Economía & mercado
El súper comité parlamentario de Estados Unidos para reducir el déficit fiscal fue un súper fracaso y debiéramos alegrarnos de ello. De todos modos, en algún punto tendremos que controlar los déficits fiscales. Y cuando lo hagamos, habrá que pensar en cosas como la siguiente: ¿qué tal hacer que el aumento de la recaudación sea parte importante del acuerdo correspondiente?
Y no quiero decir solo un regreso a los impuestos de los tiempos de Bill Clinton. ¿Por qué los impuestos de la década de 1990 tienen que ser considerados el límite superior de la recaudación? La perspectiva a largo plazo para el presupuesto se ha oscurecido, lo que significa que deben tomarse decisiones difíciles. ¿Por qué esas decisiones tienen que involucrar solo recortes de los gastos?
Quiero sugerir dos áreas en las que tendría mucho sentido elevar los impuestos, no solamente volverlos a los niveles anteriores a la administración de George W. Bush: impuestos a los ingresos muy altos e impuestos a las transacciones financieras. Sugerí que los muy ricos, que han tenido grandes aumentos de sus ingresos en los últimos 30 años, deberían pagar más impuestos. Recibí muchas respuestas de los lectores, siendo un denominador común que esto es tonto que, incluso, los impuestos confiscatorios sobre los ricos no podrían recaudar suficiente dinero como para que importe. Ustedes están viviendo en el pasado. Érase una vez que Estados Unidos era un país de clase media, en el que el ingreso de la súper elite no era algo importante.
El IRS (siglas en inglés del Servicio de Recaudación Interna) informa que en 2007, es decir, antes de la crisis, el 0,1% de ingresos más altos -gente con ingresos anuales superiores a los US$ 2 millones- recibían anualmente más de un billón. Un informe del Centro de Política Impositiva señala que antes de 1980 los individuos de muy altos ingresos pagaban bastante más que la tasa superior del 35% de hoy. Según el análisis del centro, con esas tasas, se habrían recaudado US$ 78.000 millones de esos sectores en 2007, o sea más de medio punto porcentual del PIB. Extrapolé esa cifra usando proyecciones de la Oficina del Presupuesto del Congreso, y lo que me da para la próxima década es que gravar a la gente de altos ingresos podría reducir el déficit en más de un billón de dólares.
Es instructivo comparar ese estimado con el ahorro que generaría el tipo de propuestas que circulan en Washington. Considere las propuestas de elevar la edad para poder acceder a Medicare (servicios de salud pública) para los mayores a 67 años, lo que sería un golpe duro para millones de estadounidenses. ¿Cuánto se ahorraría con eso?
Nada, desde el punto de vista del país en su conjunto, ya que estaríamos obligando a los mayores a pagar seguros privados, que tienen un costo sustancialmente mayor. Se reduciría el gasto federal, pero no demasiado. La oficina del presupuesto estima que el gasto caería solo US$ 125.000 millones en diez años. E incluso, cuando ya estuviera completamente incorporado el aumento de la edad de acceso a Medicare, este desmantelamiento parcial reduciría el déficit solamente en un tercio de lo que lo reduciría elevar los impuestos a los más ricos.
Luego está la idea de gravar las transacciones financieras, que han crecido en las últimas décadas. El valor económico de estas operaciones, en el mejor de los casos, es dudoso. Hay considerables evidencias que sugieren que hay demasiadas operaciones financieras. Aun así, nadie propone un impuesto punitivo. Sobre la mesa hay propuestas como una que efectuó el senador Tom Harkin y el representante Peter De Fazio para que se cobre un reducido arancel a las transacciones financieras.
La cosa es que, dado que hay tantas transacciones, tal arancel podría rendir varios cientos de miles de millones de dólares en recaudación en los próximos diez años. Esto también permitiría mayores ingresos que los ahorros que se producirían con muchos recortes duros del gasto que se están proponiendo en nombre de la responsabilidad fiscal.
Pero tal impuesto, ¿no afectaría negativamente el crecimiento económico? Como dije, las evidencias sugieren que no; en todo caso, sugiere que gravar las transacciones financieras reduciría la especulación, lo que es algo bueno.
Y es instructivo también advertir que algunas economías ya tienen impuestos a las transacciones financieras y que entre ellas se cuentan Hong Kong y Singapur. Si algún conservador comienza a sostener que tales impuestos son una intromisión inaceptable del Estado, podría preguntarle por qué tales impuestos son aplicados por los dos países que tienen el mayor puntaje en el índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage.
Ahora bien, las ideas impositivas que acabo de mencionar no bastarían por sí solas para resolver el problema del déficit. Pero lo mismo vale para los recortes del gasto. Lo que quiero decir no es que los impuestos son todo lo que necesitamos, sino que podrían y deberían ser una parte significativa de la solución. THE NEW YORK TIMES
US$ 1 BILLÓN
Podría bajar el déficit en diez años si subieran los impuestos a los más ricos