Empresas públicas: luces y sombras

JAVIER DE HAEDO

Como todos los años, vale la pena echar un vistazo a los números de las principales empresas públicas, una vez disponibles esos números para el conjunto de 2010. Datos que son publicados por el MEF a precios corrientes y que a los efectos de facilitar su comprensión expreso en dólares, acumulando los datos mensuales una vez expresados en dólares al tipo de cambio promedio mensual respectivo.

Cifras que, por otra parte, integran los números fiscales difundidos todos los meses y lo hacen por varias vías: una, obvia, los pagos de impuestos que las empresas públicas realizan, como cualquier compañía; otra, en el caso de algunas empresas, los pagos de "dividendos" al Gobierno Central, que figuran como un egreso en las empresas y como un ingreso en el Gobierno; y otra, finalmente, que consiste en acumular el resultado financiero de las empresas, ya sea superavitario o deficitario, al del Gobierno, el BPS, las intendencias y los bancos Central y de Seguros del Estado.

En el cuadro que ilustra esta página se presentan, en millones de dólares, los principales rubros del "balance fiscal" de ANCAP, UTE, ANTEL y OSE. También se presentan, en la parte inferior del cuadro, indicadores elaborados a partir de esos números. Repasemos esas cifras yendo de menos a más en función del tamaño de cada una de ellas.

OSE. Con una facturación anual de US$ 326 millones, es la empresa con la mayor utilización relativa de mano de obra, la que insume, sin contar los aportes al BPS, un quinto de su recaudación. También es relativamente la que más invierte, por un 27% de sus ingresos. Los pagos de impuestos (a la DGI y al BPS) se llevan un cuarto de los ingresos de la empresa y su contribución a los números fiscales fue un poco inferior a esa magnitud pues su resultado financiero fue levemente negativo. De acuerdo con información de prensa, OSE sigue dejando de facturar una parte importante del agua que produce, debido a pérdidas en su red.

ANTEL. Su facturación en 2010 llegó a los US$ 922 millones y, como es habitual, una parte sustancial de ella contribuyó a las finanzas públicas directa o indirectamente: entre impuestos, dividendos y resultado final, esa contribución llegó al 51% de sus ingresos. No paga intereses por lo que tampoco tiene deudas, y paga todas las inversiones que realiza, que llegan al 12% de sus ingresos, con recaudación corriente. Los precios que la empresa cobra o se han mantenido estables por muchos años (en el caso de la telefonía básica) o han venido cayendo (en las áreas en las que compite con compañías privadas). Pero esa evolución de los precios ha sido más que compensada con el aumento del tránsito, del volumen de las comunicaciones realizadas.

UTE. Con una facturación de US$ 1.737 millones en el año pasado, esta empresa tuvo un ejercicio extraordinariamente positivo, tras varios años muy malos. Naturalmente, las lluvias en las cuencas de los ríos Negro y Uruguay fueron determinantes de la evolución de sus números. En tres de los últimos cinco años, UTE tuvo resultados en rojo: 33 millones de dólares en 2006, 352 millones en 2008 y 205 millones en 2009. En esos años se sumaron efectos negativos: menos generación por las represas, más uso de energía de origen térmico y más importaciones de electricidad desde la región. Además, con la mayor energía térmica siendo producida a partir del petróleo en niveles históricamente altísimos. El año pasado, las cosas cambiaron significativamente respecto a los dos ejercicios anteriores. El costo de la generación eléctrica se ubicó en poco más de US$ 400 millones, cuando en cada uno de los dos años anteriores se había ubicado en torno a los mil millones.

En 2010, la situación financiera permitió pagar inversiones por US$ 259 millones y generar resultados positivos por US$ 561 millones, adicionalmente a los pagos de impuestos a las agencias recaudadoras por US$ 348 millones. Las inversiones fueron particularmente elevadas el año pasado, si se considera que en el promedio de los cinco años anteriores se ubicaron en US$ 140 millones. Aquellos 561 millones incluyen dividendos transferidos al Gobierno Central y resultados financieros. En el caso de los dividendos, los hubo de dos tipos: primero, en mayo se retomó la versión de utilidades al Gobierno, por unos ocho millones mensuales, la que había sido interrumpida después de enero de 2008; segundo, hubo una transferencia especial, por US$ 150 millones para nutrir de los primeros recursos al Fondo de Estabilización Energética (FEE).

Está previsto que el FEE llegue a los US$ 400 millones, con el propósito de ser utilizado en tiempos de crisis en la generación de electricidad, para operar como un amortiguador fiscal, del mismo tipo del que muchos reclamamos se realice en el Gobierno para compensar la trayectoria del ciclo económico. En los recientes años de crisis, sin la existencia del FEE, en los hechos el amortiguador fue el endeudamiento de la empresa. Razonablemente, se optó por no transferir a precios el mayor costo de la generación de electricidad y se decidió aumentar su deuda, hasta llegar a US$ 726 millones al cierre de 2009, de acuerdo a declaraciones de sus autoridades a la prensa. Parte de esa deuda fue asumida con el Gobierno y con ANCAP que, de algún modo, aprovechó la holgura financiera que le generó el crédito venezolano para asistir a UTE. Al finalizar el año 2010, los excedentes financieros permitieron abatir la deuda en US$ 304 millones, por lo que quedó, de acuerdo a las mismas fuentes, en US$ 422 millones. Con semejantes cifras de endeudamiento, es razonable que la empresa haya pagado intereses por US$ 32 millones el año pasado.

ANCAP. Facturó por US$ 2.609 millones el año pasado, cifra que fue prácticamente destinada a compras de bienes y servicios (básicamente, petróleo y derivados) e impuestos, situación que ha sido característica de los últimos seis años. Si además se tienen en cuenta las remuneraciones, las inversiones (que subieron fuertemente en los últimos tres años) y la acumulación de stocks de petróleo (significativas en tres de los últimos cuatro años), parece evidente que la empresa ha de estar en números rojos permanentes. Efectivamente, en los últimos cinco años el resultado financiero de ANCAP fue negativo por un monto acumulado de US$ 440 millones.

Si se debe buscar la causa de semejante déficit acumulado, hay dos posibles, seguramente complementarias. Una, el fuerte aumento de las inversiones, que de US$ 6 millones anuales en el trienio 2005-2007, pasaron a US$ 122 millones en el trienio 2008-2010. Seguramente la primera cifra es subnormal, pero es igualmente cierto que la segunda es mayor a la habitual.

Otra, el atraso en los precios con relación a la evolución de los costos. También aquí vale el concepto aplicado a UTE en cuanto a que se ha utilizado a la deuda como elemento amortiguador del divorcio entre precios y costos. En este caso el crédito venezolano fue el medio para cumplir con ese propósito, el que según declaraciones a los medios de sus jerarcas se ubicaría en unos US$ 700 millones. Esto explica cómo se multiplicó por 12 en sólo tres años el monto de intereses pagados por ANCAP.

El camino a seguir en este caso, máxime en un contexto de elevada volatilidad del precio mundial del petróleo originado por las crisis políticas en países productores, debería ser reducir el IMESI a los combustibles de modo de mejorar las finanzas de la empresa sin tener que subir los precios al público. Sería, por otra parte, la forma práctica de terminar por un tiempo con la discusión absurda acerca de qué impuestos bajar.

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