Demografía, mercado laboral y PIB

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Una de las características del reciente período de crecimiento económico de Brasil que más ha sorprendido a los economistas, es el comportamiento favorable del mercado laboral, en el que se destacan dos aspectos en particular: la tendencia a la caída de la tasa de desempleo y el aumento de la formalización de las relaciones laborales. El primer aspecto será objeto del presente artículo.

La tasa de desempleo, que llegó al 13% de la fuerza laboral en el segundo semestre de 2003, comenzó a declinar a partir de ese momento habiendo alcanzado su mínimo, en términos desestacionalizados, en diciembre de 2011, con una tasa de 5,5%. Aunque las actuales series relativas al mercado laboral elaboradas por el IBGE en base mensual sean relativamente cortas, ya que comenzaron recién en 2002, hay evidencias de que el padrón actual repite las bajas tasas de desempleo observadas en los años setenta y mediados de los ochenta.

La tendencia a la reducción de las tasas de desempleo no varió mucho, ni siquiera ante la eclosión de la crisis internacional de 2008. La tasa media de desempleo con ajuste estacional pasó del 7,7% al 9,4% entre el tercer trimestre de 2008 y el primero de 2009 -reflejando una caída acumulada del PIB de casi seis puntos porcentuales en el período-, pero volvió a declinar a partir de entonces y alcanzar los niveles mínimos a fines de 2011. En la comparación de las medias de los dos años, el movimiento es prácticamente imperceptible: el desempleo pasó del 7,9% en 2008 al 8,1% en 2009.

La reducción de la tasa de desempleo ha sido fruto de dos fuerzas: el aumento de la ocupación y el crecimiento más lento de la fuerza laboral. La ocupación acompañó la evolución del ciclo económico, creciendo a tasas elevadas en períodos de recuperación y más lentamente en los de crecimiento más bajo de la actividad económica: a partir de 2005, la media creció a una tasa del 2,4% anual, para una expansión media del PIB de 4,3% en el mismo período.

El crecimiento de la fuerza laboral también oscila con el ciclo económico, debido a las fluctuaciones de la llamada tasa de actividad, pero la media del 1,6% anual de aumento de la población económicamente activa (PEA) desde 2005 es muy inferior a la expansión de la ocupación, de ahí la caída del desempleo. Por detrás de esa tasa de crecimiento relativamente baja para la fuerza laboral se encuentran dos factores: el primero se refiere a la dinámica demográfica por la que la tasa de crecimiento de la población en edad activa (PIA, por su sigla en portugués, que tiene en cuenta a personas de 10 años de edad o más) disminuyó en el período del 2% anual al 1,2% anual. El segundo se refiere a la efectiva participación de esa población en el mercado laboral, lo que constituye la PEA: la relación entre PEA y PIA -la llamada tasa de actividad- se mantuvo sorprendentemente estable ante las oscilaciones del mercado laboral, en torno al 57% de la PIA. En el pasado, la tasa de actividad tendía a oscilar en forma cíclica, cayendo cuando la tasa de desempleo aumentaba debido al efecto de desaliento por el cual las personas dejan de buscar trabajo cuando el desempleo es muy alto, y aumentando cuando las condiciones del mercado laboral mejoraban. No obstante, esos movimientos fueron mucho más suaves en la última recesión entre fines de 2008 y principios de 2009 de lo que lo habían sido, por ejemplo, en 2004-05.

En términos de tendencias, es de esperar que la tasa de actividad se mantenga estable en el futuro por la combinación de dos efectos que actúan en direcciones opuestas. En el sentido de reducir la tasa de participación, está el aplazamiento de la entrada de los jóvenes en el mercado laboral, en la medida en que las condiciones económicas y los programas de transferencias de ingresos permitan que se extienda su permanencia en la escuela; en el sentido de aumentar la tasa de participación, se observa el aplazamiento de la salida de los más viejos del mercado laboral, atraídos por las condiciones más favorables desde el punto de vista de la remuneración del trabajo. Como efecto indirecto de ese proceso, la tasa media de desempleo disminuye, ya que es mucho más elevada entre los jóvenes que entre los mayores.

Por consiguiente, en un futuro próximo, la dinámica del mercado laboral estará estrechamente asociada a la dinámica demográfica -lo que significa que el crecimiento de la población en edad activa continuará reduciéndose-, de acuerdo con las proyecciones de desaceleración de la tasa de crecimiento poblacional. Eso plantea cuestiones críticas para las perspectivas de crecimiento futuro de la economía brasileña. En todo el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, la dinámica demográfica jugó a favor del crecimiento haciendo que, hasta hace poco, la fuerza laboral creciera a tasas elevadas debido a las altas tasas de crecimiento de la población, contribuyendo así al crecimiento del producto. En el momento en que las tasas de crecimiento de la fuerza laboral convergen hacia las tasas de crecimiento poblacional, actualmente en torno al 1% anual, pero en una trayectoria en caída, la expansión del producto dependerá cada vez más del aumento de la masa de capital por trabajador, es decir, de la inversión en capital fijo y humano y de la mejoría de la eficiencia de la economía.

La dinámica del crecimiento se ve también afectada por el movimiento más reciente de cambios en la composición del empleo: desde el punto de vista sectorial, ganó espacio la ocupación en actividades de servicios, en detrimento de las actividades industriales, cuya participación en el total se redujo del 17,7% al 16,4% (como los datos se refieren solamente a las regiones metropolitanas no se computó la ocupación en actividades agropecuarias). La pérdida de importancia de la industria, si bien en línea con la trayectoria esperada de crecimiento a largo plazo, parece exagerada para un país que todavía puede ser clasificado como de renta media (renta per cápita del orden de US$ 11 mil anules, según el criterio de la paridad de poder de compra). Parece reflejar también las dificultades enfrentadas por el sector industrial debido a la baja competitividad de la producción interna.

El aumento del peso del sector servicios en el total de las personas ocupadas es preocupante, en la medida en que la productividad del trabajo en las actividades de servicios tiende a ser menor que la de las actividades industriales. Además, la productividad del trabajo en el sector servicios parece estar más estrechamente asociada a la escolaridad media de la fuerza laboral que a la productividad en la industria. Eso significa que, para mantener la economía creciendo al ritmo actual, será necesario acelerar el proceso de inclusión escolar -prácticamente universalizado en la enseñanza básica, pero con una tasa de matrícula neta todavía en el 82% en la secundaria- y, sobre todo, mejorar la calidad de la enseñanza.

Ante esa perspectiva de mantenimiento de tasas de desempleo bastante bajas, las presiones salariales en el mercado laboral tienden a mantenerse fuertes. En 2011, el rendimiento medio del trabajo creció 2,7%, menos que en años anteriores (3,2% anual, como media, entre 2005 y 2010), en parte por efecto de la desaceleración de la inflación a lo largo del año. Aún así, ese crecimiento permaneció probablemente por encima del aumento de la productividad. Por otra parte, la masa de rendimientos laborales creció en casi 5% en 2011, alimentando la demanda interna pero sin generar estímulos suficientes para el aumento de la producción. Como resultado, las presiones sobre las importaciones se acumulan, aunque su impacto sobre la balanza comercial está amortiguado por los mejores precios de las exportaciones brasileñas. En este momento, en el sector servicios, donde no existe la alternativa de importaciones, las presiones inflacionarias son fuertes, resultado de la combinación de un mercado laboral reducido, aumentos reales del salario mínimo y demanda recalentada.

La nueva dinámica demográfica abre oportunidades y desafíos para la economía brasileña. Todavía quedan por enfrentar cuestiones estructurales, como la de la Previsión Social, asociada al envejecimiento de la población. Además de eso, con el crecimiento más lento de la fuerza laboral, es necesario concentrarse cada vez más en la productividad para mantener el crecimiento a largo plazo.

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