real de modo que, incluso ante el aumento del apetito por el riesgo en el mercado internacional, hasta mediados de marzo la moneda se apreció mucho menos que en ocasiones anteriores, pasando a fluctuar en la banda de R$ 1,85-1,90 / US$ en el período más reciente, lo que equivale a una desvalorización de cerca del 20% en relación con los niveles que prevalecían al inicio del segundo semestre de 2011.

CAMBIO DE POLÍTICA. Se percibe un cambio importante en la conducción de la política económica, en buena medida justificado a nivel del discurso por la situación internacional de bajo crecimiento y fuerte volatilidad financiera. El gobierno persigue una meta de crecimiento de 4,5% recurriendo a medidas expansivas y de estímulo y protección al sector industrial. La tasa de interés real ex-ante alcanzó su nivel más bajo, inferior al 3% anual. El Banco Central actúa basado en la convicción de que los intereses pueden caer sin amenazar la inflación porque la tasa real de interés neutra se habría reducido sustancialmente y las condiciones actuales -demanda en desaceleración y ambiente externo deflacionario- permitirían ir por debajo de ese valor. Esto se refleja también en la postura más intervencionista en materia de cambio, siempre con el objetivo de compensar a la industria. ¿Cuáles son los riesgos?

Una de las bases fundamentales del actual andamiaje de la política es la austeridad fiscal. El desempeño en el primer trimestre parece corroborar esa expectativa, pero crece la presión sobre los gastos, aun cuando sea neutralizada por la fuerte expansión de la recaudación de impuestos, incluso ante las exoneraciones concedidas, y por el recurso a otras fuentes de ingresos, como los dividendos de las empresas estatales.

El reciente descenso de la tasa de inflación -desde 7,2% en septiembre de 2011 a 5,2% en abril- tiene un componente transitorio relativamente fuerte porque refleja un aumento de los precios internacionales de los commodities agrícolas. Las expectativas negativas respecto de China e India determinaron la baja de esos precios a fines de 2011, pero parece que ese movimiento se ha estabilizado. Un factor especial que permitió que la inflación retrocediera fue la resistencia del gobierno a permitir el aumento del precio de la gasolina en el mercado interno, en línea con la suba de las cotizaciones del petróleo en el mercado internacional. En el mercado laboral, la tasa de desempleo permanece muy baja y, asociada al fuerte aumento del salario mínimo, ha producido subas en los salarios reales (5,6% en abril) que ejercen presión sobre los costos y de la masa salarial (7,7%), que sustenta la demanda a un nivel elevado. Tal vez, el único factor preocupante en relación con el comportamiento de la demanda sea el alto nivel de incumplimiento en algunas líneas de crédito -por ejemplo, en el financiamiento para la adquisición de vehículos- que puede actuar como un factor restrictivo para la demanda por crédito. En ese sentido, el gobierno viene actuando de forma agresiva ante los bancos, presionando para que reduzcan los spreads bancarios, hasta utilizando a los bancos públicos como factor de presión al aumentar la competencia.

HIPERACTIVISMO. La presión sobre la inflación tiende a resurgir conforme la demanda reacciona a las medidas adoptadas ya en la segunda mitad de 2011, pudiendo acentuarse con las medidas más recientes. Los mercados futuros anuncian que los intereses pueden volver a aumentar a principios del próximo año. El hiperactivismo de la política económica puede entonces producir un aumento de la volatilidad con escasos efectos sobre el crecimiento que hasta puede acelerarse en el corto plazo; es probable que la economía crezca por encima del 5% al año, en términos anualizados, al final del año pero sin condiciones de mantenerse en ese nivel por falta de medidas estructurales.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar