IRPF, recaudación y cambios

Días atrás, el ministro de Economía anunció cambios en el IRPF en el sentido de aumentar el mínimo no imponible (MNI) y la incorporación de algunas deducciones. En principio, el MNI se incrementaría en una BCP, $ 2.226 a valores actuales, en una cadencia de 3 años comenzando a partir del 2012, en tanto se permitiría a los dueños de vivienda deducir los impuestos que sobre ella abonan, al tiempo que aquellos que pagan una cuota para adquirir vivienda también podrían deducir el importe de la misma, ¿o los intereses? Confieso que no llegué a entender cabalmente el alcance de ambos anuncios los que, por lo descrito en la prensa, si bien van en el sentido correcto, a mi entender, no tienen la necesaria precisión a la vez que, como veremos, si el alcance es el que intuyo, constituyen un mero "saludo a la bandera". Quizás el Ministro, presionado por su interna, debió realizar anuncios de cambios tributarios y, como forma de no comprometerse demasiado, los formuló vagamente a propósito.

CAMBIOS. Si el mínimo de IRPF sube una BPC sin que el resto de las franjas se muevan en consonancia, su resultado es muy poco relevante. Esto mismo expresé cuando en septiembre de 2008 este mínimo se subió de 5 a 7 BPC, sin alterar el resto de la escala y la ley permitió que el núcleo familiar optara tributar como tal. En aquella ocasión dije que ambos cambios eran "decorativos", meramente para el discurso, pero carecían de significado financiero. Las cifras avalaron de manera contundente dicha evaluación. Así fue que la opción por núcleo familiar no la ejerce casi nadie y la recaudación del tributo casi no se enteró del cambio. El punto central es que, en los hechos, cambios como este tienen como único efecto prácticamente eliminar la primera franja del impuesto, por lo que el tributo comienza con una tasa marginal del 15%, donde se inicia la recaudación de verdad. Un verdadero cambio con impacto real sobre los bolsillos de la gente sería volver al esquema inicial, lo mundialmente usual para este impuesto, donde las franjas se establecen en múltiplos del MNI. Vale la pena recordar que el actual MNI en Uruguay es aproximadamente la mitad que los de Argentina y Chile y grava los salarios desde niveles muy bajos, que nuestra tasa de partida es muy alta y superior a la de estos países y que las primeras franjas están "muy apretadas" una con otra. Lo anterior lleva a que una persona con un ingreso nominal de $ 40.000 al mes pague un IRPF diez veces superior al que abonaría en Chile y cinco veces mayor a si pagara en Argentina (comparables regionales en ingreso per cápita).

Respecto al aumento de deducciones, mis dudas son mayores, pero aquí la carencia de información es total por lo que obviaré comentarios.

El Ministro también anunció cambios en materia de IVA, de los que debemos esperar su instrumentación pero que, también según trascendidos de prensa, quien escribe habría, al menos parcialmente, acertado en cómo terminaría la historia de los mal llamados "impuestos personalizados" (1). En dicha columna adelanté que sería con un aumento en el importe que se le transfiere por mes a los beneficiarios del Mides como compensación teórica por el 100% del IVA de sus compras, es decir un aumento de la transferencia monetaria, independientemente del consumo real. Era lo lógico por simplicidad. Ahora como esto es "poco" dinero, apenas unos US$ 12,5 millones al año, al parecer también se aumentarían algunas asignaciones familiares. Con respecto a la política de transferencias monetarias, la preferida del gobierno, ya expresé mi opinión en la citada columna.

RECAUDACIÓN. Si hablamos de cambios, viene al caso evaluar lo actual. La recaudación del IRPF acumuló en el último año US$ 970 millones y la del IASS US$ 133 millones, en total 1.103: de dólares. Como las cifras en dólares son muy engañosas en función de la inflación doméstica combinada con la revaluación del peso y el aumento del PIB, entiendo pertinente analizar los montos recaudados en relación a aquél y compararlos con los oportunamente anunciados por las autoridades.

En ocasión de la discusión del proyecto de ajuste fiscal, detallé en esta columna mis estimaciones, conjuntamente con la totalidad de la reforma. Allí estimé que por IRPF sobre salarios y honorarios se recaudaría 1,9% del PIB, sobre pasividades 0,4%, alquileres 0,1% y sobre el resto de rentas del capital 0,1%. Total 2,5% del PIB. No tenía estimación del IRNR aunque este, en gran medida por mayor alcance y menor tasa, vino a sustituir el ya existente IRIC instantáneo. Estas cifras arrojaban como resultado implícito que, aproximadamente, un 89% del total recaudado provenía de salarios y pasividades.

