SERGIO ABREU
Al cierre del año 2011 la economía uruguaya mostró un desempeño destacable en el contexto regional y global, tanto por la tasa de crecimiento de su PIB como por su capacidad de atraer Inversión Extranjera Directa (IED).
Sin embargo, este escenario no puede ocultar los distintos problemas que a nivel macro y microeconómico muestra nuestra economía y que, debido a la turbulencia global, pueden agravarse: la inflación superó ampliamente las metas oficiales, los déficits fiscal, de la balanza comercial y de la cuenta corriente persisten, la conflictividad laboral aumentó y las idas y vueltas de la conducción económica inciden en el clima de negocios que es piedra angular en la credibilidad de las oportunidades que el país ofrece.
Por otro lado, la gestión de las políticas sociales -seguridad, educación, salud- afecta la calidad de vida de los ciudadanos y muestra una gran incapacidad del Poder Ejecutivo en ejecutar con eficiencia estas políticas y someter sus resultados a un sistema objetivo de evaluación.
Las perspectivas económicas para el año 2012 están dominadas por la incertidumbre sobre el comportamiento de las grandes economías globales -especialmente Estados Unidos, la Unión Europea y China- y los impactos negativos que puede tener en la región. En esa situación, el control de la inflación y el déficit fiscal, el alineamiento de las políticas que inciden en la estabilidad y la inversión, y la congruencia de la conducción económica, jugarán un papel decisivo.
LA INFLACIÓN. Durante el año 2011, se perdió el alineamiento con Brasil y se registró una apreciación de la moneda uruguaya y una tasa mayor de inflación. En las últimas semanas mientras Brasil bajaba su tasa de interés de referencia, el Banco Central la subió y consecuentemente el tipo de cambio se apreció relativamente frente al real.
De acuerdo con algunos análisis económicos, persiste la opinión de que el incremento de la tasa decidido por el BCU solo puede actuar sobre la política monetaria que, en las condiciones actuales del país, tiene un efecto limitado sobre la inflación.
Muchos entendidos opinan que el incremento real de los precios internos se debe al aumento de los precios internacionales de bienes que tienen un peso relativo en el consumo interno y al aumento del circulante y del crédito derivado de un aumento de los salarios reales. Debe agregarse que estas variables son ajenas a la productividad y a las mayores rentas de capital, con una tendencia preocupante a priorizar el gasto sobre el ahorro apoyada por diversos mecanismos de financiamiento del consumo privado. En conclusión, este último registra un ritmo de crecimiento ampliamente superior al del producto.
Para controlar la inflación se necesitan decisiones que vinculen armónicamente a todos los componentes de la gestión macroeconómica. Pero lamentablemente, la conducción económica no está en condiciones de manejar esta situación ya que, el pensamiento político del Gobierno está dividido entre lo que piensa buena parte del equipo económico y lo que impulsa otro grupo de técnicos cercanos al Presidente de la República que privilegian el corto plazo, ceden a las presiones ideológicas de sectores del Gobierno que "toquetean" demagógicamente las reglas de juego sin tener la capacidad de ofrecer un modelo operativo y sustentable.
EL TIPO DE CAMBIO. La apreciación de nuestra moneda en un régimen cambiario de flotación con intervención, depende de factores que escapan a la política monetaria: por un lado, en lo que hace a los factores internos podemos mencionar el aumento de la tasa de inversión, del turismo, de la renta de las exportaciones y de su productividad global; y por el otro, en lo que hace a los factores externos podemos destacar la volatilidad de las paridades cambiarias y la disminución de las opciones tradicionales de inversión.
Mientras aumenten más los ingresos por IED que las remesas de utilidades al exterior, se mantengan los recursos originados por el turismo y los servicios, no bajen sostenidamente los precios del grueso de las exportaciones, entre otras razones, seguirá existiendo una tendencia a la apreciación de la moneda.
En el sentido expuesto, los instrumentos para controlar la inflación en 2012 son los mismos que en los años anteriores: por ejemplo, la moderación del gasto público, la alineación entre salarios y productividad y entre precios internos y externos y una adecuada política de subsidios tanto para el sector exportador como para la implementación de determinadas políticas sociales.
En este escenario, es necesario un fuerte realismo en la reconversión de algunos sectores no competitivos; y, fundamentalmente, una reducción de la intervención del Gobierno en la regulación de las actividades económicas ya que, el verdadero problema del Estado sigue siendo su ineficiencia, la predominancia de intereses corporativos y un fracaso categórico en los resultados de sus políticas en materia de educación, seguridad y salud, a pesar de los importantes recursos legales y financieros de que dispone.
LA DISTRIBUCIÓN. Por tales motivos, para alcanzar un aceptable índice de distribución de la riqueza, además del crecimiento y de la estabilidad macroeconómica, es necesario que el Gobierno asigne con más racionalidad sus recursos y se concentre en aumentar su eficiencia. Pero lamentablemente, continúa apoyando con costos fiscales a sectores inviables, algunos "con problemas transitorios de competitividad" y a empresas a las que se les salva de la quiebra con recursos de todos los uruguayos. Por si esto fuera poco, los monopolios estatales siguen transfiriendo a la población altísimos costos en la producción de bienes y servicios esenciales que, por otra parte, sufren un marcado atraso tecnológico.
Como consecuencia de ello, los resultados se desvían notoriamente de los objetivos buscados: las empresas quiebran a pesar de las ayudas que reciben, algunos sectores no despegan porque ya no hay demanda para sus productos, y porque muchos de los beneficios fiscales favorecen en forma innecesaria a corporaciones transnacionales.
Solo la disponibilidad de recursos detraídos del contribuyente explica la coexistencia de uno de los niveles de desempleo más bajos de la historia y de un espiral ascendente de los montos asignados al seguro de paro.
En definitiva, la distribución del ingreso que debe ser la prioridad de todo gobierno en tiempos de crecimiento económico, depende de la productividad de toda su economía y de la competitividad a nivel externo, que solo se podrá concretar si existe la debida adaptación de la evolución del aparato productivo a la demanda interna y externa.
El Gobierno y su fuerza política tienen claro este desafío como también que su división interna de naturaleza ideológica aumenta la incertidumbre de los actores económicos y afecta su credibilidad al poner en riesgo permanente la seguridad jurídica de quienes asumen riesgos invirtiendo en el país. Cuando el agua baje (aunque ojalá se mantenga a este nivel) las rocas que van a aflorar podrán ser de una dimensión impensada.