El gobierno proyectaba una recaudación que no llegaba al 2% (1,92) del PIB en total, (sin incluir las rentas de no residentes) y, en su distribución interna, con más recaudación por rentas del capital y menos del trabajo a las que estimé.

Luego, declaración de inconstitucionalidad de la SCJ mediante y en un hecho inédito e insólito, se elimina el IRPF sobre las jubilaciones y se crea el IASS, menos gravoso. Digo inédito e insólito porque el mismo impuesto derogado se lo crea con otro nombre y a aquellos que no querellaron no se les reintegró lo indebidamente cobrado según el fallo judicial. Es cierto que la declaración de inconstitucionalidad es para cada caso en particular y no obliga en términos generales, pero el estilo uruguayo de hacer las cosas ante fallos de esta naturaleza siempre fue, y por lo menos recuerdo dos antecedentes, emitir una ley de aplicación general que iguale el tratamiento a todos los habitantes. Según las autoridades, este cambio y el aumento de 5 a 7 BPC en el MNI reducía la recaudación en 0,5% del PIB, algo así como 0,22% sobre pasividades y 0,28% sobre salarios. Según mis cálculos 0,3% en total.

Las últimas cifras conocidas nos dicen que el IRPF total recauda 2,7% del PIB, al cual habría que adicionar un importe desconocido, pero seguramente menor, por aquellos que ejercen la opción de tributar por IRAE en lugar del citado impuesto. De ese 2,7%, 0,3% se recauda sobre pasividades, 1,85% sobre salarios y honorarios, 0,25% sobre rentas del capital (alquileres e intereses) y 0,2 sobre no residentes.

Si bien es cierto que desde su creación el impuesto fue alivianado y los límites de las escalas han evolucionado por debajo de los aumentos de salarios lo que implica una suba de impuestos implícita, hoy la recaudación de este impuesto es, como mínimo (recordemos la opción a tributar por IRAE), 0,7% más del PIB que la originalmente estimada por el gobierno y bastante en línea con la presentada en esta columna, tanto en monto como en su distribución interna.

PRESIÓN E IMPLICANCIAS. Las cifras son más que elocuentes en todo sentido y, tal como se preveía, la mayor carga recae sobre quien trabaja. No es un tributo a los ricos, sino a la clase media trabajadora y los jubilados. A su vez, el impuesto sobre alquileres, como lo indica la teoría básica, terminó sobre los hombros de la clase más humilde, traslado de precios mediante.

Si excluimos el IRNR, tenemos que entre jubilados y trabajadores pagan el 89,5% del total de los US$ 1.103 millones (987: al año) y el resto básicamente es impuesto a los alquileres.

Mirada en perspectiva, la suma de recaudación del BPS, DGI y Aduana, depurada de duplicaciones, promediaba 22,3% del PIB en los 12 años previos a la introducción del IRPF y hoy llega al 24,2%, o sea 1,9 puntos adicionales. La diferencia de recaudación entre el IRPF (sin IRNR) y el IRP es de 1,6% del PIB. Por tanto, bien podemos decir que, como muchos sostenían, la introducción del IRPF fue un ajuste fiscal porque implicó recaudación adicional.

En consecuencia, en los hechos, el IRPF es un fenomenal impuesto a los salarios, su recaudación implica aproximadamente 6.7% de la masa salarial nominal (sin aportes patronales). Para tener una idea, el IRPF representa sobre los asalariados un IVA adicional del 15,2% (como si pagaran 37,2%), que recae sobre un grupo de ellos. Estos, seguramente, hayan visto más que duplicada su carga implícita.

El mundo nos regaló un período de bonanza inigualable, ideal para que la gente pueda hacer su vida y no deba estar pagando impuestos para llenar infamemente las oficinas de funcionarios públicos. Justamente es esta bonanza que disfrutamos la que disimula la enorme carga que todos estamos pagando, la mayor de nuestra historia, pero ese dinero es de los trabajadores y los jubilados a quienes se les está retaceando la capacidad de consumir, ahorrar e invertir. Sería bueno que los cambios finales sean profundos y reduzcan la presión tributaria.

(1) "Quien da limosna, no da futuro" Economía y Mercado 21/02/2011

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